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Miércoles , 20.06.2018 / 16:59 Hoy

El extremismo del IS empieza a opacar al 'alicaído' Al Qaeda

Escindido de la red terrorista comandada por Bin Laden, el Estado Islámico muestra gran atractivo entre los jóvenes yijadistas al conquistar territorio para un gran califato.

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La Aldea

La proclamación de un califato por parte del grupo yijadista Estado Islámico (EI) en Medio Oriente supondría un punto de inflexión en el mundo del terrorismo internacional, en el que la gran perdedora podría ser Al Qaeda.

Con el nuevo califato, las fronteras entre Irak y Siria quedan también borradas, trayendo a la memoria los tiempos del Imperio Otomano, estrechamente vinculado al último califato islámico, abolido en 1924 por el gobierno turco.

“Según los yijadistas, con la instauración de un califato islámico no hay ya necesidad de Al Qaeda”, señala el experto de movimiento islamistas, Hasan Abu Haniyah, desde Ammán, Jordania.

Originalmente el El era un brazo de esa red, pero posteriormente los dos grupos empezaron a luchar por la hegemonía en el seno de movimiento de la yijad internacional. El establecimiento del califato podría significar el fin de esa lucha.

“El Estado Islámico ha ganado”, afirma Abu Haniyah. En un califato no hay lugar para un doble mando, pues el poder terrenal y el espiritual quedan aunados en una sola figura.

Incluso el EI podría seguir cosechando victorias en otro campo si los extremistas que una vez juraron fidelidad a Al Qaeda pasan a engrosar sus filas. Y ya hay algunos signos de que Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) sienten simpatía por el líder del IS, Abu Bakr al Bagdadi, el nuevo auto declarado califa.

Al Qaeda y el EI tuvieron una raíz común: la ocupación soviética de Afganistán. El fundador del EI fue el jordano Abu Musab al Zarqaui, conocido por sus atrocidades. Abatido por el ejército estadunidense en 2006, antes había iniciado un sangriento conflicto con los musulmanes chiitas, contrariando las ideas de la cúpula de Al Qaeda, que lo consideraba demasiado radical.

En 2010, Abu Bakr al Bagdadi asumió la dirección del grupo y reformó sus estructuras antes de llevarlo a Siria, donde se enfrentó abiertamente al ala oficial de Al Qaeda en ese país, el Jabhat Al Nusra (Frente de la Victoria), integrado por salafistas sirios.

Una parte de su atractivo, entre los combatientes extranjeros, radica en que el EI consiguió crear en territorio sirio un dominio en el que los yijadistas que llegan de otros países encuentran algo así como una patria. Así, el grupo utilizó el control sobre ciudades como Al Raqa, en el este de Siria, para llevar a cabo una hábil propaganda que le permitió presentarse como protector de un lugar en el que domina una auténtica tradición legal islámica.

Algo que funciona especialmente bien ante el trasfondo de los Estados fracasados de Medio Oriente, la desilusión con el liderazgo árabe y la decadencia de grupos islámicos más moderados como los Hermanos Musulmanes.

Y Al Qaeda, que nunca tuvo el control de un territorio propio, está perdiendo ahora posiciones en la lucha por los corazones y las cabezas de los jóvenes extremistas que quieren iniciarse en la yijad.

“Al Qaeda y sus líderes tuvieron una ocasión tras otra para hacer realidad el sueño musulmán de la instauración de un califato, pero fracasaron”, afirma Khaled al Maani, un jordano que defiende la instauración del Estado islámico.

Mientras sigue la pugna, los analistas occidentales ven con preocupación la disputa ideológica entre el EI y Al Qaeda ya que para ofrecer algo de resistencia al emergente grupo, la red internacional encabezada en su momento por Osama bin Laden, podría verse obligada a seguir apostando por sus tácticas terrorista, advierte el experto Aaron Zelin, del Instituto de Política de Medio Oriente en Washington.

Para conservar al menos una apariencia de legitimidad, en un acto de desesperación, la organización terrorista podría retomar los grandes atentados como los de Madrid en 2004 o Londres en 2005.

Sin embargo, en estos momentos el mayor peligro para el EI es la rápida ampliación del terreno bajo su control, ya que una arrogancia desmesurada podría traducirse de nuevo en pérdidas territoriales, escribe el experto en terrorismo J. M. Berger en su blog en la web Intelwire.

Cualquier pérdida de terreno del califato que no sea resultado de intervenciones extranjeras, como ataques aéreos de Estados Unidos, por ejemplo, podría costarle a Al Bagdadi la posición de la que goza ante los jóvenes yijadistas. Por el momento, éstos ahora solo lo ven conquistando victoria tras victoria.

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