Los cubanos comen "cake" y enloquecen por Taylor Swift

A pesar de los 54 años de distanciamiento entre EU y Cuba, los viejos Chevrolet y Cadillac siguen paseando por la calles de la isla, la gente usa "tenis" y ven "Friends" y "The Big Bang Theory".

La Habana

Hablen o no inglés, los cubanos comen "cake" en su cumpleaños, llevan "tenis" y "blúmers", en referencia a la desusada ropa interior femenina, los jóvenes se vuelven locos por Taylor Swift y están al tanto de la octava temporada de "The Big Bang Theory".

El escritor de ciencia ficción Ray Bradbury acapara varios minutos en el espacio cultural del noticiero estelar de la televisión y sus libros comparten las estanterías junto al poeta revolucionario del siglo XIX, José Martí.

Más allá de los viejos Chevrolet y Cadillac que pasean sus pesados cuerpos de hierro por la calles de la isla y las tradiciones que Ernest Hemingway impuso, como los mojitos en la Bodeguita del Medio y el daiquirí en el Floridita, la influencia y el legado del país vecino no sólo no se interrumpió, sino que se espera que con el deshielo entre Cuba y los Estados Unidos aumente.

"La influencia estadunidense siempre ha persistido. Fue muy fuerte y abarcó todos los ámbitos de la vida, desde la comida a las películas", dijo el ensayista e investigador Ciro Bianchi, quien con 67 años recuerda los tiempos anteriores a la ruptura de relaciones y cuando en la tienda se podía pagar con pesos o dólares, igual que sucedió en las décadas de los noventa y 2000.

Cuba tuvo la ayuda de Estados Unidos para independizarse de España a finales del siglo XIX. Empresas estadunidenses llegaron a controlar sectores como el energético, las comunicaciones y las finanzas. Miles de turistas viajaban a Cuba cada mes y la mafia asentó en la isla una de sus plazas fuertes con casinos, cabarets y hoteles.

En 1960, al calor de las reformas de corte socialista, las compañías estadunidenses fueron nacionalizadas, pero el entramado de influencias en la sociedad y la cultura persistieron.

Todavía se lee "Woolworth" en letras de granito pulido en una acera habanera que albergó a la famosa tienda estadunidense de los cincuenta. Esa misma compañía creó los "Tencet", una denominación que todavía usan los cubanos, y una "R'' y una "K'' asoman por detrás del cartel del "Banco Metropolitano" en lo que solía ser el National City Bank de Nueva York.

En la esquina de San Rafael e Industria de La Habana, los carteles gigantes de la casa Phillips siguen ahí, aunque ahora sea la mueblería "América Libre".

Muchas personas pasan cada día en La Habana Vieja por encima de las tapaderas fundidas de hierro de la Compañía de Electricidad de Cuba, en realidad una subsidiaria de Foreign Power Company y de las primeras en ser nacionalizadas en los años sesenta.

Más allá de la revolución, la cercanía geográfica, solo 150 kilómetros de distancia, permitió dar continuidad a la relación pueblo a pueblo.

Cuando a comienzos de los noventa se reorganizó la venta de gasolina a conductores particulares y se creó la estatal Cuba-Petróleo, el lema de decenas de gasolineras en todo el país fue: "friendly service 24 hours" y a nadie le pareció extraño.

Expresiones de uso popular como "metió un jonrón" para indicar un logro, llegaron de la mano de otra de las más importantes herencias de Estados unidos en Cuba, el béisbol.

Aquí se usa la libra para medir en vez de los españolizados kilos.

"La cultura cubana comparada con otras latinoamericanas y caribeñas está entre las más americanizadas", explicó Ted Henken, experto en temas de la isla del Baruch College en Nueva York.

En los años setenta, tiempos donde todo lo procedente de Estados Unidos era considerado ideológicamente incorrecto en Cuba, jamás se prohibió el cine estadunidense. En la isla disfrutaron la saga completa de "El Padrino" y de niños vieron a Mickey Mouse y Betty Boop en televisión.

El cantante Benny Moré, que todavía tiene centenares de fanáticos y es considerado una estrella de culto, copió la estructura del jazz-band estadunidense cuando creó su agrupación en los cincuenta. Después del triunfo de la revolución en 1959, el pop y el rock no solo llegaron a los oídos de los isleños, sino que sus músicos se apropiaron de cierta sonoridad.

En la literatura, escritores de los llamados "novísimos" de la década de los noventa como Amir Valle, Pedro Juan Gutiérrez o el laureado Leonardo Padura bebieron en plena crisis económica de la obra de Tom Wolfe o Charles Bukowski, y desarrollaron temas hasta entonces insospechados entre los creadores de la isla: la sexualidad heterodoxa, la marginalidad, el travestismo.

Incluso ahora, con las dificultades de conectividad de internet en Cuba, pasándoselos de memoria en memoria, los cubanos no se pierden series clásicas como "Friends", "Dr. House" y hasta la octava temporada de "The Big Bang Theory".