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Jueves , 16.08.2018 / 00:23 Hoy

“Hoy nadie tose en La Habana sin que se sepa”

Por primera vez en 88 años un mandatario de Estados Unidos visita La Habana, pero no en un barco de guerra, sino a bordo del avión presidencial para pasearse y dejarse tocar...

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Esperaron tanto tiempo. No eran las cuatro, cinco o seis horas de aguardar en la plaza de la Catedral, en los arcos coloniales de ese enorme espacio Patrimonio de la Humanidad que es La Habana Vieja. Era algo más. Y es que fueron tan solo unos segundos de gozo, tres cuatro apretones de mano a una cuarteta de afortunados, efímeras ráfagas de los obturadores, enloquecidos clicks de los teléfonos móviles que apenas consiguieron malísimas tomas fuera de foco. Maldita lluvia, aborrecibles paraguas que impedían observar el andar y el rostro del hombre del Air Force One oculto en medio de una marabunta de agentes de seguridad.

No era la frustración por las horas de aguardar. Era algo más...

***

Perros cubanos pastor alemán iban y venían olisqueando todo en las calles de La Habana Vieja. Buscaban armas, explosivos, donde sus amos, policías locales, les indicaban. El Malecón había quedado aislado desde las cuatro de la tarde. La hermosa Quinta Avenida también. La mayoría de los cubanos hacia su vida normal, dominguera, pero no por donde pasarían autobuses y más autobuses con agentes de seguridad cubanos. Miembros del Servicio Secreto de EU quisieron ser discretos y hasta invisibles desde la noche previa, pero les resultaba imposible esfumar su apariencia fornida y su cabello corto por más que procuraran no hablar para que nadie escuchara su inglés. Hasta que de pronto aparecieron caminando por ahí al lado de la Catedral cuatro de ellos vestidos de civil, francotiradores cargando a las espaldas sus fusiles en largas maletas tipo excursionistas. Snipers como de película. Nada había sido dejado al azar. Ni techos y balcones de los edificios aledaños, ni el campanario de la hermosa iglesia.

—Hoy nadie tose en La Habana sin que se sepa... —ironizaba muerto de risa un taxista por la mañana, cuando trasladaba a periodistas extranjeros hacia La Habana Vieja.

Por la tarde, antes de que arribara el hombre de Washington a la isla, todavía algunos turistas que esperaban el momento culminante se daban tiempo de bailar cogidos de la mano con torpes movimientos que pretendían ser tropicales. Los cubanos nomás mirando el ridículo que todos haremos si pretendemos bailar frente a los isleños.

No había euforia aquí, no había banderas estadunidenses por todos lados, solo en un edificio, el del restaurante La Moneda Cubana, a unos pasos de Catedral, donde ondeaban juntos los lábaros de EU y Cuba. Y ahí, justo por donde caminaría un distinguido afroamericano, a la puerta del negocio, una foto de ambos líderes y un gran cartel: "Bienvenido", con los rostros de Raúl Castro y Barak Obama.

Barack Obama. Pero no eran las horas de espera para que cientos de personas se extendieran en busca de su rostro y, sobre todo, de sus manos que solo cuatro afortunados lograron tocar cuando el hombre se acercó a una valla de metal por donde se estiraban brazos que no se inmutaban por mojarse bajo la lluvia. No eran las horas de espera de este día. Era algo más...

***

Era el 16 de enero de 1928, hace 88 años, cuando un presidente de EU visitó por última vez este lugar. Calvin Coolidge fue ese presidente que viajó desde Key West, Florida, en... un barco de guerra. Así que hoy fue la primera vez en la historia que el Air Force One aterriza en territorio cubano, y que del avión presidencial desciende un mandatario estadunidense: Barak Obama. También es la primera vez que La Bestia, el coche presidencial yanqui, como le dicen aquí, toca suelo cubano.

—Mira tú, estará blindada y será tremendo vehículo pero si choca con mi Chevrolet 56 lo hago polvo... —decía un vacilador cubano que presumía su reluciente carcacha recién pintada y cromada que sí, potente armatoste, podía pasar por un tanque de la guerra fría.

La guerra fría. Fue en enero de 1961 cuando Estados Unidos y Cuba rompieron relaciones. Y fue apenas el año pasado cuando se reanudaron esos tratos, después de 54 años de conflictos surgidos después del triunfo de la Revolución cubana. Y ahora, hoy, quién lo hubiera imaginado hace dos años, un presidente de Estados Unidos caminaba por La Habana Vieja.

Y eso era: no las horas, sino los 88 años que esperaron los cubanos para ver de cerca a un presidente estadunidense. Y nada, como no fuera por televisión, los de a pie, los de la Catedral, apenas lo atisbaron menos de un minuto. Eso: 88 años para unos segundos. Pero bueno, como decía un viejo mesero habanero a otro más joven.

—Chico, si nos queríamos matar durante 54 años, que tú quieres, ¿que nos paráramos a besar frente a todos el primer día?

El hombre del Air Force One y de La Bestia ya está aquí. Quién hubiera pensado ver esta parte de la historia. Decía Fidel Castro hace años que haría falta un papa latinoamericano y un presidente gringo negro. Pues eso fue, lo inverosímil todavía diez años atrás...

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