La ejecución del tío de Kim Jong-un: regresa la línea dura

La muerte de Jang Song-thaek, considerado el número dos del gobierno, significaría el retorno de la línea dura militar y un golpe a la esperanza de poner fin a la crisis de ese país.
Jang Song-thaek fue acusado de “traición” y condenado a muerte.
Jang Song-thaek fue acusado de “traición” y condenado a muerte. (Rodong Sinmun)

Pyongyang

Cuando Kim Jong-un decidió destruir a su poderoso tío (probablemente fuera por órdenes de los militares norcoreanos de línea dura) debió saber que no lo podía hacer de manera tentativa o encubierta.

Jang Song-thaek y su esposa Kim Kyong-hui (una hermana del difunto padre del dictador, Kim Jong-il) estuvieron en el núcleo del régimen por décadas, así que su remoción debía ser pública y con la mayor crueldad.

Cuando el ya fallecido Kim Jong-il supo que se estaba muriendo, nombró a Jang y a Kim Kyong-hui, las figuras más importantes en las organizaciones del Partido de los Trabajadores Coreanos, para servir como regentes y supervisar la transición del poder. Lo más importante, insistió en que se les dieran los rangos militares más altos, que controlan la mayor parte de la economía del país.

Durante toda su carrera, Jang estuvo a cargo de obtener el dinero para financiar al régimen. Lo hizo negociando asistencia exterior o vendiendo misiles, conocimiento nuclear, drogas u otro contrabando.

También fue el responsable de supervisar los intentos de reforma económica que inevitablemente requerirían de la transferencia de grandes porciones del complejo militar-industrial a la economía civil. En otras palabras, era el hombre a quien Pekín esperaba presentarle reformas de mercado al estilo chino, tales como zonas económicas especiales  en Kaesong, cerca de Corea del Sur y otras en la frontera con China.

Desde la muerte de Kim Jong-il Jang Song-thaek fue empujado a una lucha a muerte con otros militares de alto rango por el control de las industrias militares.

El año pasado, Jang pudo expulsar al jefe del estado mayor, mariscal Ri Yong-ho, de línea dura, y abolir el comité que controla los bienes económicos militares, incluyendo a sus lucrativos derechos de comercio exterior.

En aquel momento, la inteligencia surcoreana dijo que Ri fue herido cuando sus guardaespaldas abrieron fuego durante su arresto y que murieron unos 30 soldados. El mariscal fue responsable del bombardeo a la isla Yeonpyeong, en Corea del Sur, en noviembre de 2010 y se oponía a mejorar los lazos con ese país y con EU.

Pero antes de lamentar el fallecimiento de Jang y la suerte de su viuda, es importante recordar que nunca estuvieron comprometidos con impulsar reformas comerciales y abandonar el estalinismo. Fueron un par de homicidas que enviaron tanques para apagar el levantamiento durante la gran hambruna de los 90, cuando perecieron tres millones de norcoreanos.

Pero si la línea dura militar está nuevamente a cargo, y el presidente Kim Jong-un es su marioneta, entonces este es un golpe serio a cualquier esperanza de negociar un fin a la crisis norcoreana. Tal vez el país perdió los subsidios de Corea del Sur, Japón, EU y Rusia, de los que disfrutó en el auge de la “política del sol radiante”, pero todavía cree que con el apoyo de China puede utilizar la agresión militar para obtener, con extorsiones, la asistencia que tanto necesita.

Como sucedió en la Unión Soviética y en China, no se puede hacer nada para ayudar a los norcoreanos hasta que sus gobernantes decidan reducir el terrible peso de los gastos militares y los proyectos de megainversiones mal planeados.

Haber eliminado a Jang exigirá acabar también con los hijos y familiares de cualquier oficial apoyado por ellos durante sus largas carreras.

Al mejor estilo estalinista, la planeación de una purga masiva probablemente comenzó hace meses. Si una de las limpiezas más grandes en la historia norcoreana ya inició, muchos miles conectados directa o indirectamente con los “traidores” serán enviados a realizar trabajos forzados y a morir en los campos de concentración de Corea del Norte.