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Martes , 16.10.2018 / 07:30 Hoy

Fuerzas turcas cruzan a Irak tras sangrientos ataques de rebeldes kurdos

En la jornada más sangrienta desde la ruptura de la tregua entre el PKK kurdo y el gobierno turco, cerca de 30 soldados y policías turcos murieron, mientras bases kurdas en Irak eran bombardeadas.

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Fuerzas especiales turcas ingresaron hoy en territorio iraquí, por primera vez en cuatro años, en pos de rebeldes kurdos que mataron a cerca de 30 soldados y policías, en la jornada más sangrienta desde que el proscrito Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK) y el Gobierno turco rompieron el alto el fuego en julio pasado, sumiendo cada vez más al país en la violencia.

Dos días después de una primera emboscada con explosivos, que provocó el domingo la muerte de 16 soldados en Daglica (sudeste), el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) llevó a cabo hoy una operación similar al alba en los confines de las fronteras de Turquía con Azerbaiyán, Armenia e Irán.

El ataque, en la provincia de Igdir, se saldó con trece muertos y un herido, según las autoridades locales. Anteriormente se había informado de catorce muertos. Otros tres policías murieron en enfrentamientos con la rama urbana y juvenil del PKK en Cizre, en el sureste del país, y uno más fue ametrallado mientras viajaba con su hija por la carretera de Tunceli, en el centro de Anatolia.

En el atentado de Igdir, la guerrilla hizo hoy detonar por control remoto una tonelada de explosivos colocados en la carretera al paso del microbús policial que transportaba a agentes al cercano paso fronterizo de Azerbaiyán.

Dado que, hace dos semanas, milicianos del PKK tirotearon un microbús en ese mismo trayecto, causando graves heridas a dos policías, un coche de las fuerzas especiales acompañaba al vehículo, y ambos saltaron por los aires, informa el diario Hürriyet.

"Estos últimos sucesos son el resultado del pánico" de una guerrilla gravemente dañada por las operaciones militares, aseguró hoy en un discurso el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. "Se han infligido muy graves daños a la organización tanto dentro del país como fuera. Sus pérdidas se expresan en miles" de militantes, aseguró el presidente islamista.

Los incidentes golpean un país ya conmocionado por la emboscada de Daglica, localidad de las montañas de la meridional provincia de Hakkari, en la que fallecieron el domingo 16 militares turcos por la detonación de dos minas y los tiroteos posteriores.

En respuesta a ese ataque, las Fuerzas Aéreas turcas bombardearon esta madrugada numerosos objetivos del PKK en los montes Kandil, en el norte de Irak, además de perseguir a una veintena de milicianos que se retiraban al país vecino tras los combates de Daglica.

La operación aérea, en la que participaron 35 cazas F-16 y 18 F-4, consiguió "neutralizar a 35-40 terroristas", utilizando 130 bombas contra 20 objetivos, bases de retaguardia del PKK en las montañas del norte de Irak, informó la agencia semipública Anadolu. La agencia kurda Firat, cercana al PKK, confirmó el bombardeo, pero sin informar sobre bajas.

"Es una medida de corta duración para impedir la huida de terroristas", declaró a la AFP una fuente gubernamental que requirió el anonimato. Los bombardeos aéreos y la operación de las fuerzas especiales provocaron la muerte de "un centenar de terroristas" del PKK, según la agencia de prensa Dogan, que cita a fuentes militares. En su discurso, muy firme, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, prometió hoy liberar a su país del PKK.

"Peste terrorista"

"No hemos abandonado y no abandonaremos esta nación a tres o cinco terroristas", advirtió Erdogan en un mensaje televisado. "Si Dios quiere, Turquía (...) conseguirá deshacerse de la peste terrorista", añadió.

Su primer ministro Ahmet Davutoglu exhibió la misma firmeza en una ceremonia en Van (este) en honor de los 16 soldados muertos en Daglica. "Cada uno de los responsables de estos baños de sangre rendirá cuentas", aseguró.

Este fue el ataque más sangriento desde que se reanudaron los enfrentamientos entre el ejército y los rebeldes kurdos, a fines de julio. Esta escalada ha hecho añicos las conversaciones de paz iniciadas en 2012 para poner fin a un conflicto entre el Estado turco y los rebeldes kurdos que dejó unos 40 mil muertos desde 1984.

