Tsipras regresa a una Grecia desilusionada

Tras el logro con la eurozona, el premier se enfrentará ahora a una clase política dividida y un electorado decepcionado.
El primer ministro dijo que su gobierno enfrentó una “dura batalla”.
El primer ministro dijo que su gobierno enfrentó una “dura batalla”. (Christian Harman/Retures)

Después de no haber logrado cerrar un acuerdo para Grecia que le permitiera salvar la cara tras maratónicas reuniones en Bruselas, el primer ministro Alexis Tsipras regresó a Atenas, donde deberá enfrentar a un electorado desilusionado y a una clase política dividida.

Las reacciones al anuncio de Grecia con sus acreedores y los líderes de los otros 18 miembros de la eurozona no eran exactamente elogiosas. Los griegos se manifestaron desilusionados, después de que en el referendo del 5 de julio rechazaran las políticas de austeridad.

Algunos se mostraron en desacuerdo con elementos específicos del nuevo acuerdo, que Tsipras elogió por incluir la reestructuración de la deuda y mantener activos clave en un fondo griego en lugar de enviarlos al exterior, mientras que muchos cuestionaron que se haya dejado de lado la opinión de los griegos.

"Me entristece ser europea. Me habría gustado que me dejaran ser griega. Lucharé por eso", dijo Katerina, una ejecutiva informática de 40 años.

La sensación provocó que miles de personas utilizaran en las redes sociales el hashtag #ThisIsACoup (Esto es un golpe), que se refiere a la postura inflexible de los socios de Grecia en la eurozona, principalmente Alemania, que ofrecieron un acuerdo "tómalo o déjalo" que podría derivar en una pérdida de soberanía fiscal para Atenas.

"Cinco años de simulación y de extender una posición insostenible. Ahora #ThisIsACoup en Grecia para justificar más de lo mismo", escribió el empresario Thomas Papanikolaou en Twitter poco después de que alcanzara un acuerdo en Bruselas.

El acuerdo también registra una importante resistencia dentro de la clase política griega. Algunos miembros de la coalición de Tsipras dijeron que las condiciones del acuerdo son "catastróficas", lo que anticipa el acalorado debate que podría darse esta semana en el Parlamento cuando se vote el nuevo rescate y las reformas acordadas.

Después del fuerte apoyo obtenido con su victoria en el referéndum, Tsipras recibió el sábado el mandato de los legisladores para negociar un tercer programa de rescate con los acreedores. El jefe de gobierno tiene el apoyo político necesario para lograr la aprobación del acuerdo, pero enfrenta una situación conflictiva dentro de su coalición y la resistencia del presidente del Parlamento.

Los más radicales, alentados por la posibilidad cercana de que el país salga de la eurozona, convocaron a nuevas protestas, ante el claro desencanto con medidas que hicieron que la economía de Grecia se redujera casi un 25 por ciento en los últimos cinco años.

La grieta hizo que Tsipras tuviera que apoyarse en la cooperación con partidos de oposición pro europeos, ya que sus socios de coalición le retiraron el apoyo. Y todo mientras en su partido Syriza comienzan a verse señales de división.

Nikos Filis, vocero parlamentario de Syriza, dijo que todos los que estén en desacuerdo con la línea asumida en los últimos días por el partido oficial deberían renunciar.

Filis se refirió en particular a dos ministros que se abstuvieron y no votaron "sí" en el debate parlamentario del sábado para otorgarle un mandato negociador a Tsipras.