Sistani, el clérigo chiita que puede salvar a los iraquíes /y II

El líder religioso emitió un decreto llamando a la unidad del país árabe, sin descartar la salida del premier Maliki.
Muchos voluntarios civiles se han sumado al ejército de Irak para luchar contra los yijadistas.
Muchos voluntarios civiles se han sumado al ejército de Irak para luchar contra los yijadistas. (AP)

Bagdad

Mientras en Irak se ha instalado el riesgo de una espantosa guerra civil, Sistani se ha visto llamado a jugar uno de los roles históricos que ya debió encarnar entre 2003 y 2005 [al inicio de la intervención militar de EU, N. del T.] proclamando, el 13 de junio, una fatwa [disposición legal] para apoyar al debilitado Estado y sus fuerzas armadas y oponerse a quienes califica de "takfiristas" [apodo de los yijadistas o radicales armados sunitas], que amenazan la unidad y el futuro de Irak. Esto condujo a una inmensa movilización, esencialmente chiita. El regreso de Sistani le permitirá pesar de manera directa o indirecta en la elección de un primer ministro entre los numerosos candidatos postulantes.

Algunos han salido de la coalición del Estado de Derecho de Maliki, como Tarek Najm, 68 años, su jefe de gabinete entre 2006 y 2010; Ibrahim al Jaafari, 67 años, ex líder del partido Al Daawa (en el poder desde hace diez años en Bagdad) y premier en 2005-2006; Qusay al Suhail, 46, académico, que fue cercano del joven clérigo Moqtada al Sadr.

¿Qué decía la citada fatwa? El estatus de Sistani reside en primer lugar en su autoridad religiosa y moral, que puede provocar una adhesión sin parangón, capaz de transformarse en un movimiento de dimensión histórica. A comienzos de 1920, el gran ayatolá Abu Esfahani llamó desde Nadjaf a rebelarse contra el colonialismo inglés, que se convirtió en dominador más que en liberador del yugo otomano. Tras su fatwa, fue proclamada la gran revolución de 1920, y el Mandato Británico sobre Irak y Siria [y Palestina] debió ser repensado, abriendo la vía al establecimiento de una monarquía y la formación de un gobierno nacional.

Desde entonces, ninguna otra fatwa de yijad (combate) había sido emitida desde Nadjaf, hasta la de Sistani a mediados de junio. El impacto del llamado fue resentido no solo en el universo chiita, sino hasta en Washington.

Además de su adhesión a la unidad de Irak y al proceso político, Sistani destaca la importancia de la unidad del chiismo. En caso de que Maliki sea reemplazo, no desea que se lance en su contra una cacería de brujas, y menos aun que se criminalice a los líderes políticos de la coalición oficial.

Sistani, quietista pero fino estratega, no se aparta de la línea política del Guía chiita iraní, el ayatolá Alí Jamenei, como tampoco busca enfrentarlo favoreciendo un candidato hostil a Irán.

Como sea, un nuevo primer ministro deberá ser mejor coordinador que Maliki, preservando la unidad de la casa chiita pero capaz de hablar con los kurdos, no amedrentar a los sunitas, tranquilizar a Irán y Turquía, ser abierto hacia el mundo árabe [en particular con las monarquías petroleras sunitas del Golfo Arábigo, empezando por Arabia Saudí], y mantener buenas relaciones con Washington.

Si los iraquíes en su diversidad son capaces de hallar ese candidato en algunos días o semanas, éste no solo será el hombre providencial Que salvará probablemente a su país, sino que también podría ser candidato al Nobel de la Paz...

En Irak no han cesado los combates entre las fuerzas oficiales y el grupo yijadista sunita Estado Islámico (EI), que desde junio intenta crear una zona ("califato") en toda la franja norte entre Irak y el vecino Siria, donde ha impuesto su ley; siendo su blanco principal la población chiita.

El Consejo de Seguridad de la ONU recordó ayer la prohibición del organismo de comprar petróleo a los yijadistas, que se han hecho del control de varios yacimientos de crudo en el norte de Siria y de Irak, y que para autofinanciarse mantienen una red de compradores ilegales.

La ONU aludió también al Frente al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, que combate al presidente Asad.