Se expande el Estado Islámico en África /y III

Hasta la irrupción de la organización terrorista en Libia, la presencia de radicales se concentraba sobre todo en la red Al Qaeda. Pero muchos grupos se han acercado al EI, o Daesh, a cambio de ...
El grupo asumió la matanza de 130 personas en noviembre en París.
El grupo asumió la matanza de 130 personas en noviembre en París. (Kamil Zihnioglu/Ap)

Johannesburgo

La implantación libia del grupo Estado Islámico, aun cuando sea modesta, ya comenzó a afinarse a escala de una plataforma continental. Los nigerianos del grupo Boko Haram, convertidos en la wilaya de África occidental desde su alianza al EI en marzo de 2015, envían ahí sus hombres a través de Chad. De acuerdo con fuentes en el estado nigeriano de Borno, estos últimos fueron a entrenarse en Libia, donde se proveyeron de armas, en momentos en que el ejército nigeriano los perseguía en las ciudades bajo su control en 2014 en el noreste de su país.

Nigeria no es el único país afectado. Una fuente francesa afirma que "el presidente de Chad, Idriss Déby, nos pide reforzar nuestro dispositivo. Teme más que nada la unión entre Boko Haram y el EI (en Libia)". Esta unión podría multiplicar la potencia de Daesh en África. Ya se ha detectado la presencia —marginal— de somalíes en Libia, aun cuando es imposible establecer si se trata de francotiradores, hombres que han roto con el grupo de los Shabab (milicia técnicamente afiliada a Al Qaeda, cuya dirección es muy hostil a Daesh), o si se están estudiando alianzas contra natura entre las dos formaciones.

Algunas fuentes señalan igualmente la presencia de malíes o de mauritanos, así como de otros comandos provenientes de países de África occidental, que podrían convertirse en los precursores de Daesh en sus países donde, hasta el momento, no existen más que grupos ligados a Al Qaeda. En diciembre de 2015 había también cinco franceses en Libia.

La irrupción de Daesh es la segunda ola yihadista en África. Pequeño recordatorio: durante una intensa década, grupos armados de este movimiento se enraizaron en tres zonas del continente africano: en el Cuerno, con un polo en Somalia, donde apareció el movimiento Shabab (Harakat Al-Chabab Al-Moudjahidin, "el movimiento de los muyahidines de la juventud"), nacido hacia 2006 como una continuación de formaciones salafistas, antes de afiliarse a Al Qaeda luego de desarrollar ramificaciones en los países vecinos (Kenia, Tanzania); Sahara y el Sahel (desde Mauritania hasta Yibuti); y, en el estanque del lago Chad, donde Boko Haram se extendió desde el norte de Nigeria hacia el Chad, Níger y Camerún.

Boko Haram pasó de ser un grupúsculo religioso a manejar reivindicaciones sociales y se hizo financiar en forma subterránea por políticos locales. Su naturaleza "local" fue evidente. El grupo terminó por soñarse como la reencarnación de los grandes imperios de la región, el sultanato de Sokoto o del reino de Kanem-Bornou (uno de cuyos fundadores se decía yemenita, y cuya influencia se extendió hasta Libia). Esta forma de inspiración es en realidad la "reescritura" de una historia "recompuesta". Una ilusión, históricamente hablando, pero un concepto puesto en práctica en el continente.

Cada uno de los grupos yihadistas africanos está hecho de historias particulares, cuyas raíces se hunden en las realidades locales. Y entre las preguntas que se abren es si la irrupción del EI en esta galaxia fraccionada amenaza con unificar a las tropas dispersas al punto de cambiar la naturaleza del yihadismo en África.