Pese a la presión para dialogar, persisten los combates en Yemen

Pese a la presión para dialogar, persisten los combates en Yemen. Los rebeldes condicionan cualquier negociación a la detención previa de los ataques aéreos.
Según la OMS, la ofensiva deja ya más de un millar de fallecidos.
Según la OMS, la ofensiva deja ya más de un millar de fallecidos. (Hani Mohamed/AP)

Saná

Los bombardeos de la coalición árabe y los combates entre rebeldes hutíes y partidarios del presidente Abd Rabo Mansur Hadi proseguían ayer en Yemen, donde las presiones se acentúan sobre ambos bandos para que retomen el diálogo.

En la ciudad yemení de Taiz, en el suroeste del país, los combatientes leales a Hadi consiguieron el control del edificio de Correos, de la sede del Ministerio de Finanzas y de los barrios de Bir Basha y Wadi al Qadi.

En tanto, la coalición árabe, liderada por Arabia Saudita, intensificó sus bombardeos contra posiciones de los hutíes en el barrio de Al Huban, en el noroeste de Taiz.

Esta coalición lanzó tres ataques contra la sede de la brigada de la Guardia Republicana del influyente ex presidente yemení Alí Abdalá Saleh, en la zona de Al Arqub, en Jaulan, en el este de la periferia de Saná.

Esta sede era una base de los hutíes que utilizaban para preparar sus operaciones en la provincia adyacente de Maareb.

En las últimas horas se registraron en el sur del país más de 90 muertos, en su mayoría civiles, por causa de la ofensiva árabe.

El ex mandatario Saleh (1978-2012) pidió el viernes a sus aliados hutíes que "acepten y apliquen" la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU), que exige su retirada de las zonas conquistadas, en especial de Adén (sur), la segunda ciudad más importante del país.

Con esta petición y un llamado a dialogar, el influyente político a quienes siguieron siendo fieles numerosas unidades militares yemeníes que otorgan un apoyo crucial a los hutíes, busca detener los bombardeos de la coalición árabe.

Pero los rebeldes chiitas, que cuentan también con el apoyo de Irán, acusado de suministrarles armas, condicionaron cualquier negociación de paz a la detención previa de los bombardeos.

La solución a la crisis en Yemen es actualmente una misión clave para la ONU.

Por ello confirmó la nominación del diplomático mauritano Ismail Ould Cheikh Ahmed como nuevo enviado especial al país, tras la dimisión de su predecesor, el marroquí Yamal Benomar.

La situación de Yemen se volvió una de las más preocupantes para la ONU por la posibilidad de que haya una escalada armada en la región por la interferencia externa en la guerra entre los rebeldes y las autoridades legítimas.

A su vez, el gobierno de Estados Unidos, aliado de Yemen en la lucha contra el terrorismo, instó "a los hutíes y aquellos que tienen una influencia sobre ellos" —en clara referencia Teherán— a "unirse a la mesa de negociaciones".

Los insurgentes tomaron la capital Saná (norte) en enero y avanzaron luego hacia el sur del país hasta entrar el 26 de marzo en Adén, donde el presidente Hadi se refugió antes de huir a Arabia Saudita como el resto de su gabinete. Ese mismo día comenzó la operación aérea bajo el nombre de Tormenta Decisiva, liderada por Riad.

Si bien Arabia Saudita anunció el martes el fin de los bombardeos intensivos, se reservaron el derecho de intervenir nuevamente si los rebeldes seguían avanzando por lo que sus ataques persisten.

Más de un millar de personas, la mitad civiles, han perdido la vida en Yemen entre el 19 de marzo y el 20 de abril, según un balance de la Organización Mundial de la Salud (OMS).