Tras el deshielo con EU, Cuba se prepara para lo peor

Hoy se cumplen dos años del anuncio que La Habana y Washington hicieron de reanudar sus relaciones; hoy impera la incertidumbre ante la llegada de Trump a la presidencia.
Donald Trump se ha acercado a la ultraderecha del exilio cubano en Florida.
Donald Trump se ha acercado a la ultraderecha del exilio cubano en Florida. (Evan Vucci/AP)

La Habana

Cuba y Estados Unidos cumplen hoy dos años de anunciar al mundo una inédita aproximación tras medio siglo de confrontación directa, que “podría saltar en pedazos” con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero, según los pronósticos más generalizadas dentro y fuera de la isla.

“Si acabas con todo lo que hemos creado, en esa transición (acentuada después de la muerte de Fidel Castro) va a triunfar la línea dura y nosotros queremos ver que los cubanos se sigan abriendo”, le advirtió esta semana a Trump el asesor de Seguridad Nacional Ben Rhodes, luego de entrevistarse con líderes cubanos a nombre del presidente Barack Obama, lejos de los focos de la prensa.

Muy lentamente, desde que Obama y el presidente Raúl Castro anunciaron a fines de 2014 el inicio de una nueva etapa en las hasta entonces convulsas relaciones bilaterales, los dos gobiernos han ido construyendo, entre desconfianzas y discrepancias profundas, un nuevo escenario de diálogo, con resultados tangibles en algunas esferas.

Empresas de telecomunicaciones, incluido el gigante Google, las principales compañías de cruceros y aéreas de EU, y el grupos hotelero Starwood ya están presentes en el mercado cubano.

No obstante, el grueso de ese sector empresarial, sobre todo los productores de alimentos, aún esperan que Washington afloje las prohibiciones todavía vigentes por el embargo, a fin de entrar a competir contra chinos, rusos, españoles y franceses que están aprovechado a toda velocidad la apertura económica iniciadas en 2008 por Raúl Castro.

En la lógica de Obama, la política de diálogo, intercambios y relaciones comerciales, le permitiría a Washington alcanzar lo que no se obtuvo en 54 años de confrontación directa, “acabar con el castrismo”, sobre todo cuando una nueva generación de políticos reemplazará en cinco años al llamado “liderazgo histórico de la revolución”, que se mantiene todavía en el poder en la isla.

Pero el punto de vista de Trump ha ido oscilando, desde plantear durante su campaña electoral que él habría “hecho un negociación más favorable a los intereses de EU” —no dijo que acabaría con el deshielo—, hasta anunciar tras la muerte de Fidel Castro —el pasado 25 de noviembre— que en su política hacia la isla tomaría en cuenta las demandas del exilio cubano ultraconservador, que busca anular todo lo alcanzado por Obama.

Para reconocidos analistas como el cubano Jesús Arboleya, “no parece” que la futura administración de Trump sea “un regreso a la de George W. Bush” (2001-2009), cuando la isla se preparó para una agresión militar directa, como le pidió al entonces presidente el exilio anticastrista, “después de que acabe con Sadam Husein en Irak”. Otros conocedores de la política de EU hablan de que el “sentido empresarial” de Trump terminaría por llevarlo a aceptar la nueva relación entre Washington y La Habana.

Sin embargo, en la isla, todo indica que el gobierno se prepara para el peor de los escenarios, tratando de avanzar en tres direcciones: disminuir la dependencia de sus multifacéticos vínculos con Venezuela; aprovechar la renegociación de su deuda con el Club de París y la normalización de relaciones con la Unión Europea a fin de crear la mejores condiciones posibles para que el empresariado europeo se consolide en el país; y abrirse más a China y Rusia.

“La crisis económica que vive Cuba hoy no es como la de los años noventa (…) pero es la más fuerte desde entonces”, considera el economista Carmelo Mesa-Lago, profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh.

En este contexto, nada indica, de momento, que las reformas económicas de Raúl Castro puedan ser frenadas por los nostálgicos de la era soviética, aunque desde el punto de vista político se observa un regreso a la retórica dura.

“Queda mucho por hablar y pelear todavía en este país”, dijo el miércoles el presidente Castro, antes de dar su total respaldo al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y llamar “a todos los pueblos” de la región a solidarizarse con el chavismo “en este momento de gran asedio y una hostilidad sin precedentes (…) de las oligarquías, el imperialismo y el neoliberalismo”.