Ex presidente egipcio Mursi, condenado a 20 años de cárcel

El derrocado presidente islamista de Egipto, Mohamed Mursi, fue condenado hoy por un tribunal a 20 años de prisión por el asesinato de manifestantes en 2012.
El ex presidente egipcio, Mohamed Mursi, durante un juicio en El Cairo el pasado 9 de marzo
El ex presidente egipcio, Mohamed Mursi, durante un juicio en El Cairo el pasado 9 de marzo (EFE)

El Cairo

El ex presidente islamista egipcio Mohamed Mursi, derrocado en 2013 por el ejército, fue condenado hoy a 20 años de prisión en un primer juicio por su implicación en episodios violentos pero escapó a la pena de muerte.

Junto con otros doce acusados, principalmente dirigentes de su cofradía de los Hermanos Musulmanes y de su gobierno, fue reconocido culpable de haber "usado la violencia, detenido y torturado a manifestantes" durante una manifestación el 5 de diciembre de 2012 en El Cairo.

Otros dos acusados fueron penados con diez años de prisión. Pero los quince fueron absueltos del cargo de incitación al asesinato de una periodista y de dos manifestantes durante esa manifestación, que dejó al menos diez muertos, incluidos simpatizantes de Mursi.

El veredicto parece relativamente clemente si se tienen en cuenta las penas capitales sistemáticamente pronunciadas en otros procesos judiciales contra los principales dirigentes de la cofradía islamista de Mursi.

Los abogados de la mayor parte de los acusados anunciaron que recurrirían la sentencia, precisando que, en el caso de Mursi, le pedirían antes su opinión. El expresidente, derrocado y detenido por el ejército el 3 de julio, siempre ha rechazado utilizar un abogado y, proclamándose "el único presidente de Egipto" en todas las audiencias, negó la legitimidad de sus jueces.

Sin embargo, Mursi se expone a la pena de muerte en tres de otros cuatro juicios pendientes, dos de ellos por "espionaje" y otro por haber escapado de la cárcel durante las revueltas de 2011.

Vistiendo el uniforme blanco de los detenidos, aislado de la sala del juicio y del resto de los acusados en una habitación protegida por barrotes e insonorizada con un doble cristal, Mursi se levantó y alzó los dos puños cuando se anunció el veredicto. Los otros acusados estaban confinados en otra habitación idéntica, también dentro de la sala de este tribunal, ubicado en la academia de la policía de El Cairo.

Ramy Ghanem, abogado de las familias de las víctimas, dijo a AFP a la salida del juicio que la absolución de los cargos de incitación al asesinato suponía "una sorpresa". "No lo esperábamos, pensábamos que serían condenados" al menos a la cadena perpetua, agregó.

La mayoría de los expertos y defensores de los derechos humanos, que consideran que la justicia está "instrumentalizada" por el poder del presidente Abdel Fattah al Sisi, el ex jefe del ejército que derrocó a Mursi, preveían penas capitales o de cadena perpetua para Mursi y el resto de acusados.

La organización de defensa de los derechos humanos Amnistía Internacional denunció que el proceso "es una parodia de la justicia" y dijo que el veredicto acaba con cualquier "ilusión de la independencia y a la imparcialidad de la justicia penal en Egipto". Por su parte, los Hermanos Musulmanes criticaron en un comunicado, "los veredictos de un poder ilegítimo que quiere imponer su tiranía".

Represión implacable

Desde el derrocamiento de Mursi, policías y soldados del nuevo poder han abatido a 1,400 manifestantes pro-Mursi y han encarcelado a más de quince mil de sus partidarios. Centenares, incluido el guía supremo de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badie, fueron condenados a muerte en procesos en masa expeditivos, unos juicios "sin precedentes en la Historia reciente", según la ONU.

Al Sisi fue elegido presidente en mayo de 2014 tras haber eliminado de la escena política a toda oposición, tanto islamista como liberal y laica. El régimen de Al Sisi, que disfruta de una gran popularidad entre la población, está considerado por las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos como mucho más represivo que el de Mubarak.

Si bien reconocen el gobierno de Al Sisi -Estados Unidos es su mayor aliado-, las potencias occidentales suelen hacerse eco del clima de represión que reina en Egipto.