El hijo de un terrorista, dispuesto a lograr la paz

El activista narra las dificultades de ser el vástago estadunidense del jefe de una célula ligada a Bin Laden que organizaba atentados en Nueva York.
Ebrahim dijo que a los siete años disparó su primer arma.
Ebrahim dijo que a los siete años disparó su primer arma. (Andrés Lobato)

Puebla

Más de 3 millones de personas han oído el testimonio Zak Ebrahim, el hijo de El-Sayed Nosair. Su padre era jefe de una célula terrorista neoyorquina ligada a Osama Bin Laden, asesino del rabino Meir Kahane y autor intelectual de un atentado contra el World Trade Center en 1993.

Ebrahim, a diferencia de su papá, afirmó que “ni la raza ni la religión ni la orientación sexual de una persona tienen que ver con la formación del carácter... aun cuando yo fui sometido a esa ideología violenta e intolerante, no me volví fanático. ¡No importa que camino se nos ponga, uno puede elegir la paz!”, aseguró.

En la Ciudad de las Ideas, un evento que junta a mentes brillantes a escala global y que se realiza en Puebla por séptimo año consecutivo, el pacifista señaló que “en toda religión y población encontramos un porcentaje pequeño de personas que cree que debe utilizar cualquier medio necesario para hacer que otros vivan como ellos”.

Solo un niño

“La humanidad ha demostrado que está dispuesta a explotar cualquier cosa, incluso a los niños, a nombre de una ideología”, afirmó Ebrahim.

“El 5 de noviembre de 1990, cuando tenía siete años, mi papá asesinó a un hombre; era el rabino Meir Kahane. Meses antes me había llevado a un campo de tiro y ahí me enseñó a disparar, me dejó sostener el rife con mis dos manos y me explicó cómo debía atacar a un objetivo a 30 metros”, recordó.

El joven de 31 años detalló una escena familiar que lo marcó: “La última bala que disparé pegó en un foco que estaba encima del objetivo y estalló en llamas. Mi papá se volteó con los otros y dijo en árabe: ‘De tal palo, tal astilla’. A todos les dio mucha risa; yo, años más tarde, lo entendí: pensaron que había en mí la misma capacidad de destrucción que tenía mi padre”.

Ebrahim creció rodeado de terroristas. “Esos hombres, a los que yo llamaba tíos, cargaron una camioneta con mil 500 kilos de explosivos para hacer estallar un edificio y mataron a seis personas; esos son los hombres que yo tuve como modelo”, reconoció.

La otra Yihad

Durante la época de la guerra de Afganistán, el abuelo de Ebrahim fue de Egipto a Nueva York porque Nosair lo quiso convencer de que regresara a toda su familia a Medio Oriente para combatir en la guerra; en ese entonces Estados Unidos financiaba a los musulmanes, recordó el pacifista.

“La respuesta de mi abuelo fue: ‘Para nada, tu familia es tu responsabilidad; si quieres hacer yihad (guerra santa), quédate aquí y cuídalos’. Hasta señaló que en el Corán el profeta Mahoma se refirió a la yihad que excluye la violencia.

“Mi abuelo regresó a Egipto pensando que había ganado la discusión, pero mi padre no, él se quedó frustrado, no estaba dispuesto a encontrar una salida que no fuera de acuerdo con sus convicciones, por las que al final fue a la cárcel”, narró Ebrahim.

El pacifista afirmó que es muy raro cuando un estadunidense reconoce ser hijo del miembro principal de una célula terrorista de Bin Laden, y recordó que se tuvo que mudar más de 20 veces y cambiar su identidad.

“Me di cuenta desde muy niño de que debía tener mucho cuidado con quién compartía la historia de mi vida, porque las reacciones de la gente iban desde entrar en un estado de shock hasta atentar contra mi vida.

“Una vez recibí una herida en la mano tratando de quitarle un cuchillo a quien yo pensé que era mi amigo cuando se abalanzó sobre mí exclamando: ‘Le voy a hacer un servicio a este país si te mato’”, comentó el joven.

Al crecer con un papá fanático, dijo,  se le enseñó a juzgar a las personas sobre cuestiones arbitrarias, como su raza, religión o preferencia sexual.

Sin embargo, “uno de los puntos clave en mi vida fue cuando obtuve un trabajo en un parque de diversiones en Florida, donde quedé expuesto a muchas culturas y muchas personas; cambió la manera en que yo veía mi mundo, porque pude contrastar los estereotipos que me habían enseñado con experiencias de la vida real”, aseguró.

“Hoy sé que puedo usar mi historia para acabar con estereotipos negativos. Quedar expuesto al mundo real me mostró mis falacias morales y me di cuenta de que si yo puedo enseñarle a la gente eso y promover la paz, entonces cualquier persona puede hacerlo. Tenemos la oportunidad de cambiar nuestro camino”, concluyó.

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Inauguran festival de las ideas

Con el llamado a pensar para cambiar el mundo, el Festival de las Mentes Brillantes, La Ciudad de las Ideas 2014, comenzó en la ciudad de Puebla, donde más de 70 personajes expondrán sus reflexiones y buscarán romper los esquemas de más de 3 mil 500 asistentes y miles de seguidores por internet.

Al dar la bienvenida, el gobernador del estado de Puebla, Rafael Moreno Valle, explicó que el encuentro, que comenzó ayer y que concluirá el próximo sábado 8 de noviembre, es una muestra de un cambio de paradigmas.

El ejecutivo poblano dijo que es momento de abrir la mente para dar solución a viejos problemas con nuevas ideas.

Destacó que en Puebla se tiene la posibilidad de escuchar a grandes pensadores, quienes con sus ideas están cambiando al mundo e invitan a reflexionar sobre cada uno de los retos actuales.

Durante la ceremonia inaugural, Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, expresó que durante tres días Puebla se convertirá en la capital mundial de las ideas.

Jaime Zambrano/Puebla

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