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Lunes , 10.12.2018 / 10:21 Hoy

El bolso de Soraya en el escaño del jefe

La Aldea

Cuando el Parlamento definía su destino, Rajoy brillaba por su ausencia; llegó tarde, porque fue larga la sobremesa en el restaurante Arahy, donde pasó la tarde con su equipo.
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La caída del líder del PP tuvo su mejor símbolo en las imágenes de su salida del restaurante Arahy, donde pasó la tarde de la moción de censura con ministros y colaboradores.

A las siete de la mañana, algunos ministros estaban ya vaciando sus despachos. Apenas tenían tiempo. Ninguno podría haber adivinado que, una semana después de aprobar los Presupuestos, Rajoy estaría fuera del Gobierno.

Y fuera de su escaño, porque hasta las 10 de la mañana de este viernes no volvió a aparecer en el Hemiciclo. Según La Moncloa, no estaba obligado. Pronunció su breve despedida, se votó la moción. Y se acabó Rajoy. Ni siquiera se molestó en madrugar para escuchar a su portavoz, Rafa Hernando.

Ayer los diputados del Partido Popular que subían por la escalera de la derecha bajaban la mirada al paso del escaño vacío del entonces todavía presidente. Quizás precisamente porque lo más doloroso para los votantes del PP no fuera solo la traumática salida de Rajoy, sino esa sobremesa en Arahy —un relativamente conocido restaurante de Madrid (el antiguo Club 31)— que duró ocho horas. Con, por supuesto, el consecuente testimonio gráfico de la salida del local del presidente.

¿Y eso es lo que estaba haciendo Rajoy mientras la izquierda y los nacionalistas se conjuraban para desalojar al PP del poder?, se preguntaban algunos miembros de la formación, sin duda atónitos por que “el jefe” se hubiera ausentado de gran parte de la moción y que su lugar, dependiendo de la hora, hubiera sido ocupado por el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría (su vicepresidenta).

Por supuesto, la procesión iba en off. Ningún diputado se atreve todavía a abrir fuego contra el presidente del partido. “La verdad es que es muy frustrante que la gente no entienda que no hubiera valido de nada que dimitiera Rajoy. Eso no garantizaba el Gobierno del PP”, rezaba el mantra impuesto desde la calle madrileña de Génova, sede del partido. Sin embargo, las sensaciones, salvo esas voces siempre incondicionales del rajoyismo, eran unánimes: hace falta una reacción.

Los detalles del desarrollo de la francachela empezaron a trascender la madrugada del jueves. Al parecer fue Ayllón, jefe de Gabinete de Rajoy, quien se encargó de pedir el reservado en el restaurante Arahy.

Dicen que cuando Rajoy, sus ministros, Rafa Hernando, Martínez Castro y el propio Ayllón empezaron a comer canelones aún no habían recibido la noticia de que el PNV apoyaría la moción de censura de Sánchez.

Nadie se aclara si lo que se les atragantó, tras la llamada del portavoz del PNV en el Congreso, ‘Ahíto’ Esteban, fue el salmorejo, las anchoas o el solomillo, que como informa OKdiario estaban incluidos en la comanda del reservado del que salían y entraban los ministros. Por supuesto, se sirvió vino y, según algunos, el presidente extendió la tarde con un whisky. Dicen que era Jura.

Cuentan algunos que en algún momento, ¿quién sabe?, Rajoy barajó la dimisión. Su entorno más cercano le disuadió porque eso hubiera sido reconocer su responsabilidad. Tras llegar a esa conclusión, a media tarde María Dolores de Cospedal llegó al Congreso para advertir de que el presidente no dimitiría. En el estrado hablaba ya Rivera y Soraya escuchaba. Al contrario que a Pablo Iglesias, al líder de Ciudadanos no le dio tiempo a criticar la sobremesa del presidente.

La foto de la salida del restaurante de Rajoy sobre las 10 de la noche fue sin duda la más comentada del día. Aunque los miembros del PP apenas quisieran despacharla con un “bueno” o unos “puntos suspensivos”. Otros parecían más enfadados. “Es que así no se puede”.

En 1987, cuando Rajoy tuvo que defender al PP gallego de otra moción de censura, Beiras, entonces su rival, le dijo que hablaba como si tuviera un filete en la boca.

El jueves, ante el escaño vacío, todos pensaban (puede que injustamente) en esa resaca que tan bien describía Pardo Bazán. “La boca estaba pegajosita, amarga y seca; la lengua, hecha un pedazo de esparto”. Puede que más bien fuera impotencia. El PP llora en privado. Por cierto, el viernes aún se podía reservar en Arahy sin problemas.

Con información de Emilia Landaluce .

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