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Martes , 16.10.2018 / 16:25 Hoy

El escenario post-París: ¿Hacia una transición energética global?

La Comisión Europea tiene la responsabilidad de poner en práctica los compromisos asumidos en París con el fin de promover una economía eficiente, sostenible y limpia en el plano energético.

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El acuerdo de París de diciembre de 2015 transmitió, sin duda, una clara señal, tanto al mundo empresarial, como a los decisores políticos, acerca del camino irreversible hacia las energías limpias y, en ese sentido, sirvió para constatar que está en marcha una transición energética global. Es evidente que no se conseguirá un modelo energético sostenible y limpio de la noche a la mañana. Ahora bien, lo que si necesitará dicha transición será más eficiencia energética y más energías renovables. En el camino que Europa debe recorrer para tener un modelo socioeconómico basado en energías limpias, el gas está llamado a jugar un papel de transición importante, debido a su menor capacidad relativa de contaminación frente a otros combustibles fósiles y, por tanto, su contribución significativa a la progresiva descarbonización de la economía europea. Vivimos en un contexto cambiante en el que la Unión Europea (UE) debe asumir el liderazgo que le corresponde, proponiendo medidas que garanticen una mayor seguridad en el suministro, así como una mayor transparencia en los acuerdos energéticos intergubernamentales y, desde luego, una adecuación a las normas comunitarias de todo el ciclo del gas en nuestro territorio. El objetivo, por un lado, debe ser el de prevenir y mitigar crisis posibles de seguridad en el suministro gasístico. En este sentido, la solidaridad entre los Estados Miembros de la UE y la cooperación transfronteriza deben ser elementos fundamentales de la estrategia para hacer frente a posibles crisis agudas en el suministro, permitiendo la creación de capacidades comunes de almacenamiento y el uso colectivo, llegado el caso, de las reservas estratégicas nacionales, complementando las de petróleo en instalaciones con capacidad de uso multicombustible. Por otro, la transparencia en los acuerdos entre gobiernos debe evitar que se pongan en peligro, tanto la seguridad en el suministro, como el propio funcionamiento del mercado interior de la UE. El papel de la Comisión Europea, a este respecto, es fundamental, teniendo la obligación de evaluar y expresar sus puntos de vista acerca de dichos acuerdos - ya sea entre Estados Miembros o entre estos y terceros - antes de que se concluyan y, en este sentido, los Estados Miembros deberán tener en consideración el análisis y las recomendaciones formales de la Comisión Europea. Europa es el mayor importador mundial de gas natural. Al mismo tiempo tiene unas disparidades regionales significativas, ya que mientras en el noroeste de la región los mercados son competitivos y están bien conectados, en los países del centro-este y en los del sur no ocurre lo mismo. Por tanto, ante una crisis de suministro, estos se verían seriamente afectados, ya que sus posibilidades de diversificación son menores. Con el fin de que todos los Estados Miembros de la UE puedan tener un acceso al gas natural licuado, así como a su almacenamiento, como fuente alternativa energética, la estrategia debe basarse en la construcción de una infraestructura para completar el mercado interior, con el fin de permitir a dichos Estados Miembros el acceso a los mercados internacionales de gases naturales licuados, ya sea directamente o bien a través de otros Estados Miembros. El objetivo debe ser el de anular los cuellos de botella, diversificar las fuentes de suministro y hacer competitivos los mercados menos desarrollados del centro-este y sur de Europa. Es indispensable promover mercados transparentes y libres en la UE. Para ello esta debe negociar, en el plano internacional, estrechamente con los países, tanto suministradores, como consumidores. En este contexto, Australia, Qatar, Nigeria, Egipto, Angola, Mozambique, Tanzania, Israel, Líbano, Irán, Iraq, Libia, Argelia, Estados Unidos y Canadá son países bien posicionados para que la UE dialogue y busque acuerdos de suministro. La eficiencia energética es crucial para una estrategia europea de seguridad energética. Simplemente hay que recordar que por cada un 1 % de incremento en la eficiencia energética, las importaciones de gas se reducen en un 2,6 %. Este dato pone de manifiesto la importancia de la “Estrategia Europea de Calefacción y Refrigeración” que afecta al 50 % del consumo de energía de Europa, del cual el 75 % depende de combustibles fósiles y tres cuartas partes del total del consumo de gas. Aproximadamente, el 90 % de los edificios europeos son ineficientes desde el punto de vista energético y un 50 % de estos tienen calderas de calefacción con una eficiencia por debajo del 60 %. Europa necesita una mejor implementación de la legislación existente, la promoción del uso de los fondos de la UE a estos efectos, así como una mayor concienciación del alcance del desafío al que se enfrenta la sociedad europea en su conjunto. El acuerdo de París tiene un significado importante en las políticas europeas en materia de energía y clima. Es necesario enfrentarse con decisión al desafío de la transición a una economía energética sostenible y limpia. Como impulsora de las iniciativas legislativas de la UE, la Comisión Europea tiene una especial responsabilidad en la puesta en práctica de los compromisos asumidos en París con el fin de promover en Europa una economía eficiente, sostenible y limpia en el plano energético.


*Senior Advisor de LLORENTE & CUENCA

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