El día en que Erdogan se juega su futuro

Las elecciones deben repetirse porque en las celebradas en junio pasado no se logró mayoría de gobierno, lo que podría significar el fin de la era Erdogan o allanar el terreno para que se imponga ...
Recep Tayyip Erdogan, ha sido desde 2003 el hombre fuerte del país.
Recep Tayyip Erdogan, ha sido desde 2003 el hombre fuerte del país. (Umit Bektas/Reuters)

Estambul

Estos días los carteles electorales muestran por doquier al primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, con una mirada amable y la frase: “No hay un tú o un yo, hay una Turquía”, instando a la población a la unidad en las elecciones parlamentarias de hoy.

Pero es difícil que ese mensaje de unidad prenda entre los votantes. Turquía está dividida entre los seguidores fervientes y los enemigos acérrimos del presidente Recep Tayyip Erdogan, aunque no se presente a estas elecciones, todo gira alrededor de su figura.

Los comicios, que deben repetirse porque en los celebrados en junio no hubo mayoría de gobierno, podrían ser el principio del fin de la era Erdogan o allanar el terreno para que se imponga como soberano casi omnipotente.

Acostumbrado a la ruta del éxito, en junio pasado el mandatario sufrió una dura derrota. Pese a haber hecho todo lo que podía durante la campaña (algo que la Constitución le prohíbe), su agrupación islámico-conservadora, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), perdió su mayoría absoluta en el Parlamento de Ankara.

El AKP cayó de casi del 50 por ciento obtenido en 2011 a menos del 41 por ciento. Pero esa cifra también habría alcanzado para la mayoría absoluta si no fuera porque la fuerza kurda Partido Democrático de los Pueblos (HDP), adversario irreconciliable de Erdogan, logró superar la barrera del 10 por ciento, lo que le permitió entrar en el Parlamento. El HDP hizo campaña con la promesa de obstaculizar a cualquier precio el sistema presidencialista que quiere imponer en el país Erdogan, con él en la cima.

Las negociaciones de coalición del AKP con el mayor partido de oposición, el Republicano del Pueblo (CHP, de centroizquierda) fracasaron, por lo que el presidente tuvo que convocar nuevas elecciones el 1 de noviembre. Sin embargo, las encuestas no le auguran un panorama mucho mejor al AKP ahora: según las últimas cifras, volvería a fallar en su intento por lograr la mayoría absoluta.

En ese caso, Erdogan deberá abandonar por tiempo indeterminado su proyecto de un sistema presidencialista. Mientras que el AKP es totalmente fiel a Erdogan, el presidente no tiene amigos entre sus potenciales socios. Además, sería poco probable que algún partido de coalición aceptara que fuese Erdogan el que defina el pulso del gobierno, algo que según la Constitución le corresponde al primer ministro.

Erdogan sabe que en un gobierno de coalición se verá arrinconado. Es más: bien podría ser que su socio exija investigar acusaciones de corrupción elevadas contra antiguos ministros y allegados del presidente del tiempo en que fue primer ministro.

Mientras tanto, el país está desde junio en una espiral de violencia. En julio resurgió el conflicto con el proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Turquía se ha visto sacudida por ataques de los que se responsabilizó alternativamente al PKK, a la milicia terrorista Estado Islámico (EI) y al grupo de extrema izquierda DHKP-C.