Washington garantizó hoy al gobierno turco su "apoyo", pero insistió en la "importancia, para Turquía y el PKK, de retomar el proceso para alcanzar una solución pacífica", según el portavoz de la Casa Blanca, John Earnest. Desde el inicio de esta nueva escalada, los enfrentamientos han sido diarios. Según la prensa, un policía murió hoy en Tunceli (este) y otro en Mardin (sureste).

El PKK liberó hoy, por su parte, a 20 ciudadanos turcos, doce de ellos agentes de aduana, secuestrados en agosto durante combates con las fuerzas de seguridad en el este del país.

Diputados del principal partido prokurdo, (HDP, Partido de la Democracia de los Pueblos) afirmaron que seis civiles habían muerto el lunes en Cizre (sureste), sometida desde hace cinco días a un estricto toque de queda. "Los ataques contra nuestro pueblo se están convirtiendo en una masacre", lamentó el HDP.

Según un último balance de la prensa progubernamental, estos enfrentamientos desde fines de julio han causado la muerte de un centenar de soldados o policías y de un millar de rebeldes.

Atacan la sede del HDP

Los últimos ataques del PKK han provocado tensiones entre los turcos y la comunidad kurda del país en varias ciudades. Cerca del 20% de los 76 millones de turcos son de origen kurdo y viven esencialmente en el sudeste del país.

Los locales del principal partido prokurdo han sufrido ataques en más de un centenar de ciudades, entre ellas, en Ankara, donde militantes nacionalistas intentaron incendiar hoy la sede de esta formación, indicó el HDP en su cuenta en Twitter.

Una oficina del partido en la ciudad occidental de Çorlu fue vandalizada por unos cuatro mil agresores, que colgaron banderas turcas en el edificio. En Estambul, un joven de 21 años murió acuchillado en una parada de autobús, aparentemente a manos de nacionalistas que le escucharon conversar por teléfono en kurdo, informa el diario Evrensel.

En Ankara y otras ciudades, grupos nacionalistas turcos agredían a los transeúntes en barrios de mayoría kurda, y en Konya, en el centro de Anatolia, unos 400 obreros de la construcción kurdos se vieron rodeados por una muchedumbre enfurecida.

Además, diversos barrios en ciudades del sureste se convirtieron en escenario de enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y el ala juvenil y urbano del PKK, conocido como YDG-H, y recibieron orden de toque de queda.

Los choques más graves tuvieron lugar en Cizre, donde tres policías murieron y varios fueron heridos en combates callejeros en una ciudad sellada por las fuerzas de seguridad.

Selahattin Demirtas, el líder del HDP, que interrumpió un viaje por Europa tras el ataque de Daglica, denunció que en Cizre se les dispara a los ciudadanos que salen de su casa tras cuatro días de toque de queda.

"Se mata a niños, a bebés. A una niña de doce años la mantienen en el frigorífico de su casa porque no pueden salir a enterrarla", dijo Demirtas, mientras que otros diputados de su partido cifraron en cuatro las muertes de civiles ocurridas en Cizre.

Demirtas lanzó un vibrante llamado a la calma. "Kurdos, turcos, acérquense unos a otros. La paz es la mejor medicina", dijo ante la prensa. Asimismo, por segunda vez en dos días, un centenar de partidarios del gobierno turco atacaron la sede del diario Hürriyet, al considerarlo hostil a Erdogan.

El primer ministro turco urgió a sus conciudadanos en Twitter a "mantener la calma" y calificó de "inaceptables" los ataques contra los medios de comunicación y los locales de los partidos políticos. Esta escalada preocupa, cuando faltan menos de dos meses para las elecciones legislativas anticipadas convocadas por Erdogan para el 1 de noviembre.

En los pasados comicios del 7 de junio, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) perdió la mayoría absoluta que tenía en los últimos doce años en el parlamento. El jefe de Estado espera que su partido la recupere en noviembre para instaurar un régimen presidencialista fuerte. La oposición acusó la víspera a Erdogan de avivar el conflicto kurdo para facilitar la concreción de sus ambiciones políticas.

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