• Regístrate
Estás leyendo: De las diferencias a las incidencias del peloteo
Comparte esta noticia
Jueves , 21.06.2018 / 10:27 Hoy

De las diferencias a las incidencias del peloteo

Una realidad: un mandatario yanqui hablando en vivo a los isleños a través de la televisión del gobierno comunista y el himno del otrora enemigo, ovacionado por miles de aficionados en La Habana.

Publicidad
Publicidad

La Aldea

Era el último día de Barak Obama en Cuba. Una jornada que tuvo un poco de todo, y que concluía aquí, en un estadio de beisbol junto a Raúl Castro, sí, uno de los hermanos Castro, los más antiestadunidenses entre los estadunidenses del siglo veinte, en un ambiente festivo, informal, con imágenes impensables apenas hace algunos meses: un presidente de Estados Unidos sentado en la primera fila de un parque de pelota cubano no solo escuchando su himno nacional, sino observando cómo más de 50 mil personas, antiyanquis de siempre, ovacionaban el canto más que el suyo propio. Sí, se terminó el último vestigio de la guerra fría entre Estados Unidos y Cuba...

***

El presidente de Estados Unidos no podía irse sin tener una reunión con opositores al régimen cubano. Y así lo hizo: Obama estuvo con algunos de ellos, una docena, como Berta Soler de las Damas de Blanco y Guillermo Fariñas. Se encontraron en la embajada de su país y ahí el mandatario habló del tema que más incomoda al gobierno cubano: los derechos humanos. Obama soltó frases como estas:

—Aquí hay personas que han sido detenidas... —se refirió a los presos políticos sobre los cuales Raúl Castro había dado a entender la víspera que no existen: "Deme la lista con sus nombres y los suelto si existen", le respondió a un periodista que, frente a Obama, le preguntó al respecto.

—Mi compromiso con Cuba no es solo reunirme con el presidente (Raúl) Castro, sino escuchar a la población y asegurarnos que tienen una voz... —también dijo Obama en su reunión con los disidentes.

Muchos apostaron a que no ocurriría ese encuentro. Pero todo ha sido nuevo en este viaje, y ese tema, el del sistema de un solo partido político, y el de que solo existe una prensa oficialista, no podía ser omitido por el estadunidense...

***

Barak Obama no podía irse de La Habana sin hablarle a los cubanos... a través de la televisión nacional. ¿Cuántos presidentes de su país soñaron en Washington D.C. con hacer algo así, y no a través de las clandestinas e intervencionistas emisiones radiales?

Así que ahí estaba Obama, hablando por la televisión cubana, desde el Teatro Nacional Alicia Alonso. Les enviaba una especie de mensaje a la nación. Les pedía acercarse a quienes abandonaron la isla para vivir en Estados Unidos, muchos de los cuales fueron desestabilizadores del régimen, según el Partido Comunista de Cuba.

—La reconciliación de los hijos y nietos de la revolución y de los hijos y nietos del exilio es fundamental para el futuro de Cuba... —sintetizaba de manera contundente Obama.

Y ahí mismo, en el Palco de Honor, lo escuchaba ni más ni menos que... el presidente Raúl Castro, el hermano de Fidel, el más aguerrido antiimperialista, quien tuvo que observar que, durante su discurso, a Obama le aplaudieran... 24 veces.

Así los tiempos de hoy: los otrora enemigos acérrimos, diciéndose, aunque fuera sutilmente, de todo. Y luego, aplaudiéndose y riéndose...

***

Barak Obama no podía irse de La Habana sin ir a un estadio para ver un partido de beisbol, un juego de pelota, como cualquier padre cubano con su familia, y ahí estuvo, solo que este encuentro no era algo habitual: un equipo de las Grandes Ligas, las Mantarrayas de Tampa Bay enfrentaban al equipo nacional de Cuba, que perdió 4-1 con los poco diplomáticos visitantes, que eran observados en las gradas por un gran pelotero, el ex capitán Derek Jeter, el ex capitán de los Yanquis, uno de los más grandes shortstop de la historia.

Y ahí estaba Obama, escuchando el himno nacional de Cuba y el de Estados Unidos, el más ovacionado, por cierto, gracias a la generosidad de los cubanos. Y no eran cubanos comunes, porque nadie pudo asistir al estadio de 50 mil personas si no fue con invitación, lo que no causó gracia en el cubano de a pie que suele pagar entre uno y cinco pesos por partido. No, aquí la cosa era por invitación. Y los invitados eran gente del régimen.

Pero bueno, ahí estaba Obama, feliz, saludando a unos y otros, parándose de su asiento para palmear a algunos más en las gradas de las primeras filas atrás de Home, mascando chicle (solo le faltó la cerveza y el hotdog), cantando y marcando safe en home con sus largos brazos cuando, luego de un hit productor con dos hombres en base, Tampa Bay quitaba los ceros en la pizarra.

Ahí estaba Obama con sus hijas Malia y Sasha y su esposa Michelle, haciendo... la ola. Sí, la ola junto a decenas de miles de cubanos eufóricos, acompañados del mismo Castro que había escuchado sus reclamos políticos y sociales y que también se palmeaba en broma con el presidente estadunidense cuando comentaban las incidencias del peloteo.

Se fue. Se fue Obama montado en La Bestia por las calles habaneras. Quién lo hubiera pensado. Se fue a su Air Force One. Quién lo hubiera pensado, cuando todavía existe Guantánamo y no ha terminado el bloqueo. Se acaban, se terminan los últimos vestigios de la guerra fría...

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.