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Viernes , 20.07.2018 / 02:25 Hoy

“El racismo en EU boicotea hasta sus propios mitos”

Erika Pani, doctora en Historia y profesora del Colegio de México, conversa con MILENIO sobre su nuevo libro titulado Historia mínima de Estados Unidos de América.

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Irene Selser

Tras más de una década de enseñar la historia de Estados Unidos en el prestigioso Colegio de México (Colmex), la doctora Erika Pani, también directora del Centro de Estudios Históricos de ese centro, acaba de publicar un libro no solo didáctico sino muy oportuno: la Historia mínima de los Estados Unidos de América, otro título de la Colección Historias Mínimas, donde la también doctora en Historia se dio a la tarea de compendiar en menos de 300 páginas más de dos siglos de historia norteamericana.

En entrevista con MILENIO, Pani dice sentirse satisfecha de haber podido construir “una narración coherente” para que el lector mexicano e hispanoamericano entienda mejor la historia de un país que, además de ser vecino de México, sigue siendo la primera potencia mundial.

Dos cosas le parecieron particularmente importantes a Pani al momento de encarar el libro: la primera fue “ desarmar la idea de que el país es un ente monolítico, con una lógica que normalmente pensamos es el individualismo, el liberalismo a ultranza, el capitalismo y rescatar la diversidad de actores que hay en esa sociedad”. La segunda: “recuperar cómo es un país que se construye desde su fundación en 1776. Me interesaba mucho mostrar esta dimensión de experimento, de ensayo y error que conlleva la política de Estados Unidos desde la independencia, pero incluso en la construcción del mismo régimen colonial británico en el norte de América”.

Para Pani, que aborda y desmenuza los mitos del “coloso del Norte” con toda su carga de falsedad disfrazada de verosimilitud como es la esencia de los mitos, “uno que sigue siendo muy poderoso es esta idea de la apertura del país como ‘esbozo del futuro de la humanidad’, entendido esto como la nación de las oportunidades disponibles para todos, aunque a lo largo de la historia se muestra que esto es falso básicamente por el racismo, en muchos casos un racismo institucional muy entrado el siglo XX en los estados del sur”.

A propósito del racismo y acercada la historia a la actual coyuntural electoral, Pani considera que “lo que vemos reflejado en la popularidad de Donald Trump son sectores que sí creen en el mito de las oportunidades, de la prosperidad alcanzable, pero que esto debe funcionar sobre todo para ellos, mientras rechazan el discurso político que quiere ‘igualar la cancha de juego’, por decirlo de alguna manera”. El electorado de Trump, agrega, blanco y de clase media, “siente que lo que están reclamando estas minorías raciales, estos migrantes recientes, las mujeres, es que ‘les hagan el favor’ y para ellos eso va en contra de la igualdad, en contra de la cultura del esfuerzo y eso es profundamente injusto y por lo tanto profundamente antinorteamericano según su lógica”.

De acuerdo con la autora de Para mexicanizar el Segundo Imperio. El imaginario político de los imperialistas (2001) y El Segundo Imperio. Pasados de usos múltiples (2004), la llegada a la presidencia de un hombre como Barack Obama, que en otro momento se hubiera descrito como “de color” y que nace en 1961, “un año en el que su padre no hubiera podido sentarse en el lugar que quisiera en un restaurante o un autobús en el sur, es un parteaguas importantísimo, que nos habla de un cambio profundo, de lo que es posible” en Estados Unidos.

Obama, dice, supone “una ruptura importante para lo que ha sido la tradición del país y sobre lo que debe hacer el Estado, pero los efectos han sido contenidos por esta manera cotidiana muy usual de hacer política. No ayuda que haya sido un periodo de crisis y si bien es una revolución, sus efectos palpables para el ciudadano de a pie no son tan profundos como cuando se habla de una ruptura cultural”.

Para Pani, además, el hecho de que el Partido Republicano tenga como candidato “a un hombre de la vulgaridad de Donald Trump, tiene que ver con el racismo de un sector de la sociedad que, aunque no lo dice, está indignada de haber tenido un presidente afroamericano”. Y la idea de que “America ya no es grande, tiene que ver con eso: ya no es grande porque no somos nosotros los que estamos en el centro de la atención política”.

Ciertamente, afirma la autora, “ha habido un descenso del nivel de vida de la clase media baja, que tenía expectativas de mejora a lo largo de su vida laboral y la incertidumbre económica también juega en alimentar lo que es una visión de alguna manera apocalíptica en cuanto que están rodeados de gente, las minorías, que la base electoral de Trump siente que no son como ellos”.

En la historia de EU, Pani encuentra dos candidatos semejantes a Donald Trump: William Bryan, que termina compitiendo por el Partido Demócrata y que será el secretario de Estado de Woodrow Wilson. Bryan quiere salvar “al hombre pequeño” de los monopolios y los bancos en poder de los hombres ricos de la Costa Este y se encarna como eso, “un salvador”. El otro candidato similar es George Wallace, el racista gobernador de Alabama opuesto a desagregación.

Y aunque la doctora Pani dice que “los historiadores somos los peores profetas”, al ser preguntada sobre los resultados de las urnas el 8 de noviembre, ella no cree que vaya a ganar Trump, pese a que Hillary Clinton sea una candidata “desafortunadamente muy poco atractiva, aunque sus errores y defectos se han exagerado”. El sistema político de EU “no tiene los mecanismos para impedir el triunfo de un candidato como Trump, por lo que hay que confiar en el buen sentido del electorado estadunidense”.

*Historiadora

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