¿Por qué cambiará la Casa Blanca con Trump?

A lo largo del tiempo, los presidentes de Estados Unidos han dado un toque único a este recinto, pero en esta ocasión, los cambios no serán sólo en la decoración.
La Casa Blanca en 2016.
La Casa Blanca en 2016. (AP)

Washington, Estados Unidos

La Casa Blanca, la tradicional residencia presidencial y sede del gobierno estadunidense, pasará por cambios importantes con la llegada del nuevo mandatario, Donald Trump, aunque no le añadan salones con techo y paredes doradas.

Personalidad

Franklin D. Roosevelt tenía su rincón favorito para la transmisión de sus mensajes a las familias estadunidenses entre 1933 y 1944; John F. Kennedy utilizó como pocos el entonces novedoso poder de la televisión, y Barack Obama encontró muy pocos problemas que él no podía resolver con un buen discurso.

En tanto, a Donald Trump le gusta Twitter. Y le gusta mucho (aunque él lo niega). Y es poco probable que eso cambie cuando esté en la Casa Blanca.

Aún sus asistentes más próximos admiten que no saben anticipadamente cuándo el jefe soltará uno de sus torpedos de 140 caracteres.

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De forma que a partir de la próxima semana estará dentro de la normalidad aguardar mensajes desde muy temprano en la mañana.

Escape de la Casa Blanca 

"No sé si es la más fabulosa casa de Estados Unidos, o la corona de nuestro sistema carcelario", dijo una vez el presidente Bill Clinton sobre la vida dentro de la Casa Blanca.

Obviamente, la presidencia tiene sus lados buenos, como deslizarse en el tránsito a bordo de "La Bestia" (el automóvil presidencial) o que el Air Force One levante vuelo minutos después que el mandatario sube al avión.

Pero cada caminata de un presidente moderno es una enorme operación militar que requiere una legión de agentes del Servicio Secreto, médicos, francotiradores, especialistas antibombas, especialistas contra radiación y otros.

Por causa de su experiencia y su estilo de vida, es posible que Trump esté mejor preparado que mucho de sus antecesores a ese tipo de vida, pero aún así habrá momentos en que querrá salirse de esa burbuja.

Trump podrá elegir usar su propio apartamento en Nueva York, pero con aviones que pasan constantemente en las proximidades del edificio y sin un perímetro de seguridad, esa posibilidad representa una pesadilla para el Servicio Secreto. Asesores indican que la salida más probable para Trump será su lujoso club Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida.


Oficina influyente

La esposa del presidente Jimmy Carter, Rosalynn, participaba en reuniones de gabinete, Eleanor Roosevelt ofrecía conferencias de prensa, Hillary Clinton intentó conducir una reforma del sistema de salud desde la famosa Ala Oeste de la Casa Blanca, y Michelle Obama se convirtió en un modelo para las generaciones más jóvenes.

Melania Trump no parece inclinada a tener una presencia política como primera dama, al punto que ni siquiera promete una presencia permanente en la Casa Blanca. Trump ya indicó que su esposa y Barron, el hijo de ambos de 10 años, permanecerán en Nueva York por lo menos por el futuro inmediato por cuestiones escolares.

Pero con Ivanka Trump podríamos presencia una historia diferente. La empresaria de 35 años, así como su marido Jared Kushner, parecen destinados a tener presencia política en las oficinas de la Casa Blanca.

Ivanka ha sido una presencia casi constante junto a su padre, y Kushner ha sido formalmente nombrado "asesor especial del presidente", de forma que trabajará junto al jefe de Gabinete, Reince Priebus, y el asesor de estrategia Stephen Bannon.

Prácticamente no hay precedentes de hijos de presidentes con un papel formal en la Casa Blanca, en parte por las leyes sobre nepotismo.

En realidad, el último caso conocido es el de John Quincy Adams, hijo del presidente John Adams (segundo presidente en la historia del país, 1797-1801). John Quincy Adams sirvió como emisario de su padre en Prusia, antes de él mismo convertirse en presidente en 1825.


El cuarto poder

Obama no mantiene una mala relación con la prensa y tolera su cambiante atención. Pero Trump tiene una relación de amor y odio con la prensa, a la que corteja con frecuencia pero también critica por considerar que tiene prejuicios contra él.

Las críticas de Trump a la prensa son adoptadas con entusiasmo por sus seguidores, para quienes los "medios dominantes" son poco más que el brazo activo de la "élite" progresista.

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El equipo de Trump adelantó que difícilmente el tono del magnate con la prensa cambiará con él en el Salón Oval, y que en cualquier escenario de cambio nada será igual para la prensa. Sus asistentes incluso sugirieron que las conferencias de prensa diarias del portavoz podrían ser una cosa del pasado, y hasta que el cuerpo de periodistas podrá ser desalojado de las oficinas que ocupan actualmente.


AFC