El desastre humanitario en las ruinas de Gaza

Desde el 8 de julio, 1.8 millones de palestinos, cercados en 362 km2, se debaten entre la vida y la muerte.
Más de 50 mil gazatíes perdieron sus hogares por los bombardeos.
Más de 50 mil gazatíes perdieron sus hogares por los bombardeos. (Suhaib Salem/Reuters)

Franja de Gaza

Pese a una nueva tregua, la pesadilla de los habitantes de la Franja de Gaza no ha terminado. Cada cese del fuego se salda con un nuevo baño de sangre.

Amal Jababra, joven y frágil palestina de Rafa (sur), llegó el viernes, agotada, hasta los muros de una escuela de la ONU, mientras un diluvio de fuego se abatía sobre los barrios del este de la ciudad fronteriza con Egipto. El domingo, a mitad de la mañana, Amal volvió a vivir el horror cuando los estallidos de un misil israelí despedazaron la pierna de su marido, frente a la entrada del edificio. El ataque que, según el ejército israelí, estuvo dirigido contra tres miembros de la Yihad Islámica que circulaban en una moto, causó más de 10 muertos y 30 heridos entre los civiles.

Fue la tercera vez, el domingo, en los últimos diez días, que una escena de caos se produce en un centro de la Unrwa, el organismo de la ONU encargado de los refugiados palestinos, luego del ataque a las escuelas de Beit Hanun y Jabaliya (norte). "Esta locura debe cesar", declaró el titular de la ONU, Ban Ki-moon, al denunciar el domingo un "escándalo desde el punto de vista moral y un acto criminal". La Casa Blanca se dijo "consternada" por los "bochornosos bombardeos", mientras el presidente francés, François Hollande, consideró el ataque "inadmisible" y llamó a que los responsables de la carnicería "respondan por sus actos".

Mientras Israel se reposiciona en Gaza, el duelo y el terror siguen agobiando a los habitantes del enclave costero palestino, en particular en las zonas fronterizas, que siguen sometidas a fuertes bombardeos.

Luego de tres semanas de conflicto, desde el 8 de julio, la estrecha franja de tierra está al borde de un desastre humanitario sin precedente: 1.8 millones de gazatíes huyeron de sus casas; 280 mil refugiados se amontonan en las 84 escuelas de la ONU completamente saturadas. Una decena de hospitales fueron dañados por los bombardeos, agravando el balance de víctimas que hasta ayer superaba los mil 800 muertos y nueve mil heridos.

Calles enteras fueron borradas del mapa de Gaza, como en Beit Hanun (norte) o cerca de Jan Yunes (sudeste). El 29 de julio, el bombardeo de la única central eléctrica de Gaza añadió una nueva herida a las calamidades del territorio palestino. La distribución de agua en las viviendas está prácticamente suspendida, a falta de energía eléctrica para hacer funcionar los sistemas de bombeo. Los gazatíes deambulan días enteros, con bidones de agua en la mano, en busca de algunos camiones-cisterna que distribuyen agua potable.

En Rafa, la escuela de la ONU bombardeada el domingo y que acoge a más de tres mil refugiados está sin agua desde hace cuatro días. Las condiciones sanitarias son desastrosas. Los salones y los jardines mugrientos de las escuelas superpobladas muestran el doloroso espectáculo de la indigencia y la promiscuidad. Familias enteras se amontonan detrás de tapices desplegados como una rueda de la fortuna.

Sabha Walred está agotada. La noche anterior debió compartir un salón de clase con más de cien refugiados: "Tuve que dormir sentada, acurrucada en mi silla". Pero el momento más difícil para esta joven madre de 25 años sigue siendo cuando debe distribuir la ración diaria de comida: "Solo tenemos una al día. Tres panes, un poco de queso y un pequeño trozo de carne. La debo dividir entre mis cuatro hijos y mi marido".

Ella admite haber incurrido en el robo: "Tengo gemelos de un año y tienen necesidad de leche. Cada vez que puedo, saco envases de leche de las oficinas de la administración. No tengo opción".

El anuncio de un retiro progresivo israelí, en particular en Beit Lahiya, en el norte, no derivó en retornos masivos de los refugiados, detenidos por el terror legítimo de regresar y volver a quedar atrapados bajo las bombas.

Según la ONU, más de 50 mil gazatíes perdieron la totalidad de su vivienda. A ellos se suman otras 30 mil personas cuyas casas quedaron inhabitables. En un espacio golpeado como por un rayo, la familia Aghra eligió volver a vivir en algunas de las habitaciones aún utilizables de su casa, atravesada por un misil que redujo a un estado de ruinas la habitación vecina.

"Tuve que volver. La casa, para un palestino, es su dignidad. Tengo la suerte de que ella todavía está en pie, es lo esencial", relativiza Nahla Warsh, de 37 años. Sin agua ni luz, la supervivencia es una lucha cotidiana.

Junto a ella, su cuñado Abdullah, un joven profesor de 22 años, teme lo peor ante el desenlace del conflicto: "Si el ejército israelí se retira y nos deja en nuestra miseria, sin aceptar levantar el bloqueo que lleva siete años, nunca más nos podremos levantar. ¡Nos deberían rematar de una vez!".