Las pasiones de Fidel

El café, los habanos, los discursos y las armas son algunas de las pasiones que el líder de la Revolución Cubana disfrutó a lo largo de su vida.
Exhalando el humo de su puro, en una fotografía tomada en La Habana en 1958.
Exhalando el humo de su puro, en una fotografía tomada en La Habana en 1958. (AP/Charles Tasnadi)

Ciudad de México

Fidel Castro, además de un líder, un revolucionario y un político, era un ser humano con gustos y pasiones. Aquí mencionamos algunas de ellas.

El café. En las esquina de la calle de Bucareli, en la esquina con Morelos, se encuentra el casi legenrario Café La Habana, en el centro de la Ciudad de México. Dicho establecimiento fue fundado en la década de 1950, y es famoso por haber sido lugar de reunión de diferentes personalidades de la historia y de la literatura de América Latina. Entre sus historias se cuenta que en este café Fidel Castro y el “Ché” Guevara planearon la Revolución Cubana.

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Los habanos. Hablar del habano es hablar de la marca Cohiba, originaria del corazón de Cuba, una marca creada en 1966. Durante muchos años estuvo destinada únicamente a ser un regalo para las personalidades de gobierno, tanto nacionales como extranjeras. Y por supuesto, era la marca preferida del fallecido mandatario cubano Fidel Castro. En 1969 fue registrada la marca, pero su nombre data de bastante antes.


Los discursos. Fidel Castro se caracterizó en vida por sus ideas revolucionarias, las cuales supo transmitir al pueblo en sus discursos behementes, abundantes y, en ocasiones, larguísimos. Tan largos que su biógrafo, Tad Szulc, escribió en 1986 que los discursos del líder cubano para ese entonces superaban los veinte mil. Uno de ellos, que pronunció en enero de 1968, duró 12 horas. Hasta la fecha, don Fidel ostenta el récord del discurso más largo jamás pronunciado en el pleno de las Naciones Unidas, uno que inició así: "Aunque tenemos fama de hablar largo, no se preocupen. Haremos todo lo posible para ser breves".


Las armas. Se dice que ninguna mujer duró tanto en la cama de Fidel como su Kalashnikov. Cuando el mandatario volvía a casa desde el Palacio de la Revolución, Dalia Soto del Valle —su segunda mujer— era avisada por radio de la próxima llegada. Como una esposa devota, le esperaba en la escalinata, se daban el beso de rutina y él le confiaba su arma personal, un Kalashnikov. La madre de cinco de sus nueve hijos conocidos llevaba el fusil de asalto con cuidado a su habitación, en la planta alta de la residencia habanera, conocida como Punto Cero. Porque Fidel Castro dormía con su Kalashnikov al alcance de la mano. Al menos así era durante los 17 años en que el teniente coronel Juan Reinaldo Sánchez fue su guardaespaldas, entre 1977 y 1994, cuando formaba parte del primer anillo de la seguridad del líder de la revolución cubana.


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Las mujeres. Un artículo escrito el 19 de septiembre de 2008 por Saikat Basu para el New York Post revela que el comandante se había acostado con alrededor de 35 mil mujeres en su 86 años de vida. Al menos eso fue lo que afirmó hace algunos años el cineasta Ian Halperin, quien expuso que Castro tuvo sexo con al menos dos mujeres al día por más de cuatro décadas. Todo un récord.