El gobierno sirio, resignado a la partición del país

Diplomáticos y analistas coinciden en que el presidente Bashar Asad prefiere asegurar las principales ciudades.
Un rebelde sirio combate cerca de Alepo a los soldados regulares.
Un rebelde sirio combate cerca de Alepo a los soldados regulares. (Katan/Reuters)

Beirut

Debilitado por cuatro años de guerra, el gobierno del presidente sirio Bashar Asad empieza a resignarse a una partición de hecho del país, limitando su poder sobre una "Siria útil", según personalidades cercanas al gobierno, diplomáticos y analistas.

Esta estrategia quedó ilustrada por la retirada el jueves del ejército sirio de la ciudad de Palmira (centro, a 210 km de la capital Damasco), tras la ofensiva lanzada por los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI).

"Es totalmente lógico que el ejército sirio se repliegue para proteger las grandes aglomeraciones donde vive gran parte de la población, parte de la cual ha huido de los yihadistas del EI o del Frente Al Nosra", rama siria de Al Qaeda, dice a la agencia AFP Wadah Abed Rabbo, director de Al Watan, diario afín el régimen de Asad.

"No le corresponde al ejército luchar solo contra el terrorismo. El mundo tiene que reflexionar si le conviene o no que se creen uno o dos Estados terroristas", añade, aludiendo a la proclamación por el EI de un "califato" a caballo entre Siria e Irak, y al deseo de Al Nosra de crear un "emirato islámico" al norte de Siria.

Desde el inicio de la revuelta contra Asad, en marzo de 2011, el país se ha reducido de manera incesante. Ahora el gobierno no controlaría más que 22 por ciento del territorio, según la asociación civil Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en Londres, aunque es ahí donde vive la mayoría de la población.

El geógrafo francés Fabrice Balanche estima que de 10 a 15% de la población vive en territorios controlados por el EI; 20 a 25% en los del Frente Al Nosra y sus aliados; 5 a 10% bajo autoridad de las milicias kurdas, y de 50 a 60% en regiones administradas por el gobierno.

"La división de Siria es inevitable. El régimen quiere controlar el litoral, las dos ciudades del centro del país, Hama y Homs, y la capital Damasco", afirma un político cercano al poder, que requiere el anonimato.

El norte, el este y el sur del país ya están en manos de los rebeldes y yihadistas. En todas partes, el ejército está a la defensiva, salvo en Qalamun, frontera con Líbano, pero aquí son los combatientes chiitas del Hizbolá libanés —aliados del presidente Asad— quienes están en primera línea.

Sin embargo, "los responsables sirios no están desesperados, ya que están convencidos de que (sus aliados) Irán y Rusia no los abandonarán", afirma un diplomático occidental.

Varios expertos opinan que el cambio de estrategia ha sido sugerido por el gobierno de Irán, que considera que más vale tener menos territorios pero controlarlos bien.

"Irán aconsejó claramente a las autoridades sirias que acepten la evidencia y cambien de estrategia, protegiendo solamente las zonas estratégicas", asegura Haytham Manna, un veterano de la oposición.

A su turno, Aram Nerguizian, experto en asuntos militares del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Estados Unidos, "el régimen de Asad ha aceptado la idea de asegurar y defender lo esencial con los 175 mil hombres de los que dispone, contando el ejército, el Hizbolá y los combatientes chiitas afganos".

"En todo caso, nada augura un próximo derrumbe del régimen, sobre todo si ha cambiado de estrategia", añade este experto.

A su vez, Thomas Pierret, experto en Siria, de la Universidad de Edimburgo, considera que militarmente el gobierno de Asad tiene tal vez los medios "para controlar durante bastante tiempo la mitad sudoeste del país, aunque si sigue sufriendo derrotas ello lo puede fragilizar desde el interior".

Según el OSDH, 68 mil soldados murieron desde el inicio del conflicto, que ha dejado unos 220 mil muertos en total.

En la opinión del geógrafo Fabrice Balanche, "el gobierno de Damasco continúa teniendo un ejército y el apoyo de una parte de la población. Ahora vamos hacia una partición informal (del país) con líneas de frente que todavía pueden moverse".