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Viernes , 20.07.2018 / 00:23 Hoy

“Eres un racista; ve y jode a tu madre racista”

Deslucida y lejos de convocar grandes contingentes, la ceremonia de juramentación mostró una nación dividida, donde las voces adversas al empresario se dejó escuchar.

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Alma Paola Wong

De un lado de la Avenida Pensilvania el grito era “Inaugura la resistencia”; del otro, se coreaba “Trump, Trump, Trump”.

Lo quieran o no, la sociedad estadunidense ya tiene un nuevo inquilino en la Casa Blanca.

Ayer en Washington DC pareciera que fueron más las protestas que las expresiones de júbilo por la llegada del magnate inmobiliario a la presidencia de Estados Unidos. Así inició una era dividida.

Los primeros en llegar a las inmediaciones de la Avenida Pensilvania, que conduce del Capitolio a la Casa Blanca, fueron los inconformes para asegurar un lugar en los espacios que se les habían destinado para sus protestas.

Después comenzó a llegar la marea de gorras rojas con el eslogan “Make America great again” (“Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo”). Por momentos hubo confrontaciones verbales entre simpatizantes y detractores del mandatario, a lo que la policía permanecía atenta.

“Le haces el juego a un racista, eres un racista, ve y jode a tu madre racista”, gritaban a los simpatizantes de Trump, quienes respondían entre risas, señas obscenas y gritos.

Pero nada impidió que tras el discurso inaugural de su líder y su juramento como presidente, los trumpistas disfrutaran del discurso del empresario y vitorearan su voz que resonaba en las gigantescas bocinas instaladas a lo largo de la avenida.

Para el filo del mediodía, cuando Trump dirigía sus primeras palabras como el presidente número 45 de Estados Unidos, habían pasado casi seis horas desde que se abrieron los accesos, y sin embargo, las gradas lucían vacías y se apreciaban grandes huecos a lo largo del recorrido.

Incluso, en la Explanada Nacional, una zona verde de tres kilómetros de extensión, ubicada en el centro de Washington, donde hace más de medio siglo pronunció Martin Luther King Jr. su histórico discurso ante una multitud, apenas estaba ocupada en su parte frontal.

De acuerdo con la cuenta de Twitter del sistema de transporte subterráneo de Washington, la afluencia no llegó a igualar a la de la ceremonia de juramentación de Barack Obama.

Hasta las 11:00 de la mañana de ayer se habían realizado 193 mil viajes en metro. Ocho Años antes, a la misma hora, se habían efectuado 513 mil. Cuatro años después, la cifra fue de 317 mil, en la segunda investidura de Obama.

El clima tampoco parecía favorecer la ceremonia. De 6 grados centígrados, la temperatura descendía con la aparición de una llovizna justo en el momento que Trump describía un país oscuro, dividido, sin rumbo y explotado por las élites de Washington, y endeble ante los ojos del mundo.

Su espíritu proteccionista lo animaba a continuar: “Hemos hecho a otros países ricos mientras que la riqueza y la fortaleza de nuestro país se ha disipado en el horizonte. A partir de este día va a ser primero Estados Unidos”, expresó.

Entonces, en la Plaza de la Libertad comenzaba a sonar “Poder a la gente” de John Lennon, y los manifestantes coreaban y agitaban sus carteles con mensajes: “Paremos al racismo”, “Protejamos a los inmigrantes”, “Resiste” y “Lucha”.

El cielo era gris, completamente nublado y por momentos brumoso por las columnas de humo que despedían los carrujos que participantes habían repartido de manera “libre y amorosa”.

“No escapas de la realidad, pero lo tomas con filosofía y te ayuda a pensar mejor en cómo joder a ese bastardo intolerante, lamebotas de Putin”, ofrecía uno de los manifestantes, integrante del movimiento Disrupt.

Fuera de los controles de acceso, en la Plaza Franklin, en una zona aledaña a la Casa Blanca, grupos de jóvenes encapuchados tomaron las calles para vandalizar establecimientos y autos. Tras reventar varias ventanas en el centro de la capital federal, el aire comenzó a impregnarse con el gas pimienta lanzado por los equipos antimotines.

El ambiente se hizo más denso cuando los rijosos, vestidos de negro, prendieron fuego a una limusina y a un auto en la esquina de la calle K.

Siguió un juego de repliegues por parte de las fuerzas de seguridad, hasta que poco a poco los inconformes fueron dispersándose en la calles, no sin advertir que hoy volverían con más refuerzos para la Marcha de las Mujeres.

Una movilización que, se prevé, será multitudinaria para protestar contra los dichos misóginos del nuevo presidente de la nación de las estrellas, franjas y libertades.

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