La gira asiática de Obama: las esperanzas perdidas

Al presidente de EU, la realidad le ha explotado en las manos; sus planes iniciales de terminar con las “guerras tontas” con Moscú y Pekín se han enfrentado al desafío abierto de Rusia y China por ...
Barack Obama estrecha las manos del rey malasio Abdul Halim.
Barack Obama estrecha las manos del rey malasio Abdul Halim. (Norrul Hamshinar Kamaruddin)

Londres

Durante décadas, el liderazgo estadunidense ha sido el eje alrededor del cual gira el mundo; y Washington ha fungido como el punto de referencia tanto para quienes apoyaron ese liderazgo, como para aquellos que lo disputaron.

Era un modelo con el que podían contar, trabajar y utilizar otros países; algo a lo que podían aspirar y oponerse, una parte inevitable y aparentemente permanente del panorama geopolítico. Pero la semana pasada, cuando el presidente Barack Obama comenzó su gira por Asia, pareció innegable que los planes y esperanzas que tenía cuando inició su mandato están terriblemente desordenados.

Obama quería terminar con las que llamaba las “guerras tontas” de la era Bush-Cheney a fin de que Estados Unidos pudiese reiniciar su relación con Rusia, interpretar un papel de equilibrio en Asia y cerrar la brecha que se había abierto entre su país y el mundo musulmán debido al conflicto con Irak. Ahora, esos días parecen muy distantes.

Poco después de que Obama asumiera la presidencia, en 2009, él y el entonces presidente ruso Dmitri Medvédev emitieron una declaración conjunta prometiendo un “nuevo inicio” en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos.

Luego, ese mismo año, se pronunció el famoso discurso de El Cairo, en el cual el líder estadunidense declaró “un nuevo inicio entre Estados Unidos y los musulmanes de todo el mundo”. Después, tuvo lugar la cálida adopción estadunidense de “un tipo nuevo de relaciones entre los países más importantes en el siglo XXI” ofrecido en 2012 por Xi Jinping, quien pronto sería el presidente chino.

Las “guerras tontas” tal vez hayan terminado, pero las guerras con drones, peligrosas de otra manera, han tomado su lugar. El antagonismo entre Estados Unidos y los musulmanes no ha aminorado, lo más probable es que haya empeorado.

La reacción del gobierno estadunidense a la primavera árabe y a su funesto resultado en Egipto y Siria ha sido tardía e inconsistente, mientras que el último esfuerzo para lograr un acuerdo entre Israel y los palestinos acaba de fracasar.

Sin embargo, la señal más obvia del desorden con el que, lamentablemente, se le identifica a Obama es que Rusia y China han perdido el respeto que, casi siempre, habían demostrado en el pasado por el poder y los intereses estadunidenses, a pesar de diferir firmemente con dicho país.

Vladimir Putin demuestra esa falta de respeto con sus acciones en Ucrania.

Por primera vez desde el final de la guerra fría, Moscú identifica a Estados Unidos como a un enemigo; y China, aunque no se encuentra en la misma confrontación abierta, se está volviendo cada vez más exigente con los que considera sus derechos.

En ambos casos las cosas se están enfocando a los territorios. Rusia bajo Putin considera que Ucrania es una parte esencial de su esfera de intereses y tomó la inclinación de Kiev hacia Europa como una invasión que debía ser contrarrestada por cualquier medio.

Pekín bajo Xi Jinping considera las islas, las aguas y el espacio aéreo del Mar del Sur de China como un bien cuya propiedad no se puede discutir, ni compartir con otros. Lo más que se puede conceder es que la solución a cualquier disputa puede posponerse, pero con la condición de que cuando se acuerde, deberá ser a favor de China.

La idea rusa y china de que tienen una esfera de interés más allá de sus fronteras formales, no ha cambiado. Lo que ha cambiado es que ha desaparecido la cautela que podría haber gobernado a las reacciones de ambos países en el pasado.

En otros tiempos, el gobierno de Rusia podría haber descartado la acción militar en Ucrania y haber elegido ejercer presión a través del abastecimiento de gas y del comercio; mientras que China habría evitado movimientos tales como declarar una zona de identificación de defensa aérea sobre el Mar del Este de China.

La responsabilidad de Obama en esta tendencia hacia la confrontación no es fácil de determinar. En ocasiones parece ser un invitado en su propia presidencia, dejando que las cosas sucedan en lugar de hacerlas suceder.

Es tonto provocar cuando se carece de los medios para cumplir con las amenazas. Por supuesto, Estados Unidos nunca ha estado en control total de los sucesos, pero Rusia y China se han envalentonado mucho durante el mandato de Obama, y esto es algo que más adelante muchos podrían llegar a lamentar, incluyendo a esos dos países.