Las claves del éxito de Túnez: ¿ejemplo para el mundo árabe?

Origen de la 'primavera árabe', este país norafricano es el único que ha sostenido el aliento democrático de la revuelta.
En segunda vuelta, los tunecinos elegirán hoy a su presidente entre Moncef Marzuki y Beji Caid Essebsi.
En segunda vuelta, los tunecinos elegirán hoy a su presidente entre Moncef Marzuki y Beji Caid Essebsi. (Dominique Faget/AFP)

Túnez

Por qué Túnez ha sido el único país en el que la primavera árabe ha concluido en una verdadera transición a la democracia? “Porque somos el original, el resto son copias”, responde una joven tunecina.

Acertada o no esta afirmación, lo cierto es que cuatro años después de la Revolución del Jazmín, en la que fue derrocado el dictador Zine Abidine Ben Alí, el país ha conseguido importantes avances, al contrario de lo ocurrido con otros países que continuaron la denominada primavera árabe.

Tras un inicio fallido con crisis políticas, que acabaron con la retirada del partido islamista En Nahda del gobierno, el país siguió avanzando: a comienzos de 2014 aprobó una nueva y moderna Constitución, hace cuatro semanas eligió un nuevo Parlamento y el 23 de noviembre votó por primera vez de forma directa a un presidente en unos comicios democráticos. Con este panorama, Túnez es señalado en Occidente como el ejemplo a seguir en el mundo árabe.

Con casi 11 millones de habitantes, Túnez es un país pequeño, cuenta con una visible clase media y los problemas económicos y de seguridad no se comparan por ejemplo con Egipto, con sus más de 80 millones de habitantes.

Egipto tiene además un factor añadido y es que su frontera con Israel lo convierte desde hace décadas en uno de los mayores receptores de ayuda militar estadunidense.

Y es que en la primavera árabe egipcia los revolucionarios derrocaron al presidente Hosni Mubarak, pero no al ejército.

Ya durante las protestas masivas de comienzos de 2011 los manifestantes gritaban: “Pueblo y Ejército, de la mano”. Y cuando después el movimiento de los Hermanos Musulmanes ganó las primeras elecciones libres y su representante, Mohamed Mursi, llegó a la presidencia, aumentó la tensión con la oposición y también con el ejército.

La situación económica en Egipto había empeorado, lo que provocó nuevas protestas. Fue entonces cuando Mursi fue apartado del poder por los militares y hoy, el que fuera líder del ejército, Abel Fatah Sisi, es el jefe de Estado, donde los militares tienen cada vez más poder como en la era Mubarak.

En Túnez la democratización estuvo a punto de fracasar cuando el asesinato de dos políticos de izquierda supuestamente por islamistas radicales causó una grave crisis política. Pero los islamistas de En Nahda, entonces en el poder, reaccionaron de forma diferente a Mursi en Egipto y se declararon dispuestos a allanar el camino a un gobierno de expertos.

También en los recientes legislativos, los islamistas demostraron ser buenos perdedores y renunciaron a presentar un candidato en las presidenciales, alegando que no querían polarizar y dividir más al país.

Además, en comparación con Siria o Yemen, Túnez apenas tiene motivos para disputas religiosas, pues en el país viven casi exclusivamente musulmanes sunitas, además de judíos y cristianos.

La sociedad es bastante homogénea y las lealtades a los diversos clanes juegan un papel secundario. En Libia, sin embargo, el derrocado y asesinado líder Muamar Gadafi siempre mantuvo las rivalidades entre clanes o incluso las azuzó bajo la consigna “divide y vencerás”, de forma que cuando se cayó su régimen las disputas desataron el caos actual reinante.

Como sea, pese a los éxitos logrados Túnez sigue enfrentando considerables retos: el desarrollo económico y de las infraestructuras sigue limitado en gran parte a las regiones costeras y más pobladas del norte y este del país.

La sociedad sigue también dividida entre seguidores y opositores de los islamistas y en las regiones rurales más pobres la desesperanza atrae a cientos de tunecinos a la yihad en Siria.

Pero el mayor peligro para el país siguen siendo sus vecinos: cada vez más islamistas cruzan la frontera desde Argelia para planear ataques desde el territorio tunecino.

Además, los extremistas tunecinos hace tiempo que ganan fuerza aprovechando el caos imperante en Libia y amenazan ahora con exportar la guerra santa a todo Túnez.