La hora de la verdad para Michelle Bachelet

Millones de chilenos saldrán hoy a las urnas para elegir a su nuevo mandatario, en una jornada donde la ex presidenta se presenta como una amplia favorita.
La candidata socialista busca el triunfo en la primera vuelta electoral.
La candidata socialista busca el triunfo en la primera vuelta electoral.

Santiago

A unas horas de las elecciones presidenciales, en Santiago no se habla de otra cosa que de futbol. Un día antes, Alexis Sánchez anotaba los dos goles con los que la selección chilena venció a Inglaterra en un partido amistoso. No es el mejor de los preámbulos de la que quizá sea la jornada de votación más importante en este país desde el retorno de la democracia, en 1989.

El desapego se explica porque desde hace meses permea una idea entre los ciudadanos, los analistas y los propios políticos: el triunfo de la candidata de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet, está cantado. Haber conseguido más de millón y medio de los tres millones de votos que se contabilizaron en las primarias del 30 de junio, consolidó la idea: ver a Bachelet por segunda vez en el palacio presidencial de La Moneda era cuestión de tiempo.

Hoy la única incógnita es si su triunfo será por un margen aplastante o si la contienda se extenderá hasta el 15 de diciembre, cuando se enfrente o bien a Evelyn Matthei, la abanderada de la Alianza, o a alguno de los candidatos que se disputan el tercer sitio: el progresista Marco Enríquez-Ominami o el empresario independiente Franco Parisi.

Los otros cinco aspirantes no conforman juntos ni 10 por ciento de las preferencias.

Dado que la ley electoral se modificó en 2010 y ahora el voto es voluntario, no existe una cifra precisa de cuántas personas votarían. El Servicio Electoral asegura que 13 millones de chilenos están habilitados y estima que unos nueve millones pueden salir a emitir su voto. El presidente Sebastián Piñera piensa que podrían ser siete millones. En las primarias votaron tres millones.

Además se han desterrado las encuestas como un indicador del comportamiento del electorado. El último sondeo, del prestigioso Centro de Estudios Públicos (CEP, 29 de octubre), dio como ganadora a Bachelet, con 47 por ciento de las preferencias, por 14 por ciento que votaría por Matthei. El CEP descarta una segunda vuelta.

Los bajos números de la derecha se explican porque tuvo que ocuparse, en los últimos meses, en resolver el propio calvario de las diferencias entre Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI), ambas alejadas de Piñera.

El primer candidato, Laurence Golborne, fue apartado antes de la contienda por un escándalo financiero. La derecha fue a las primarias con dos contendientes: Andrés Allamand (RN) y Pablo Longueira (UDI).

Pero a mediados de julio el propio Longueira se hizo a un lado con el argumento de una fuerte depresión. Ante ello y ante el propio desmarque de Allamand —“por dignidad”, dijo entonces—, Matthei tomó una contienda disipada.

El Congreso en la mira

El otro aspecto esencial para Bachelet está en la conformación del Congreso. Con los días convulsos de las marchas estudiantiles de 2011 en la memoria, los antiguos líderes estudiantiles Camila Vallejo y Giorgio Jackson ahora disputan un sitio en el Legislativo.

Pero este es el aspecto más anecdótico del verdadero interés de la ex presidenta: conformar un parlamento a modo para que todas las reformas prometidas puedan pasar o, al menos, ser discutidas.

Bachelet ha dicho públicamente que “solo va a gobernar con quien esté a la altura”, pero ha sido criticada por el hecho de expresar su apoyo a figuras de la vieja guardia o bien por haber tenido que intervenir en la polémica entre los partidos de la Nueva Mayoría para hacer primarias parlamentarias y lograr la conformación de sus listas al Congreso.

Según analistas, no hay manera de que la también ex directora de ONU Mujeres saque adelante sus promesas de educación gratuita y de calidad, reforma tributaria, igualdad y una nueva Constitución sin el apoyo de un Congreso en el que no tenga una mayoría de facto. Consciente de ello, en su último acto de campaña se curó en salud ante 20 mil personas: “Algunos cambios podremos completarlos; otros alcanzaremos a ponerlos en marcha. Ustedes me conocen, yo no hago promesa solo tomo compromisos. Pero ésta no es la tarea de una presidenta sola, necesita de mejores personas conscientes de su responsabilidad”.