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Domingo , 22.07.2018 / 10:02 Hoy

¿Hasta dónde va a seguir jugando Trump a provocar?

Fuertes críticas al magnate tras su insinuación de que quienes porten armas deben “frenar” a Hillary Clinton

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La Aldea

Estamos a tres meses de la elección presidencial (…) y los estadunidenses se encuentran preguntándose si Donald Trump llamó al asesinato de Hillary Clinton”. He aquí la dramática constatación del New York Times tras la última declaración del candidato republicano, acotada pero siempre ligeramente interpretable de muchas maneras.

Antes miles de personas durante un mitin en Carolina del Norte, el 9 de agosto, el magnate dijo que su rival “quería abolir la Segunda Enmienda” de la Constitución de EU, que autoriza la portación de armas. Si ella es elegida, justificó, se servirá de la Corte Suprema para lograrlo.

“Si ella tiene la posibilidad de elegir a sus jueces, no hay que ustedes puedan hacer, muchachos. Aunque, con la Segunda Enmienda, puede ser que..., yo no sé”.

Muchos, entre los responsables políticos del país, entendieron la frase alambicada como una incitación, o al menos una alusión, a matar a Hillary Clinton antes de que ella llegue al poder. La candidata no reaccionó a esta provocación, pero su director de campaña, Robby Mook, lamentó las palabras “peligrosas. Una persona que quiere ser presidente de Estados Unidos no debería nunca dejar entender que la violencia es una opción”.

Otros, habituados a la retórica cada vez más borderline de Trump, se abalanzaron para responderle. La senadora demócrata Elizabeth

Warren, en algún momentos considerada para ser candidata a la vicepresidencia, lanzó insultos igualmente fuertes: “Realmente Donald Trump lanza amenazas de muerte porque es un cobarde patético que no soporta perder contra una mujer”.

Como en cada derrape controlado de Trump, la clase política, y en especial los republicanos moderados, se desgañitaron contra una salida inaceptable. Y como en cada ocasión, el equipo de campaña republicano evitó ir al fondo, jurando que la frase había sido malinterpretada, que “eso más bien parecía un chascarrillo” y que la prensa no tenía definitivamente ningún sentido del humor.

Como es habitual, Donald Trump se fue a la Fox News para decir que toda esta polémica era, de nueva cuenta y “una vez más, culpa de los medios deshonestos” ante ideas mal planteadas.

Algunos medios tuvieron menos paciencia, incluso ninguna paciencia, ante la trayectoria política cada vez más inquietante del candidato republicano. Así, el periódico New York Daily News, que lo denigra de manera regular, piensa que “no se trata en absoluto de una broma”, y que Donald Trump “debe poner fin a su campaña”, ya que “comenzó a acariciar la idea de un derramamiento de sangre”.

Como sea, el análisis de un periodista del portal en línea Politico constata simplemente que la interpretación de las palabras es menos importante que sus posibles consecuencias, con un candidato a la presidencia que insiste en repetir que teme que la elección sea “trucada”, y en un país donde las armas pueden ser fácilmente accesibles y que conoce actualmente “un periodo prolongado de matanzas”.

Desde hace veinticuatro horas, las cadenas de información en EU siguen repitiendo la frase de Trump como para disecarlo. Un cintillo de la cadena CNN pregunta: “¿Llamó implícitamente Donald Trump al asesinato de Hillary Clinton?”

Trump está de nuevo en el centro el “ciclo de información”, y lo estará durante algunos días, por el solo hecho de esta polémica.

Sin embargo, la maquinaria política de Trump, que se alimenta desde hace un año y medio de sus controversias, parece encasquillada. Después de las convenciones de los dos partidos a finales de julio, los sondeos crecen a favor de Clinton, contenta de hacer campaña en medio de una relativa indiferencia mediática, mientras que su rival se dispara a los pies.

Más inquietante para el candidato republicano, su apoyo ante las mujeres conservadoras, un grupo electoral indispensable, ha comenzado a descender peligrosamente, mientras republicanos moderados firman cartas abiertas llamando a votar contra él. Y los sondeos en los estados clave, necesarios para ganar la Casa Blanca, como Pensilvania u Ohio, están tomando ya su distancia.

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