Guerra económica empuja hacia la desglobalización/ y II

Es posible que EU, la Unión Europea, China y Japón comiencen el año en mejores condiciones que el Estado ruso.
El presidente chino Xi Jinping.
El presidente chino Xi Jinping. (Reuters)

Londres

En tiempos como este, los economistas recurren a la teoría del juego, advirtiendo a los países antagónicos que, en un juego en el que todos intentan reducir algo, ya sea los precios o las divisas, no hay ganadores. Así que planteémoslo como si fuese un videojuego popular y no en el lenguaje austero de la teoría.

El Imperio A es un país rico, estancado y anticuado, que se paga a sí mismo altos beneficios sociales, pero con deudas de 250 por ciento de su producción anual: Japón.

El Imperio B es un país empobrecido y también anticuado, gobernado por una dictadura que ha logrado grandes porcentajes de crecimiento y modernización, pero que ahora avanza con lentitud: China.

El Imperio C está gobernado por un lunático. Ha invadido a un país vecino dos veces en 12 meses, tiene sus aviones sobrevolando a un enemigo histórico; su clase media está sobredimensionada, vive en un estado casi de pánico, mientras su moneda se hunde. Es más o menos totalmente dependiente del precio del crudo y de otros productos globales básicos. No necesito nombrar a este país.

Ahora veamos al Imperio D. Si hubiese jugado en un videojuego ambientado hace 800 años, se hubiese llamado el Santo Imperio Romano. Le ha preocupado su fragmentación, sus conflictos étnicos y religiosos, así como la fragilidad de sus sistemas de gobierno. Su economía está paralizada. Este Imperio es Europa.

Finalmente, el Imperio E. Ocurre que después de merodear por el mundo durante un siglo en busca de petróleo, de pronto se ha vuelto autosuficiente. Tiene un sistema de gobierno paralizado y una sociedad civil dividida, pero no sufre de nada que no puedan solucionar los brillantes espectáculos transmitidos en sus pantallas de plasma, junto con algunas pistolas paralizantes: Estados Unidos.

Ahora bien, siempre y cuando el juego sea de tipo colaborativo, cuatro de los cinco jugadores están en condiciones de aspirar a sus metas y con mutuo beneficio.

Japón puede disfrutar de un estancamiento feliz, mientras que China de un crecimiento sin control. A su vez, la Unión Europea puede pasar de una crisis y entrar a otra, y Estados Unidos puede dispararles a sus propios ciudadanos y atacar con drones a sus enemigos. Solamente Rusia está en problemas.

El problema real se suscita si la atmósfera del juego se vuelve demasiado competitiva, es decir, si los jugadores perciben que están peleado por recursos y crecimiento cada vez menores y que están inmersos en un juego en el que el egoísmo es la estrategia óptima.

Piense en ello de esta manera y la historia real de 2014 queda muy clara.

En 2014, la percepción de Rusia en su "juego" con Europa y Estados Unidos se volvió puramente combativa.

Con renuencia, estos dos jugadores recalibraron su postura mientras intentaban mantener las reglas globales de colaboración. Pero en el último trimestre del año, el juego entre China y Japón también cambió.

La Unión Europea no quiere competir con nadie y sus autoridades centrales están paralizadas en lo que más importa: la política monetaria. Es una entidad moldeada según las antiguas reglas de colaboración y no concibe operar sin ellas.

Si esto fuese un juego jugado en turnos anuales, probablemente el árbitro daría un tiempo de descanso en Navidad.

Y en esa pausa, sería sensato anunciar que hay señales claras de que el juego está a punto de invertirse y preguntarnos si estamos seguros de querer iniciar el año siguiente con la misma estrategia.