El chavismo: entre divisiones, acusaciones y renovaciones

La decisión de Nicolás Maduro de sacar a Jorge Giordani de la planeación económica de su gobierno destapa el profundo abismo entre “ortodoxos y pragmáticos”.
El mandatario afirmó que existe una “izquierda trasnochada”.
El mandatario afirmó que existe una “izquierda trasnochada”. (Reuters)

Caracas

En el chavismo asoman añejas divergencias tras la destitución del marxista radical Jorge Giordani, artífice de un férreo control económico y enfrentado a Nicolás Maduro.

“La salida de Giordani (del Ministerio de Planificación) es parte de una estrategia destinada a flexibilizar la política económica. Y en clave marxista, flexibilización equivale a concesión empresarial”, asegura el analista político John Magdaleno.

Giordani, uno de los más cercanos colaboradores del fallecido presidente Hugo Chávez (1999-2013) y creador del polémico control de cambios que rige desde 2003, fue relevado la semana pasada por Maduro.

En una misiva difundida el 18 de junio, Giordani arremetió contra Maduro; lo acusó de carecer de “liderazgo”, de generar una sensación de “vacío de poder” y de ceder a las presiones del sector privado, que reclama dejar atrás el modelo de expropiaciones y control de precios y cambios.

Maduro le respondió hasta el miércoles, aunque sin citarlo, y a un puñado de chavistas que lo han apoyado, entre ellos el ex ministro de Educación Héctor Navarro. Se refirió a ellos con el calificativo de “izquierda trasnochada”.

“¡No tiene justificación ninguna de los ministros para que vengan a estar sacando cartas para destruir la revolución, para justificar sus culpas, sus errores! ¡Exijo máxima lealtad a todos los dirigentes de la revolución!”, exclamó Maduro.

Por la noche, en un discurso televisivo, Maduro se refirió nuevamente a este caso pero con un llamado a “pasar la página” y sostuvo que tiene “la mano extendida para dársela a todos los compañeros”, porque es “momento de ir hacia adelante”.

El gobierno “aplica un plan de ajuste en cámara lenta, impulsado por sectores pragmáticos. Pero lo hace por necesidad, no por convicción. Si de la noche a la mañana encontrara los recursos que necesita, daría marcha atrás de inmediato”, afirma Asdrúbal Oliveros, director de la consultora Econanalítica.

“Es prematuro hablar de una división hasta que no se produzca una fractura concreta, esto es parte de un viejo desacuerdo. El chavismo está dividido por cuatro grandes líneas, una de ellas entre ortodoxos y pragmáticos”, añadió Magdaleno.

Luis Vicente León, director de la firma Datanálisis, coincide en que en el chavismo hay “divisiones históricas” entre los que apuestan por un control absoluto de la economía, con control de cambios y precios y nacionalizaciones, como Giordani, y los que se inclinan por una paulatina apertura económica.

Estas divergencias “empiezan a manifestarse (...), porque Chávez era tan fuerte, tan carismático, controlaba tan férreamente el poder que suavizaba esas divisiones. Maduro es menos fuerte internamente, menos carismático y está tratando de ser pragmático para resolver la crisis”, explica León.

Ante una inflación que en mayo superó 60% anual, la aguda escasez de alimentos y productos básicos y la semiparalización de distintos sectores, Maduro ha dado pasos para flexibilizar el control de cambios.

“La salida de Giordani puede conducir a la flexibilización del régimen cambiario, pasar progresivamente al Sicad 2 (tasa de 50 bolívares por dólar), lo que significará una megadevaluación que tendrá sus consecuencias a nivel social”, advierte Magdaleno.

Ambos analistas consideran que Giordani no tiene la fuerza necesaria como para conducir a una ruptura que ponga en aprietos a Maduro.

“El verdadero problema es que se alborote el avispero (pueblo)”, advierte León.