El cierre de Washington, un mero chantaje político

Lo que está en juego con la "pulseada" entre republicanos y demócratas es el destino de la democracia en EU.
Una barricada impide el acceso al World War II Memorial, uno de los sitios afectados por el bloqueo.
Una barricada impide el acceso al World War II Memorial, uno de los sitios afectados por el bloqueo. (Mandel Ngan/AFP)

Estados Unidos

Para el observador casual de la política estadunidense, el actual cierre del gobierno y el prospecto de la suspensión del pago de la deuda en las dos semanas próximas podrían parecer otra “disfunción de Washington” entre dos partidos polarizados e ideológicamente divididos. No lo es. Mientras que el cierre del gobierno se trata, nominalmente, de la cruzada republicana contra el “Obamacare”, los asuntos en juego son mucho más grandes que una ley o que un presidente o un Congreso. En realidad se trata del futuro de la democracia en Estados Unidos.

A no ser que se desbarate la política de extorsión del Partido Republicano, las instituciones democráticas de EU quedarán subvertidas tan gravemente que el país se tambaleará de una crisis fabricada a otra con ambos partidos amenazando potencialmente con el Armagedón político si no se cumplen sus deseos. Es por eso que la única opción que tienen Obama y el Partido Demócrata es ganar este enfrentamiento y obligar al republicano a aceptar la derrota sin condiciones.

Tradicionalmente, aumentar el límite de la deuda fue un ejercicio de trámite en el Congreso, hecho muchas veces para asegurar que el gobierno federal pudiera continuar contrayendo deudas para pagar sus obligaciones. Pero desde 2011, el Partido Republicano comenzó a ver el límite de la deuda como una herramienta para obtener lo que no había podido lograr ni en las urnas ni a través del proceso legislativo, es decir, como un instrumento para el chantaje político.

El resultado fue un grupo de negociaciones extensas entre el Congreso y la Casa Blanca en el verano de 2011, conducidas con la amenaza de la suspensión del pago de la deuda, sobre la cabeza de Washington.

De esto resultó la Ley de Control del Presupuesto, una legislación perniciosa que recortó miles de millones de dólares del presupuesto federal y que llevó al embargo —un grupo de recortes de gasto obligatorios que han impedido la recuperación económica y causado problemas innecesarios a millones de estadunidenses. Insatisfechos con ese resultado, los republicanos intentan ahora elevar la apuesta y usar no solo el límite de deuda, sino también el presupuesto para salirse con la suya.

Antes, los cierres de gobierno sucedían porque ambos partidos no podían llegar a un acuerdo en las prioridades presupuestarias. Irónicamente, ahora los cierres de gobierno ni siquiera son el tema, ya que ambos lados están de acuerdo en los parámetros básicos de una resolución para financiar al gobierno de EU. Se trata del “Obamacare”, que los republicanos no han podido anular mediante los procesos legal, electivo o legislativo (para impedir que millones de estadunidenses tengan la cobertura del seguro médico privado, que en parte será subsidiado). Por lo tanto, ahora los republicanos tienen al gobierno federal de rehén como medio para que los demócratas acepten cualquier concesión posible que debilite al “Obamacare”.

Pero las acciones contra el “Obamacare” no son nada comparado con lo que están pidiendo este año a cambio de elevar el límite de la deuda. A diferencia de 2011, cuando exigían una reducción dramática de los gastos del gobierno, ahora insisten en que se aplique su agenda política.

El único curso de acción que les queda a Obama y a los demócratas no es simplemente resistirse a las exigencias de la oposición, sino obligarla a ceder y aprobar una ampliación en el límite de la deuda sin exigencias. De lo contrario, los republicanos repetirán la maniobra una y otra vez, tal como lo están haciendo ahora. Además, ¿qué motivo tendrían los republicanos para moderar sus políticas? Mientras tengan la mayoría en la Cámara, podrán secuestrar al país cada dos años para lograr lo que quieran.

Este debate es la batalla para la viabilidad a largo plazo de la democracia de EU, una lucha que los demócratas deben ganar aun cuando se arriesguen a la suspensión de pagos.