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Martes , 23.10.2018 / 03:42 Hoy

Desfile militar imponente en China, "de nuevo un gran país en el mundo"

La China del presidente Xi Jinping, que aseguró que su país "no buscará jamás la hegemonía" y anunció una reducción de sus efectivos en 300 mil hombres, en un gran desfile con motivo del 70 aniversario del final de la II Guerra Mundial.

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La plaza de Tiananmen de Pekín fue escenario hoy de un imponente desfile militar con motivo del 70º aniversario de la capitulación de Japón, un evento que permitió que "China volviera a ser un gran país en el mundo", según su presidente Xi Jinping.

"La victoria total en la guerra antijaponesa convirtió de nuevo a China en un gran país en el mundo", declaró el presidente antes de anunciar una reducción de los efectivos del Ejército Popular de Liberación (EPL), el mayor del mundo.

"China no buscará jamás la hegemonía, como tampoco buscará extenderse. Nunca impondrá sufrimientos trágicos a otras naciones", aseguró Xi antes de pasar revista a las tropas chinas.

"Anuncio aquí que China reducirá sus efectivos militares en 300 mil hombres", declaró Xi, que se expresaba desde lo alto de la Puerta de la Paz Celeste, desde donde Mao Tse-tung proclamó el nacimiento de la China Popular el 1 de octubre de 1949.

Compuesto hoy en día por 2.3 millones de efectivos, el EPL ha sufrido importantes reducciones de efectivos en el pasado, a cambio de su modernización y un considerable aumento de su presupuesto. Unos doce mil soldados y 500 vehículos iniciaron acto seguido el desfile, sobrevolado por cerca de 200 aviones y helicópteros, símbolos de la fuerza creciente de China en la escena internacional.

Ausencia de líderes occidentales

Los ciudadanos destacaron por su ausencia en la ceremonia, televisada en directo pero reservada a invitados seleccionados cuidadosamente. Las autoridades habían decretado festivo y la capital, prácticamente desierta, fue puesta bajo un gran dispositivo de seguridad.

"Estoy decepcionado. Claro que por un lado estoy orgulloso, soy chino, pero creo que la gente se habría sentido más concernida si hubiese podido ver a los soldados y los tanques", dijo a la AFP Zhao Yufeng, un traductor.

Los principales dirigentes de las democracias occidentales, como el estadounidense Barack Obama o la alemana Angela Merkel, declinaron la invitación al desfile, así como el primer ministro nipón, Shinzo Abe, promotor de una revisión de la política pacifista de Japón que irrita a Pekín.

Japón, molesto con la retórica antijaponesa en torno al desfile, se declaró el jueves decepcionado por la falta de signos de acercamiento en el discurso pronunciado por el presidente chino.

"Tokio había pedido a Pekín que se asegurara de que el acontecimiento no fuera antijaponés y que contuviera elementos de acercamiento entre Japón y China. Es decepcionante que tales elementos no se encuentren en el discurso de hoy del presidente Xi Jinping", declaró el portavoz del gobierno nipón, Yoshihide Suga.

Ante jefes de estado de una treintena de países (ninguno occidental) y al son de bandas y coros que interpretaron temas militares y patrióticos, unos doce mil soldados, 500 vehículos y misiles y unas 200 aeronaves marcharon por la enorme avenida de la Paz Eterna (Chang An), en la simbólica plaza de Tiananmen.

El presidente ruso, Vladimir Putin, apareció junto a Xi, quien había visitado en mayo Moscú para un desfile similar, al que los responsables occidentales tampoco asistieron por el conflicto ucraniano. Bajo Xi, China busca afirmarse modernizando sus fuerzas armadas, aun a costa de fricciones con sus vecinos del Mar de China.

John Delury, experto en China de la Universidad Yonsei de Seúl, explicó a la AFP que la participación limitada de dirigentes extranjeros en las celebraciones chinas se debe a que son "un acontecimiento muy militarista y nacionalista".

Demostración militar

En el desfile fueron presentados, entre otros equipamientos y armas, una decena de misiles balísticos DF-21D, llamados "asesinos de portaaviones", según imágenes de la televisión estatal. Este proyectil suscita muchas especulaciones en los medios militares acerca de su capacidad para modificar la correlación de fuerzas en el océano Pacífico, coto tradicional de la 7ª Flota estadunidense.

Pero una portavoz de la diplomacia china, Hua Chunying, estimó que "las tropas chinas son tropas para la paz". "Cuanto más fuertes sean, mejor podrán garantizar la paz mundial", dijo el miércoles.

El ejército chino intervino en la guerra de Corea (1950-1953) para salvar al régimen de Pyongyang, después contra India (1962) y Vietnam (1979), antes de intervenir contra el levantamiento prodemocrático de estudiantes en la plaza de Tiananmen en 1989.

