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Lunes , 22.10.2018 / 23:30 Hoy

Escándalo por video obliga a Trump a mejorar su imagen

El magnate inmobiliario se dio el domingo un poco de aire ante su rival en el debate de San Luis, Misuri.

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Después de delirantes 48 horas durante las cuales el Partido Republicano dejó ver sus divisiones, ¿qué podía esperar Donald Trump del segundo debate presidencial? Debilitado por la difusión, el viernes, de un video de 2005 en el cual él abundó en palabras obscenas a propósito de las mujeres, Trump pasó la mayor parte del tiempo recluido en sus oficinas en Nueva York, en el edificio que lleva su nombre, atacando sin descanso las críticas provenientes de su propio campo.

Cuando llegó al escenario instalado en la Washington University, en San Luis (Misuri), el magnate inmobiliario sabía que sería interrogado sobre el tema. Así, intentó sin éxito eludir una pregunta sobre el video evocando la amenaza planteada por el grupo yihadista Estado islámico (EI).

Más reactivo que durante el primer debate, el 26 de septiembre, el magnate intentó írsele al cuello a su adversaria sobre el tema del uso discrecional de un servidor y de una dirección electrónica privada, cuando dirigió la diplomacia del país durante la primera administración de Barack Obama.

Este segundo debate era en teoría un “town hall”, ejercicio durante el cual los candidatos intentan responder a las preguntas planteadas por un público de electores indecisos ubicados alrededor de los candidatos. Pero Trump se abstuvo de responder para concentrarse en denunciar “el mal juicio” de Hillary Clinton (asociada alguna vez al “diablo”), “el odio que ella tiene en su corazón”, así como un balance considerado totalmente desastroso después de pasar tres décadas en la política.

Concentrado en la demócrata, Trump pareció descuidar a la audiencia mientras que Clinton, mostrándose casi indiferente a su presencia cuando ella tomaba la palabra, se esforzó en cada ocasión de tejer un lazo con el público.

La agresividad del magnate no perdonó a los dos animadores, los periodistas Martha Raddatz, de ABC News, y Anderson Cooper, de CNN, a quienes se esforzó en presentar como partidistas. “Uno contra tres”, comentó en un momento del debate cuando se le insistió en que había agotado su tiempo para hablar.

Pero antes incluso de que pueda medirse el alcance del conflicto causado por la difusión del video, los dos días durante los cuales él se enredó en la polémica se reflejaron en un retroceso en las intenciones de voto que podría ser difícil de subsanar. Más aun cuando la agresividad desplegada la noche del domingo, si bien tal vez revigorizó a su base, le puede impedir conquistar los votos indecisos que están migrando hacia la demócrata.

En el debate en la Washington University, Clinton dio la impresión de tener como su principal misión evitar el menor error, apareciendo más a la defensiva que durante la primera confrontación, como si estuviera convencida de que los daños causados por la difusión del video pueden sellar el desenlace de la contienda. A la vez, los ataques repetidos de Trump contra la dos veces ex primera dama no le permitieron al público saber un poco más sobre las ideas del candidato republicano.

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