¿Se convertirá Yemen en el próximo Irak?

Chiitas hutíes, con supuesto apoyo de Irán, buscan dominar un área controlada por la sunita Arabia Saudí.
Musulmanes chiitas muestran sus armas en la ciudad de Saná.
Musulmanes chiitas muestran sus armas en la ciudad de Saná. (Khaled Abdullah/Reuters)

Adén

La residencia del presidente yemení en Adén está situada junto al cráter de un volcán inactivo, en un terreno con vista al mar. Allí se trasladó hace casi un mes Abed Rabo Mansur Hadi, después de que los rebeldes chiitas hutíes lo retuvieran durante varias semanas en la capital, Saná.

La mañana de ayer los rebeldes llegaron a 50 kilómetros de esta ciudad portuaria, conquistaron una base aérea que también empleaba el ejército estadunidense y tomaron como rehén al ministro de Defensa.

En la tarde, un avión de combate lanzó misiles contra la residencia de Hadi, según indicó el portal de noticias Aden al Ghad. Con la intervención militar de Arabia Saudí (sunita), Hadi logró escapar y viajar a Egipto.

El martes, Hadi pidió en una carta abierta a Naciones Unidas una intervención militar. Desde hace meses los hutíes avanzan en el país y ahora parece que lo tienen finalmente bajo su control.

Hace tiempo que los adversarios más peligrosos de los hutíes ya no son los soldados del ejército de Yemen, sino las milicias yihadistas, también sunitas. La amenaza de un sangriento conflicto civil al estilo de Irak se cierne sobre la nación árabe.

Los hutíes son un clan chiita del norte de Yemen. Como seguidores del zaidismo constituyen una minoría entre los chiitas, pero también en Yemen, de población mayoritariamente sunita. Su nombre se lo deben a Husein al Huthi, que formó con sus seguidores un movimiento político. Además, se sirvió del resentimiento antiestadunidense entre la población para iniciar una revuelta contra el presidente Ali Abdulá Saleh, respaldado por Washington. La revuelta se reprimió derramando mucha sangre y a Huthi lo mataron. Pero ahora los rebeldes han regresado bajo el mando del Abdel-Malek, hermano de Husein y, según los analistas, cuentan con la ayuda del que fuera su enemigo, el ex presidente Saleh.

La ONU congeló a fines del año pasado las cuentas de Saleh para evitar que siguiera influyendo en el devenir de Yemen.

Presidente del país durante más de 30 años, Saleh se vio obligado a dejar el cargo a comienzos de 2012 tras las multitudinarias protestas en el marco de la primavera árabe. Su segundo, Hadi, asumió como presidente y comenzó un diálogo nacional. Pero a mediados del año pasado, los rebeldes avanzaron hasta Saná, con 30 mil efectivos. En enero Hadi y otros colaboradores fueron colocados bajo arresto domiciliario y el presidente lo denunció como un golpe de Estado. Ahora los insurgentes han llegado al sur de Yemen.

Según el Soufan Group, centro estadunidense que asesora en temas de seguridad al país, se avecina una “iraquización”. Como al inicio de la guerra civil en Irak en 2009, en Yemen se da una peligrosa mezcla de fracaso gubernamental, grupos terroristas que ganan fuerza y conflictos tribales que se vienen arrastrando desde hace tiempo.

Al parecer, también Irán estaría apoyando en secreto a los hutíes. El estado chiita podría ganar así más influencia en el Golfo Arábigo. Pero la monarquía sunita de Arabia Saudí quiere que Yemen siga siendo un país pequeño y controlable.