Casi un millar de soldados extranjeros, incluyendo un destacamento ruso, participaron en el desfile. La presidenta surcoreana, Park Geun-Hye, cuyo país estuvo colonizado por Japón, el presidente sudafricano, Jacob Zuma, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, figuraron asimismo entre los invitados. El ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, fue el único representante gubernamental de las grandes diplomacias occidentales.

Xi recordó en su discurso que los ocho años de guerra (1937-45) causaron a China 35 millones de muertos y heridos, pero terminaron en "la primera victoria completa" del país en tiempos modernos. Y en tono decididamente nacionalista recordó que la derrota japonesa "puso fin a la humillación nacional de China" a manos de agresores externos durante un siglo, una cuestión que aún persiste en la mentalidad china.

Tras la intervención de Xi, desfilaron durante 50 minutos unidades de soldados a pie (incluyendo unos mil extranjeros), vehículos blindados, unidades de misiles, cohetes convencionales y nucleares, drones y aviones y helicópteros de todas las armas.

Una buena parte de los sistemas de armamento son de última generación y fueron mostrados en público por primera vez, como el misil antibuque DF-21D o el bombardero de alcance medio H-6K, que dotan a las fuerzas chinas de capacidades ofensivas que nunca antes habían tenido.

Las unidades marcharon por una plaza de Tiananmen coronada de banderas rojas, con las gradas de espectadores frente a la entrada de la Ciudad Prohibida, sobre la que estaban Xi y sus huéspedes, por encima del retrato de Mao Zedong que preside permanentemente la puerta.

El público -que accedió exclusivamente por invitación oficial y soportó horas al sol por cuestiones de seguridad- se hartó de hacer fotos y selfis con lo último de la tecnología bélica nacional y con la fotogénica puerta de la Ciudad Prohibida como fondo.

Y es que los grandes desfiles en jornadas señaladas han quedado ya relegados a los países comunistas o que lo fueron (como Rusia el pasado 9 de mayo por el mismo motivo), pero siguen mostrando una preocupación detallista por el simbolismo y la iconografía, que en Pekín concluyó con la suelta de miles de palomas y globos por la paz.

Putin, en lugar preeminente

Entre los dirigentes extranjeros destacó el presidente ruso, Vladímir Putin, en un lugar preeminente y recibiendo las mayores ovaciones del público. Putin fue el líder foráneo más importante en un evento ignorado por los dirigentes occidentales, por lo que los presidentes más destacados, además del ruso, fueron los de Suráfrica, Bielorrusia, Kazajistán, Egipto o Venezuela.

Varios de los líderes que asistieron encabezan regímenes autocráticos y, en el caso de Sudán, su presidente, Omar al Bashir, está reclamado por la Corte Penal Internacional (CPI) por genocidio.

El desfile tuvo lugar únicamente para unos pocos miles de invitados y para los televidentes de China y el resto del mundo, ya que los habitantes de Pekín fueron instruidos para no presenciar en la calle el paso de unidades ni mirar desde sus ventanas.

Las medidas de seguridad fueron realmente draconianas, con las calles de Pekín prácticamente vacías, para un evento en el que las autoridades no repararon en gastos, declarando dos días festivos (hoy y mañana) y cerrando miles de fábricas y obras de la región para reducir la contaminación y lograr un cielo azul radiante.

El evento fue, sobre todo, una demostración de fuerza del Gobierno chino y en concreto del presidente Xi, quien, además de enseñar al mundo lo último en tecnología bélica propia, quiso, principalmente, mostrar a nivel interno la fortaleza de su poder político y militar.

Este desfile, el primero en China desde 2009, fue especial también porque hasta ahora ningún presidente había organizado uno tan pronto en su mandato (Xi asumió el cargo en marzo de 2013).

Un objetivo no previsto inicialmente ha sido devolver el orgullo a la población tras las explosiones del puerto de Tianjin, que volvieron a revelar la poca seguridad del rápido desarrollo industrial y la corrupción del país, pero también tras las graves crisis de los mercados financieros, que cuestionaron la solidez de la economía china y la madurez de sus bolsas.

Este desfile ha sido además el primero con la asistencia de un presidente chino y sus dos antecesores, ya que estuvieron Hu Jintao y Jiang Zemin, cuya imagen en las pantallas fue recibida con muestras de alegría por el público y quien a sus 89 años sigue desmintiendo rumores sobre su fallecimiento.

China organiza tradicionalmente un desfile militar cada diez años, pero coincidiendo con el aniversario de su fundación, el 1 de octubre de 1949. Japón invadió China en 1937 y se desencadenó una guerra que causó de 15 a 20 millones de muertos chinos.

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