Los dos enemigos declarados de Estambul

El gobierno del presidente Erdogan tiene actualmente abiertos dos frentes de conflicto; uno con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán y otro más con el brazo de los yihadistas.
El presidente turco también busca modificar su política ante Siria.
El presidente turco también busca modificar su política ante Siria. (Reuters)

Estambul

Turquía volvió a ser el teatro de un ataque terrorista. Según un balance provisional, 41 personas fueron muertas y 239 heridas en diversas explosiones e intercambios de disparos ocurridos en una de las terminales del aeropuerto internacional Atatürk de Estambul.

Desde hace casi un año, el país cayó en un clima de violencia. Los atentados se multiplicaron desde junio de 2015. Los últimos están ligados a dos amenazas distintas: la que se deriva de la reactivación del conflicto con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), autonomista y en guerra contra Ankara desde 1984, y la representada por la organización yihadista Estado Islámico (EI o Daesh), que dispone de una implantación clandestina importante en el territorio turco desde hace mucho tiempo, utilizada como vía de tránsito hacia el espacio sirio-iraquí y como retaguardia.

El PKK a través de los Halcones de la Libertad del Kurdistán (TAK), una de sus ramificaciones, golpea generalmente blancos policiales y militares en las grandes ciudades del oeste de Turquía, sin preocuparse de eventuales víctimas civiles, como fue el caso de la capital Ankara en marzo. Justifica sus acciones como la revancha del Este contra el Oeste, en alusión a las ciudades destruidas en el último año de combates callejeros entre el ejército turco y la guerrilla kurda; esta última, a su vez, objeto regularmente de los golpes federales en el sudeste. Los ataques de los TAK a Ankara y Estambul fueron reivindicados.

No es el caso de los ataques atribuidos por las autoridades turcas al EI, conocido por dar publicidad a sus actos. El ataque en el aeropuerto de Estambul, por su dimensión, su blanco y su modus operandi, se distingue de los ataques precedentemente atribuidos al EI en Turquía. El último revela un grado superior de organización, más similar a los últimos atentados reivindicados por el EI en Europa.

Desde mayo, Turquía está redefiniendo su posición diplomática. Los efectos acelerados de su reposicionamiento se hacen sentir de manera espectacular en los últimos días: normalización de las relaciones con Israel, gestos de reconciliación ante Rusia con disculpas, por ejemplo, por la destrucción del MIG ruso a fines de 2015, una posición más moderada ante el presidente egipcio, Sissi, y evocación de un eventual cambio de posición ante el conflicto en Siria [que acusa a Turquía de alentar el terrorismo yihadista, N. de la T.]. En suma, Ankara parece renunciar a su pose de campeón del mundo sunita por un retorno a la realpolitik. La oposición turca reprocha al presidente Erdogan haber puesto al país en peligro por su política contra el presidente sirio Bashar Asad.

El atentado del martes se da en una Turquía dividida, donde el clima de violencia ligado a los atentados sigue a una deriva autoritaria, que se manifiesta mayores obstáculos a la libertad de expresión, un aumento en potencia del discurso conservador y las amenazas que pesan sobre la independencia de la justicia cuando el presidente Erdogan y su Partido por la Justicia y el Desarrollo (AKP) están abiertos a un cambio constitucional, que consagrará la presidencialización del régimen político turco.