La ceremonia inédita del “día de los cuatro Papas”

Por primera vez en la historia milenaria de la Iglesia católica dos pontífices vivos elevarán a los altares a dos de sus antecesores: Juan Pablo II y Juan XXIII.

Ciudad del Vaticano

El Vaticano se prepara para vivir una jornada histórica tras el anuncio de que el papa emérito Benedicto XVI y el actual pontífice, Francisco, concelebrarán la misa de canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II, lo que se conoce como el “día de los cuatro papas”.

La presencia de dos Papas santos y dos vivos suscita muchas expectativas entre los miles de peregrinos que han invadido Roma, ya que se convertirá en el “día de los cuatro papas”, un momento inédito para la milenaria institución.

Ratzinger, estrecho colaborador de Juan Pablo II por 25 años, concelebrará la misa junto con cardenales y obispos, ubicados al lado izquierdo del altar.

La ceremonia será simplificada y contará con las reliquias de los dos nuevos santos, una ampolla de sangre de Juan Pablo II y un pedazo de piel de Juan XXIII.

Miles de personas, en su mayoría polacos, 24 jefes de Estado y de gobierno, asistirán a la ceremonia solemne en la plaza de San Pedro.

El casco histórico de Roma ha sido asaltado literalmente por una marea de peregrinos llegados para asistir a un evento único. Además de 6 mil sacerdotes de todo el mundo.

Asistirán también representantes de todas las religiones, entre ellos una importante delegación judía, para rendir homenaje a dos papas diferentes, pero que lucharon contra los prejuicios hacia los hebreos.

Siguiendo sus pasos

Cuando el cardenal Jorge Mario Bergoglio casi se convierte en Papa en 2005, dijo a un confidente que, de haber sido elegido, habría tomado el nombre del pontífice que más admiraba: Juan XXIII.

Cuando se volvió Papa en 2013, sus primeras palabras en público evocaron lo que Juan Pablo II había dicho tras su elección: que los cardenales habían ido a los confines de la Tierra para hallar un nuevo líder.

Juan XXIII, acogido por los progresistas, dirigió la Iglesia de 1958 a 1963 y lo que más se le reconoce es haber realizado el Concilio Vaticano II, que buscó la era moderna.

Durante sus 26 años de pontificado, Juan Pablo II se aseguró de que hubiera una implementación más conservadora del concilio, a la vez que ayudó al derrocamiento del comunismo y avivó a una nueva generación de católicos.

Por otro lado, Francisco le debe su carrera, a Juan Pablo II, quien en 1978 fue elegido como el primer pontífice no italiano en 455 años.

Juan Pablo II sacó a Bergoglio de la penumbra para hacerlo obispo auxiliar de Buenos Aires en 1992. Seis años después, ascendió a Bergoglio a arzobispo de la capital argentina, y en 2001 lo ordenó cardenal.

Bergoglio dijo que su devoción por la virgen María se debía en parte al fervor que Juan Pablo II sentía por ella. Pero en muchos sentidos, Francisco es un pontífice más del estilo de Juan XXIII.

El énfasis de Francisco en una “Iglesia pobre”, en reformarla y en propagar la fe a las periferias de la sociedad hace recordar las tribulaciones de Juan XXIII.

Angelo Roncalli se unió a la rama secular de la orden franciscana antes de ser ordenado, atraído por el énfasis de su fundador San Francisco de Asís de cuidar a los pobres y por su mensaje de paz.

Asimismo, Francisco estaba tan determinado a que Juan XXIII se volviera santo que rompió las reglas del Vaticano sobre canonización al declarar que no necesitaba certificar un segundo milagro atribuido a su intercesión.

“Francisco es un papa ‘roncallino’’’, dijo Alberto Melloni, biógrafo de Juan XXIII y director de la fundación en Bologna donde se resguardan sus documentos.

Francisco es un pastor, como Juan XXIII, y menos dogmático que Juan Pablo II, señaló.

Ello muestra que Francisco tiene influencia de sus antecesores a quienes elevará a los altares.

 



[Dé clic sobre la imagen para ampliar]


[Dé clic sobre la imagen para ampliar]