Entre bromas y sol, los cubanos dejan en el pasado la 'guerra fría'

Días antes de entregar el poder a John F. Kennedy, el presidente de EU Dwight Eisenhower rompió relaciones con la isla, aliada de la Unión Soviética en plena confrontación bipolar.

La Habana

Era 3 de enero de 1961. Las 20:30 horas. Faltaban unos días para que el presidente Dwight Eisenhower traspasara el poder a John F. Kennedy. A partir de ese momento, hace 54 años, se rompieron las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la Cuba del comandante Fidel Castro, apenas dos años después de que triunfara la Revolución cubana.

Eso se acaba este lunes desde las 9:00 horas (tiempo de México) tanto en Washington D.C. como aquí en La Habana: ambos países escogieron el 20 de julio para reabrir sus embajadas. El último vestigio de la guerra fría en el continente americano empezará a quedar atrás en el momento en que funcionarios de ambos países abran las puertas de sus respectivas sedes diplomáticas.

Durante las horas previas a este acontecimiento, calificado por funcionarios cubanos como "histórico", la vida transcurrió con normalidad en La Habana. Ayer fue un domingo cualquiera. Los habaneros, ataviados de ligeras ropas veraniegas, fueron al Malecón como cada fin de semana. Se sentaron a mirar el mar, a beber, a platicar, uno que otro a cantar y bailotear. Las parejas se abrazaban, los grupos de jóvenes ligaban sin cohibirse. Unos más pescaban desde las rocas.

En La Habana Vieja ocurrió algo similar: cientos de cubanos se desplazaban hacia las callejuelas para pasear junto a numerosos cardúmenes de turistas, casi todos europeos. En muchas calles surgían las interminables colas para comprar un helado, para mirar cuadros de exposiciones callejeras o comprar ropa.

Frente al edificio de la Oficina de Intereses de Estados Unidos, que ya volverá a ser embajada como en los años de 1950 bajo el dictador Fulgencio Batista, algunos turistas extranjeros se tomaban selfies. Es una mausoleo que recuerda otras épocas donde había crisis de misiles de por medio e intentos de invasión fracasados.

Pero este domingo las pláticas giraron alrededor de las esperanzas que genera el acontecimiento diplomático entre los cubanos de a pie: el anhelo de que algún día acabe el embargo económico que ha despedazado la economía local, que en aquellos tiempos y hasta la caída del Muro de Berlín dependía de la asistencia de la entonces llamada Unión Soviética.

—Obama va a venir a pasar vacaciones en Varadero. Y con él va a traer todos los dólares yanquis... —dijo entre carcajadas un viejo sesentón que es taxista aeroportuario.

Su frase es la síntesis del sentimiento, de la ilusión que hay en este país por lo que pueda ocurrir a partir de este día. Aunque claro, los cubanos son gente politizada e informada sobre lo que ocurre en el exterior y un cuarentón que se dedica a alquilar casas para turistas lanza una cubetada de agua fría durante una acalorada discusión acompañada del hirviente café de su país.

—Oye, no va a cambiar nada. Obama no puede acabar con el embargo. Eso lo decide el Congreso. Y el Congreso de Estados Unidos es republicano. Y los republicanos responden a los intereses de los que viven en Miami y no van a levantar el embargo. Tenemos que esperar a que Hillary Clinton gane las elecciones y a ver si los demócratas tienen mayoría y suspenden el embargo. Mientras tanto, no pasa nada, chico. Más nada...

Por lo pronto, donde no va a pasar nada hoy es en esta ciudad: como el acto principal se llevará a cabo en Washington D.C. entre el secretario de Estado, John Kerry y el canciller cubano Bruno Rodríguez, la sede estadunidense no tiene previsto ninguna ceremonia. La harán, según ha trascendido aquí, cuando el diplomático de Estados Unidos venga a La Habana para inaugurar oficialmente su embajada, lo cual se tiene previsto que ocurra en algún momento de agosto.

Así que en el enorme manifestódromo que está ubicado en el Malecón frente a la hasta hoy Oficina de Intereses, conocida como la Tribuna Antiimperialista, donde durante décadas cientos de miles de cubanos solían venir a protestar "por los embates de los yanquis" contra la Revolución cubana, no habrá nadie para observar si la bandera de Estados Unidos es izada o no, o habrá que esperar hasta la visita de Kerry.

Aunque bueno, con los cubanos nunca se sabe...