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Martes , 23.10.2018 / 14:03 Hoy

El enemigo de las FARC que supo reescribir la historia

En la mira de Juan Manuel Santos siempre estuvo acabar con la guerrilla. Como secretario de Defensa abatió a los máximos líderes insurgentes y, sin embargo, entendió que no hay enemigo eterno y que era momento de pactar.

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El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, ha visto recompensados sus esfuerzos en pos de la reconciliación, pese al resultado del referendo del 2 de octubre, cuando fue desestimada la propuesta de acuerdo con la guerrilla de las FARC.

Nacido y crecido en los círculos del poder, el destino parece haber tenido reservado un papel más allá de la jefatura de Estado como el principal impulsor de un acuerdo para acabar un conflicto armado que hace más de medio siglo desangra al país.

Pese al revés, Santos ha mantenido el alto el fuego y ha reiterado su voluntad de incluir en el acuerdo a quienes políticamente se oponen, liderados por los ex presidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana.

“La historia nos mira. No nos perdonará si no intentamos acabar de una vez por todas con este desangre inútil”, manifestó en la inauguración de las sesiones del Congreso Nacional el 20 de julio de 2013, cuando la negociación con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en Cuba ya llevaba ocho meses de los 45 que finalmente duró.

Pero la paz no fue siempre su prioridad porque también subraya que “nadie le ha dado más duro a las FARC que este servidor”, refiriéndose a su gestión como ministro de Defensa (2006-2009), en la segunda presidencia de Uribe, y luego como jefe de Estado.

En sus cuentas está que, como ministro o como presidente, tuvo que ver con operaciones en las que murieron los que en su momento eran el número uno de las FARC, Guillermo León Sáenz Vargas alias Alfonso Cano (2011); el número dos, Luis Édgar Devia Silva alias Raúl Reyes (2008); el considerado jefe militar de esa guerrilla, Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño Suárez Mono Jojoy (2010), así como 63 cabecillas de frentes rebeldes.

Por eso, después de debilitar con golpes militares a las FARC, una guerrilla cuyos jefes parecían invulnerables hasta 2008, Santos consideró llegado el momento de plantear la negociación.

Esa “osadía” provocó la ruptura con Uribe, que lo había ungido como su candidato presidencial en 2010, y con un sector importante de la sociedad que no le perdona que haya cambiado el fusil por el ramo de olivo y lo acusa de “entregar el país a la FARC”.

Nacido el 10 de agosto de 1951 en el seno de una aristocrática familia bogotana, Santos conoce el poder desde la cuna ya que un tío-abuelo suyo, el liberal Eduardo Santos, fue presidente de Colombia en el periodo 1938-1942.

Su familia fue durante décadas propietaria de El Tiempo, el diario más influyente del país, donde comenzó su actividad como periodista y que alternó con una larga carrera en la administración pública coronada en 2010 al llegar a la presidencia, siendo reelegido en 2014 para un segundo periodo que culminará en 2018.

El presidente está casado con María Clemencia Rodríguez, con quien tiene tres hijos: Martín, María Antonia y Esteban.

Graduado en economía y administración de empresas en la Universidad de Kansas (EU) y con posgrados de la Escuela de Economía de Londres, la Universidad de Harvard y la Escuela Fletcher de Leyes y Diplomacia, también en Estados Unidos, Santos tiene un brillante currículo que lo preparó para llegar al poder.

En los años setentas trabajó en Londres como jefe de la delegación de Colombia ante la Organización Internacional del Café (OIC) y luego regresó al país como columnista y subdirector de El Tiempo.

Ha sido también ministro de Comercio Exterior (1991-1994) en el gobierno de César Gaviria y Designado Presidencial (1993-1994), cargo ya abolido y cuya función era asumir la jefatura del Estado en caso de ausencia del presidente.

Fue titular de Hacienda entre 2000 y 2002, en el gobierno de Pastrana, y ministro de Defensa de Uribe, cargo en el que lideró la aplicación de la política de Seguridad Democrática de su jefe y que le catapultó a la presidencia.

Con el olfato político que lo caracteriza, percibió que el péndulo de la historia se movía en dirección a la negociación y se embarcó en el viaje de la búsqueda de la paz que finalmente firmara en la caribeña Cartagena de Indias, donde se hizo marino en su juventud, con el líder de las FARC, Rodrigo Londoño Timochenko.

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