¿Por qué el Este no es igual a Crimea?

Pese a la revuelta separatista pro rusa en la próspera región ucraniana del Donetsk, una parte importante de su población siente que su destino está vinculado a Ucrania, que enfrenta una nueva ...

Kiev

Las tensiones en Ucrania se aceleraron a mediados de abril con la ocupación de las fuerzas pro rusas de diversos edificios públicos de las grandes ciudades del Este, en demanda de referendos de autodeterminación y contra el reconocimiento de las autoridades del gobierno central en Kiev.

Después de la península de Crimea, que se adhirió a Rusia tras un referendo el 16 de marzo, Ucrania enfrenta una nueva amenaza de desintegración. El gobierno provisional de Kiev se dice resuelto a no sufrir una nueva afrenta, tanto o más que el Este tiene un peso económico y demográfico más importante que Crimea. Pero en el terreno, los soldados ucranianos se muestran discretos, en medio de la "operación antiterrorista" anunciada por las autoridades.

Contrario a los crimeos, incorporados a Ucrania recién en 1954, los habitantes de las regiones del Este tienen una historia común con Kiev, mucho más antigua, aun cuando los territorios ucranianos hayan conocido movimientos fronterizos incesantes desde el siglo X.

Si bien las regiones al este del río Dniéper (que atraviesa Rusia central, Bielorrusia y Ucrania y desemboca en el mar Negro) fueron plenamente integradas al Imperio ruso a fines del siglo XVII, y el oeste de Ucrania fue parte de Polonia, una Ucrania independiente, que unía el Este y el Oeste, vio brevemente la luz en 1918, antes de integrarse en 1922 a la Unión Soviética (URSS) por casi siete décadas, hasta 1991. La agitada historia de Ucrania, sus cambiantes fronteras, su memoria dividida entre el Este y el Oeste y su población multiétnica, explica la adhesión cultural y lingüística de las poblaciones orientales a Rusia. Pese a todo, en Járkov, Donetsk o Dnipropetrovsk, numerosos habitantes se sienten "ucranianos", incluso si el nacionalismo es claramente más discreto que en el oeste del país.

"En razón de la diversidad étnica, cultural y lingüística del país, hay diversas maneras de ser ucraniano", explica la politóloga Yulia Shukan, conferencista en la Universidad de París. "Existe la tendencia a presentar de manera esquemática el Donbas (zona geográfica que agrupa las regiones de Donetsk y Lugansk) como un territorio exclusivamente rusófono. Pero las poblaciones rurales en ese territorio minero hablan mayoritariamente ucraniano. Además de los rusos y ucranianos, ahí viven igualmente poblaciones armenias, georgianas e incluso griegas".

En el plano político, la fractura entre el Centro-Oeste y el Sur del país es en cambio muy clara y se acentuó en los últimos años. "Desde la independencia de Ucrania en 1991, los escrutinios presidenciales se traducen en un apoyo a los candidatos 'pro europeos' en el Centro-Oeste y a los candidatos considerados cercanos a Rusia en el Sudeste", agrega Shukan, "diferente a Crimea, donde el movimiento secesionista era fuerte desde el inicio de 1990".

La situación cambia con la Revolución Naranja, en el invierno de 2004-2005, que marca la voluntad de una parte de la élite política ucraniana de acercarse a Europa. La cuestión del futuro del país divide a los habitantes del Este y el Oeste: para los ucranianos del Este, Moscú es percibido como el garante de la estabilidad, mientras que en el Oeste, Rusia es vista como la antigua fuerza imperialista que intenta maniobrar y dirigir a los políticos de Kiev. Las élites políticas se aprovechan entonces de esa brecha para exacerbar las diferencias entre el Este y el Oeste y las corrientes nacionalistas como Svoboda se implantan en las regiones occidentales, mientras que el Partido de las Regiones de Víktor Yanukóvich hace de Donetsk la segunda ciudad del país, su feudo principal.

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