Una gorra rosa es el símbolo contra Trump

Durante la Marcha de las Mujeres que se realizará el sábado, el gorro rosa será parte de la vestimenta en símbolo de unidad y contra el gobierno del próximo presidente de Estados Unidos.
Los "pussy hats" tienen orejas de gato y son de color rosa.
Los "pussy hats" tienen orejas de gato y son de color rosa. (AFP)

Nueva York, Estados Unidos

La neoyorquina Wendy Peace deja escapar una lágrima mientras acelera el tejido del gorro rosa que como decenas de miles vestirá este sábado en la Marcha de las Mujeres. "Es mucho más que un símbolo contra Donald Trump, es un símbolo de nuestra unidad", "un llamado a la acción en defensa de nuestras conquistas”, asegura.

Como Peace, miles de mujeres estadunidenses tejen a contrarreloj por todo el país en una improvisada hermandad que ya ha producido más de 60 mil sombreros de lana rosa para la gran marcha prevista en Washington al día siguiente de la investidura del outsider republicano Donald Trump.

Todo empezó cuando dos tejedoras de California llamaron en internet a confeccionar sombreros con orejas de gato para hacer "una declaración visual colectiva y única" en la marcha. La respuesta fue masiva.

Los sombreros o "pussy hats", como se les llama en inglés, tienen todos orejas de gato: es un juego de palabras ya que "pussy" puede significar gatito o coño, con un tono peyorativo.

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La palabra recuerda directamente a un audio de 2005 filtrado en la campaña electoral en el cual el futuro presidente, conocido por su retórica polémica y divisiva, aseguraba que "cuando eres una estrella, (las mujeres) te dejan hacerlo. Puedes hacer lo que quieras. Puedes agarrarlas por el coño".

La organización del denominado "PussyHatProject" (www.pussyhatproject.com), liderada por Krista Suh y Jayna Zweiman, dijo haber recibido ya más de 60 mil sombreros para la marcha, en la que participarán estrellas como Katy Perry, Julianne Moore, Cher y Scarlett Johansson. Y hay miles más en camino.

Recuperar la palabra "coño"

En The Knitty City, una acogedora tienda de lanas de Manhattan, una veintena de neoyorquinas ya visten su sombrero rosa y charlan y tejen sin parar más sombreros para otras manifestantes.

Como la gran mayoría de los neoyorquinos, varias de estas mujeres apoyaron en las urnas a la rival de Trump, la demócrata Hillary Clinton, que perdió la oportunidad de convertirse en la primera presidenta de Estados Unidos.

"Vine a que me donaran un sombrero. Pero cuando vi la energía que había en esta habitación decidí quedarme, aunque no sabía tejer. Me están ayudando", cuenta Peace, una actriz que no quiere revelar su edad, mientras más mujeres -y un hombre- siguen entrando a solicitar sombreros.

"Es muy emotivo", dice. "Estamos tratando de recuperar la palabra 'coño' para nosotras. Lamentablemente a muchas nos agarraron por el coño y es muy importante mostrar al próximo gobierno que estamos juntas", añade.

Unidad femenina

"Esperamos un mar de sombreros rosa" en la protesta en Washington y también en las marchas que se celebrarán en muchas otras ciudades del país, incluido en Nueva York, dice Maxine Levinson, que enseña tejido en The Knitty City hace varios años.

"Tejer es una manera de aliviar la ansiedad, la rabia, te ofrece una conexión con tu comunidad, es muy terapéutico", explica esta mujer de 68 años que ya tejió 15 sombreros.

Para Levinson, el sombrero no es un símbolo contra Trump, sino que pretende "decirle al gobierno que no pueden quitarnos los derechos que ya tenemos".

"Y no solo queremos lo que tenemos, hay que luchar por más. Aún no tenemos igualdad en los salarios, y queremos cobertura de salud, no queremos que el gobierno nos diga qué hacer con nuestros cuerpos, queremos derechos para los inmigrantes, queremos el derecho al sufragio", enumera.

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Las organizadoras especifican el diseño del sombrero y el tipo de material a utilizar, como una lana fucsia de la empresa familiar uruguaya Malabrigo que se ha agotado.

Pero la creatividad explota, como demuestran en las redes sociales muchas tejedoras que cuelgan sus nuevos diseños, con sombreros en matices que van del rosa té al violáceo, mezclado a veces con negro.

Cecile Helgesen, de 49 años, teje sombreros junto a su hija Scarlett, de 10. Ambas asistirán a la gran marcha de Washington.

"Para mí es importante que Scarlett sepa que hay muchas mujeres que la apoyarán a ella, a mí, a su abuela, que juntas, en grupo, somos mucho más que un solo hombre", dice Helgesen.

Tejer "te enseña a relajarte, a hacer algo por ti misma, a tener resistencia e independencia. Son habilidades que Scarlett precisará en estos cuatro años, o Dios nos libre, en los próximos ocho", concluye.

JOS