Una estación con olor a carne humana quemada

Los testimonios dan cuenta del caos, el dolor y la impotencia tras el doble atentado en la estación de trenes de Ankara: “Es una verdadera masacre”, afirma un sobreviviente
Dos horas después de las explosiones, la policía acordonó el lugar.
Dos horas después de las explosiones, la policía acordonó el lugar. (Adem Altan/Afp)

Turquía

Decenas de cadáveres sobre el asfalto, sangre derramada por doquier, gritos y lágrimas: poco después de las 10 de la mañana, el corazón de Ankara, la capital turca, se paró por dos enormes explosiones que mataron al menos a 95 personas.

Delante de la estación central de ferrocarriles, cientos de personas llegadas de todo el país euroasiático comenzaban a organizarse para marchar por la paz, convocadas por organizaciones de la izquierda moderada cercanas a la causa kurda, cuando dos explosiones sacudieron la explanada frente al edificio.

"Escuchamos una explosión fuerte y otra pequeña. Hubo un gran movimiento de pánico, y luego vimos cadáveres en la explanada de la estación", declaró a la agencia de noticias francesa AFP Ahmet Onen, un jubilado de 52 años que pudo salir apresuradamente del lugar junto a su esposa, quien rompió en llanto.

"Vi a un hombre con la pierna arrancada, tumbado en el suelo. También vi una mano seccionada sobre el asfalto", recordó por su parte Sahin Bulut, un miembro de la Asociación de Ingenieros de Estambul de tan solo 18 años que iba a participar en la gran manifestación.

Dos horas después de las explosiones, las fuerzas turcas del orden acordonaron el lugar, donde funcionarios de la policía científica buscaban desde ayer pistas entre los escombros.

Un poco más lejos, los cuerpos de algunas víctimas yacían en el suelo cubiertos por las banderas de algunas de las organizaciones que convocaron a la manifestación, entre ellos el emblemático y pro kurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP, por sus siglas en turco).

Mientas las sirenas seguían sonando, las decenas de ambulancias evacuaban a los heridos para llevarlos a los hospitales de la ciudad. Según un balance provisional, 246 personas resultaron heridas, algunas de ellas muy graves.

En medio de los escombros y los cadáveres, se distinguían bolitas de acero, que muchas veces son utilizadas como metralla en los ataques.

"Hubo gente que murió inmediatamente, otros resultaron heridos gravemente. Es una verdadera masacre", contó un abogado de unos 30 años que iba a participar en la manifestación y prefirió no dar su nombre.

En la estación de trenes, un denso olor a carne humana quemada se mezclaba con polvo de los escombros.

Decenas de personas intentaban encontrar a sus seres queridos.

"¿Lo han visto? ¿Lo han visto? Se llama Gökhan, estaba conmigo", decía insistentemente un joven, mientras se mordía las uñas, angustiado por la espera.

Un poco más lejos, una mujer vestida con las prendas tradicionales kurdas gritaba. "¡Quiero verlo! ¡Quiero verlo!", mientras la policía la empujaba fuera del perímetro de seguridad.

Entre los supervivientes, la ira aumentaba. Muchos acusan a las fuerzas del orden de no haber garantizado la seguridad de la manifestación. "Ningún manifestante fue revisado por los agentes", explicó Ahmet Onen.

Un grupo de manifestantes increpaba al jefe de la policía, que instó a sus hombres a efectuar tiros al aire para dispersarlos.

"Nunca en mi vida había visto algo así", confesaba un agente delante de varios vehículos policiales destrozados por los manifestantes.