Los europeos temen una nueva “guerra del gas”

Después de los antecedentes de 2006 y 2009, la Unión Europea está urgida de reemplazar los suministros de Rusia.

Moscú, Atenas

La amenaza de una nueva guerra del gas se dibuja para Ucrania y la Unión Europea. Después de los precedentes de 2006 y 2009, la empresa rusa Gazprom, considerada como un poderoso instrumento de la política exterior rusa, ejerce una fuerte presión sobre las nuevas autoridades de Kiev. Las tarifas preferenciales han sido anuladas y ya fue requerido el pago de las deudas. Divididos sobre la estrategia a adoptar frente a Moscú según los diversos intereses estratégicos, los europeos no han logrado formar un frente común.

El aumento de los precios del gas entregado a Ucrania se volvió una realidad en abril. En total, la factura aumentará 80 por ciento, a riesgo de fragilizar aún más una economía al borde de la quiebra, a menos de dos meses de la elección presidencial del 25 de mayo. Ucrania debe pagar sus importaciones a 485 dólares los mil metros cúbicos, es decir, unas de las tarifas más elevadas de Europa.

Rusia fracasó al intentar ocupar Ucrania por las armas y ahora busca llevar a cabo una agresión económica y del gas, denunció el primer ministro ucraniano Arseni Yatseniuk el pasado sábado.

Frente a la emergencia, Yatseniuk quiere concluir las conversaciones comprometidas con algunos países de Europa central —Polonia, Hungría y Eslovaquia— a fin de que envíen el gas en sentido inverso del circuito de envíos del este hacia el oeste, cerca de 20 mil millones de metros cúbicos. El precio sería inferior en 100 o 150 dólares al fijado por Rusia.

Impotentes frente a la anexión de Crimea, los europeos buscan un desquite. Los Veintiocho europeos temen que la ofensiva del gas desestabilice a una economía ucraniana agónica, muy dependiente del gas ruso, en vísperas además de los comicios.

"Rusia tiene mucho interés en que Ucrania no se desmorone ni en el plano económico ni en el político", advirtió el jefe de la diplomacia alemana, Frank-Walter Steinmeier, al margen de una reunión informal con sus pares europeos, el sábado en Atenas: "Rusia juega un rol importante, ya que la estabilización económica de Ucrania depende en parte de los precios de la energía."

Una parte de los descuentos en los precios del gas fue consentido por Vladímir Putin al hoy defenestrado Víktor Yanukóvich el 17 de diciembre de 2013 para agradecerle su fidelidad: el entonces presidente ucraniano rechazó en noviembre a última hora firmar un acuerdo de asociación y de libre comercio propuesto por los europeos. Desde entonces, el cambio de gobierno en ucrania supuso un endurecimiento de Rusia, que afirma que aún no se pagado ninguna factura. Frente a esta ofensiva, Steinmeier y sus pares preconizan más que nunca "dialogar" con Moscú para intentar encontrar una solución diplomática sobre el gas, como en el resto de los ámbitos.

Para él, no es el momento de aplicar las sanciones económicas prometidas por los europeos en caso de otra intervención en el este de Ucrania. "Estamos unidos entre europeos, para enfrentar las amenazas que enfrenta Ucrania", dijo a su vez Catherine Ashton, alta representante europea de asuntos exteriores. Para los europeos, un agravamiento en el frente del gas no sería parte de las "amenazas" que justificarían las sanciones.

Con el objetivo de reducir un poco la dependencia del gas de Ucrania, los europeos prometen a su vez enviar gas. Según Yatseniuk, esta solución no es muy complicada. Pero esto no resolvería todos los problemas.

Los envíos llegados del oeste del continente nunca podrán sustituir, en volumen, el suministro de Gasprom. Y su precio no podrá alcanzar el nivel otorgado por Moscú a su antiguo aliado.

Durante el Consejo europeo de marzo, la misma jefa del gobierno alemán, canciller Angela Merkel, indicó que eventuales entregas no podrían hacerse a "una tarifa inferior" a la que beneficia a los clientes europeos de Gazprom.

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