Humillar a la gente, uno de los recursos preferidos de Trump

La ofensa parece ser un principios básicos de la forma en que se maneja el presidente de Estados Unidos, cuyos comentarios en público ventilan sus frustraciones con sus colaboradores.
El candidato demócrata, Donald Trump, quiere reunirse de nuevo con Enrique Peña Nieto.
Los últimos comentarios de Trump fueron contra el fiscal Jeff Sessions por "ser injusto contra el presidente". (AP)

Washington

El arte de la humillación parece ser un principio básico de la forma en que se maneja el presidente Donald Trump, cuyos comentarios sobre el secretario de Justicia Jeff Sessions son un ejemplo de la proclividad del mandatario a ventilar sus frustraciones con sus colaboradores en público.

Trump la emprendió contra Sessions en una entrevista publicada la semana pasada por The New York Times, en la que criticó al funcionario por abstenerse de intervenir en una investigación que lleva a cabo el FBI sobre los vínculos entre la campaña electoral de Trump y Rusia.

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El mandatario sostuvo que le decisión de Sessions era “muy injusta para con el presidente” y que hubiera elegido a otro para que encabezase el Departamento de Justicia se haber sabido que Sessions daría ese paso.

El lunes, por otro lado, Trump publicó un tuit en el que habló del “atribulado” secretario de Justicia.

Pocas horas después de que su yerno Jared Kushner declarase en el Congreso en torno a sus encuentros con funcionarios rusos, Trump se preguntó en un tuit “por qué las comisiones y los investigadores, y por su puesto nuestro atribulado secretario de Justicia, no están investigando los delitos y las relaciones con Rusia de la deshonesta Hillary (Clinton)?”.

A los ojos de Trump, Sessions cometió el peor de los delitos: no le fue leal al no avisarle de antemano que se abstendría de participar en la investigación sobre Rusia.

Sessions fue una de las primeras figuras del establishment republicano que apoyó la candidatura de Trump cuando pocos la tomaban en serio.

Observadores creen que los comentarios de Trump no buscan necesariamente forzar su renuncia sino que son una expresión de la frustración que siente.

Sessions, quien ha dicho que no piensa renunciar, no es el único miembro del gobierno que ha sido cuestionado por Trump.

Vistazo a otros funcionarios o allegados a Trump que fueron blanco de sus iras:

James Comey

Trump despidió a Comey como director del FBI el 9 de mayo por la investigación de los rusos. El presidente envió un colaborador al Departamento de Justicia para que informase a Comey, pero este se encontraba en California en un viaje oficial en ese momento y se enteró por la televisión.

Al día siguiente, durante un encuentro con funcionarios rusos, Trump describió a Comey como “un lunático” y dijo que su despido le había quitado “una gran presión” de encima, según informó el Times. En una entrevista con NBC News, por otro lado, Trumpafirmó que Comey era un “fanfarrón” que no desempeñaba bien su trabajo como director del FBI.

Steve Bannon

En una entrevista con el New York Post en abril, cuando Bannon tenía mucha presencia pública, Trump restó importancia al papel de su principal estratega en la campaña electoral diciendo que se había sumado a ella “a último momento”. Bannon asumió como director de la campaña en agosto del 2016. Cuando se hizo la entrevista, Bannon era una figura central en las intrigas internas de la Casa Blanca.

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Trump volvió a dar a entender que su papel no era tan importante al decir que “yo soy mi propio estratega”.

Reince Priebus

En marzo, el secretario general de la Casa Blanca acompañó a Trump a una reunión con altos ejecutivos de la industria automotriz en Michigan. Trump se maravilló ante las presentaciones de Volvo, Kia y otras compañías, y acto seguido dijo, “y ahora miren a Reince”, en un tono despectivo que generó risotadas.

“Debería dirigir una empresa automotriz. Probablemente debió dedicarse a eso hace tiempo”, agregó.

Poco después, no obstante, dijo que Priebus “ha hecho un trabajo muy bueno”.

Sean Spicer

Trump asestó un duro golpe a su secretario de prensa durante una visita al papa Francisco en el Vaticano en mayo. Spicer es un devoto católico, pero Trump no lo incluyó en el grupo de gente que se vio con el pontífice. Sí incluyó, en cambio, a su hija Ivanka y a su yerno Jared Kushner, que son judíos.

Nikki Haley

En un almuerzo con embajadores de los países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas Trump preguntó a todos si les caía bien la embajadora ante la ONU.

“Si no les gusta, la podemos reemplazar fácilmente”, acotó, generando sonrisas incómodas, incluida la de la propia Haley. “No, no vamos a hacer eso. Se los prometo. Ella está haciendo un trabajo fantástico”, añadió.

El senador Jhon McCain

McCain, ex aviador de la Marina que fue prisionero de guerra en Vietnam y a quien acaba de diagnosticársele un tumor cerebral, apoyó la candidatura de Trump a pesar de que este dijo que él no era un héroe de guerra porque había sido capturado. “Me gusta la gente que no fue capturada”, expresó el año pasado.

McCain rompió posteriormente con Trump luego de que circulase un video en el que hablaba despectivamente de las mujeres y dijo que no votaría por él.

Gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie

Trump se burló de la obesidad de Christie el año pasado durante un acto para recaudar fondos para pagar las deudas de su fallida campaña presidencial. El mandatario mencionó que una fábrica de galletitas de Nabisco iba a trasladarse de Chicago a México y que un aspecto positivo de eso era que Christie dejaría de comer galletas Nabisco.

“Ya no como Oreos. Y tampoco lo hace Chris”, afirmó entre las risas de los presentes. Trumpnombró a Christie director del equipo de transición, pero después de ganar la elección lo reemplazó con el vicepresidente electo Mike Pence.