La impensable "solución final" de Hitler: el genocidio judío

Hoy se cumplen 70 años de la liberación rusa del campo de exterminio alemán nazi de Auschwitz; ahí murieron un millón de los seis millones de judíos exterminados por el gobierno de Berlín.
Auschwitz operó del 20 de mayo de 1940 al 27 de enero de 1945.
Auschwitz operó del 20 de mayo de 1940 al 27 de enero de 1945. (Jacek Bednar Czyk/EFE)

París

Solución final. La destrucción de los judíos de Europa, notable serie documental de Blanche Finger y William Karel, de ocho episodios, difundida en el canal France 2 por el 70 aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz (en la Polonia ocupada), es el relato de algo impensable que se volvió posible. En 1936, los alemanes se apasionaron por un nuevo juego. Su nombre: Juden Raus, "Fuera judíos fuera". Dirigido a toda la familia, niños, padres y abuelos, el juego hizo pensar un poco en Monopoly, creado el mismo año en EU, pero adaptado al espíritu nazi. La regla es tan siniestra como simple. Una bandeja de madera representa las calles de una pequeña ciudad germana, rodeada de comercios propiedad de judíos –los Cohen, los Stern, los Levin, los Goldstein...–. Los jugadores, forzosamente arios, lanzan los dados y se desplazan teniendo por objetivo entrar en una de esas tiendas y hacer prisionero al propietario, para enseguida enviarlo a un campo de concentración o a Palestina. El vencedor es quien logra atrapar al mayor número de judíos.

"La cuestión judía debe ser resuelta sin sentimentalismos", decía el militar Hermann Göring, lugarteniente de Adolf Hitler. Pero no lo pudo ser, en tanto el sentimiento antisemita había alcanzado, en la sociedad alemana de la época, un punto de incandescencia que volvió posible lo impensable.

Por su riqueza, su amplitud, su rigor, la nueva serie nos recuerda a otra: De Nuremberg a Nuremberg (Antenne 2, 1980). Quienes recuerden las imágenes de archivos montadas hace 25 años por Frédéric Rossif hallarán algunas de ellas en el filme de Finger y Karel. Ninguna redundancia, no obstante, entre ambas. Además de un relato, la nueva se vuelve un homenaje a la investigación histórica que, sobre el tema del genocidio, logró una riqueza excepcional en las últimas tres décadas. Pero hay algo que hace la diferencia en la nueva serie: la presencia de medio centenar de eminentes especialistas de la Shoah (exterminio judío), cuyas voces se entremezclan para contar la historia, en una suerte de simetría fílmica con La destrucción de los judíos de Europa, un clásico del padre tutelar de los estudios sobre el genocidio, el historiador Raul Hilberg, muerto en 2007.

Todos están ahí, o casi. El británico Ian Kershaw, el mejor biógrafo de Hitler, que supo mejor que nadie describir la "euforia" en la cual sumergió el Führer a la sociedad alemana a inicios de 1930. Saul Friedländer, el gran historiador israelí, quien explica en un francés impecable lo que marcó la singularidad del antisemitismo nazi, a saber su carácter "redentor", es decir, la idea según la cual la salvación del mundo, para los nazis, pasaba necesariamente por la eliminación de los judíos.

El lugar reservado a los historiadores, a los cuales se agregan dos escritores como los israelíes Aharon Appelfeld y Amos Oz, tiene como consecuencia lógica que son los episodios centrales de la serie los que resultan más apasionantes, a saber, los que están referidos al periodo que va del otoño de 1939 a la primavera de 1942, con la implementación de la "solución final del tema judío" –el exterminio de hasta seis millones de ellos– para retomar la expresión de los nazis.

Más que cualquier otro, este periodo fue objeto de las investigaciones historiográficas más novedosas de los últimos años, en especial gracias a la apertura de los archivos del ex bloque soviético (1922-1991) tras la caída del Muro de Berlín, en 1989.