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Sábado , 26.05.2018 / 22:25 Hoy

Candidatos "chiquitos", los aguafiestas de Hillary

Gary Johnson y Jill Stein tiene nulas posibilidades de ganar; sin embargo, podrían restarle votos determinantes.

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La Aldea

Los candidatos presidenciales de terceros partidos, como el libertario Gary Johnson, podrían convertirse en el aguafiestas de un eventual triunfo de Hillary Clinton si logran restar el voto de los jóvenes en estados claves.

Johnson es considerado el abanderado con posibilidades reales de impactar el curso de la elección, por encima de Jill Stein, del Partido Verde, quien aparece como la última de los cuatro candidatos presidenciales más visibles.

La mayoría de las encuestas muestran cómo Johnson le resta votos a Clinton cuando es incluido como una tercera opción, beneficiando los números del republicano Donald Trump.

Dado lo cerrado de la contienda entre Clinton y Trump, la presencia de Johnson ha revivido el recuerdo de la elección de 2000, cuando los demócratas acusaron al candidato del Partido Verde, Ralph Nader, de haber provocado la derrota de Al Gore frente a George W. Bush.

Nader, un reconocido defensor de los derechos de los consumidores, obtuvo dos millones de votos en esa elección.

Otro candidato de un tercer partido que se convirtió en el aguafiestas de una elección fue el entonces ex presidente Theodore Roosevelt.

En la elección presidencial de 1912, tras fracasar en su intento por ganar la nominación republicana, Roosevelt fundó el Partido Progresista, facilitando el triunfo del demócrata Woodrow Wilson.

Sin embargo, el candidato más exitoso de un tercer partido fue el millonario texano Ross Perot, del Partido Reforma, quien obtuvo 19% de los más de 104 millones de votos emitidos en la elección de 1992, ganada por Bill Clinton.

En el actual proceso electoral, Johnson se mantuvo durante varios meses con un respaldo de alrededor de 8 por ciento, que por momentos superó el 10 por ciento.

Un aspirante a la presidencia postulado por un partido debe cumplir una serie de complejos requisitos en cada uno de los 50 estados del país.

Debido al sistema electoral descentralizado en EU, cada estado organiza las elecciones acorde a sus propias leyes, por lo que los requerimientos a cumplir por un candidato para que su nombre aparezca en la boleta electoral varían de entidad a entidad.

Las reglas de financiamiento de campaña establecen además que un candidato presidencial puede recibir financiamiento del gobierno si su partido obtiene más del cinco por ciento de la votación en la elección previa, algo que en el caso de un tercer partido no sucede desde 2008, con Nader.

Este requerimiento ha forzado a Johnson y Stein a depender de donaciones, colocándolos en clara desventaja frente a Clinton y Trump en términos de acceso a fondos para financiar campañas publicitarias.

Incluso, un candidato de un tercer partido debe registrar un apoyo de 15% en encuestas de opinión para poder participar en los debates presidenciales, según el criterio establecido por la Comisión de Debates Presidenciales.

Pese al papel marginal que han tenido en la mayoría de las elecciones en tiempos modernos, un candidato por un tercer partido logró ganar la presidencia de EU hace más de un siglo.

En 1860, Abraham Lincoln ganó la presidencia como abanderado del entonces minoritario Partido Republicano, imponiéndose a los candidatos de los institutos políticos mayoritarios de entonces: el Demócrata y la coalición aglutinada en el Partido Whig.

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