Domina la incertidumbre entre los electores griegos

Los comicios generales que se realizarán este 25 de enero giran en torno a si se apoyará a la izquierda radical de Syriza.
Alexis Tsipras encabeza las encuestas para convertirse en el próximo primer ministro.
Alexis Tsipras encabeza las encuestas para convertirse en el próximo primer ministro. (Alkis Konstantinidis/Reuters)

Atenas

Cuando faltan once días para las elecciones en Grecia y las encuestas siguen dando una ventaja a Syriza, aunque no rotunda, en la calle se respira una división entre los que ansían un cambio y los que temen nuevos experimentos. A todos les une el miedo a que no haya un vencedor claro.

Muchos griegos son partidarios de un cambio radical, no solo por la asfixia de los seis años de crisis económica, sino porque se sienten defraudados de una Europa que consideran insolidaria, aunque también hay muchos ciudadanos a los que les da pavor que los sacrificios que han hecho hasta ahora no hayan servido para nada.

"Ha llegado el momento del cambio, no solo en Grecia sino en toda Europa. Tal y como funciona ahora la Unión Europea (UE), no vamos a ninguna parte. Si fuéramos una empresa con tres socios y uno tuviera problemas, no le dejaríamos en la estacada, sino que le respaldaríamos, ¿no?", dice Amin, propietario de una lavandería.

"Lo que haríamos es prestarle dinero, porque de lo contrario nos perjudicaríamos a nosotros mismos, como socios suyos que somos. Y no quiero decir con eso que no tenga que devolvernos las deudas, pero en condiciones llevaderas", añade y asegura que ha optado por votar a Syriza porque Grecia ha llegado a una situación en la que tiene que ser el motor de un cambio radical en toda Europa.

Yórgos, propietario de un cine, que dice haber votado desde siempre a la izquierda, sostiene que votará por Syriza, pese a que cree que su líder, Alexis Tsipras, tendrá que hacer muchas concesiones y aliarse con otros partidos si quiere gobernar y por ello necesariamente tendrá que defraudar a muchos.

También él asegura que la UE necesita un giro radical, pues ha perdido todo espíritu solidario. "No somos un equipo", sentencia, para añadir que un cambio en Grecia sería bueno porque podría dar un impulso a otros países, como España, donde se dice simpatizante de Podemos.

Las encuestas apuntan a que el partido izquierdista Syriza, con una ventaja de por lo menos tres puntos sobre los conservadores de Nueva Democracia —partido del primer ministro Andonis Samarás— será la fuerza más votada.

Sin embargo, no se debe pensar que toda Grecia está volcada en Tsipras, y en la calle se palpa que esa distancia se ha acortado.

Hay mucha gente que piensa que a estas alturas del partido y después de tanto sacrificio sería un error echar todo por la borda y apostar por un futuro que muchos consideran incierto.

"Por primera vez en mi vida voy a votar por Samarás, porque no me fío de Tsipras y porque en mi entorno de amigos veo que algo ha cambiado este último año. Algunos han encontrado trabajo y han recuperado algo de esperanza", dice Manolis, de 32 años, empleado de un estacionamiento.

El taxista Kostas considera que no es el momento de hacer nuevos experimentos, porque, dice, "Grecia ha entrado en una fase de estabilidad", aunque las cifras económicas todavía no hayan mejorado demasiado.

"No sabemos exactamente qué haría un gobierno liderado por Tsipras, como tampoco sabemos con quién haría coalición", dice Kostas, quien asegura que votará por el gobierno actual.

Lo que une a Kostas a otros muchos griegos, independientemente del partido al que vayan a votar, es la sensación de que las urnas no arrojarán un resultado claro y que el ganador no estará en condiciones de formar un gobierno.

"Yo personalmente no creo que haya un claro vencedor y creo que ocurrirá lo mismo de la última vez, que habrá que repetir las elecciones", comparte Thanasis, camarero de una pequeña taberna de barrio.

Con ello alude a las generales de 2012, cuando la primera convocatoria en mayo dio como vencedora a Nueva Democracia, pero con menos del 20 por ciento, lo que le imposibilitó formar gobierno.

Un mes después, los griegos volvían a darle la victoria, aunque con cerca de un 30 por ciento, resultado que sirvió como base para una coalición con los socialdemócratas y la izquierda moderada.

Esta última abandonó el tripartito un año después.