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Brexit abre discusión sobre unificación de Irlanda

En el Acuerdo de Paz "Good Friday Agreement" o "Belfast Agreement" se pone a disposición de la población celebrar un referéndum para decidir si Irlanda del Norte se unifica con la República de Irlanda o sigue formando parte de Gran Bretaña.
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Unir a Irlanda y olvidar la disputa generacional que ha existido entre católicos y protestantes puede ser una posibilidad, tras la polémica sobre qué pasará con la única frontera terrestre de Gran Bretaña con la Unión Europea, una vez que se concrete el Brexit

En el Acuerdo de Paz, que fue firmado en 1998, "Good Friday Agreement" o "Belfast Agreement" se pone a disposición de la población el llamar a referéndum para decidir si se unifican con la República de Irlanda o sigue formando parte de Gran Bretaña, cuando ésta lo desee. 

Con un porcentaje mayor a 40 por ciento, que desea unirse a la República en lugar de divorciarse de la Unión Europea, esta posibilidad está tomando fuerza, según indican encuestas realizadas por YouGov y Lord Ashcroft, de mediados de 2018, en las que ambas obtuvieron resultados similares. 

El debate no se ha llevado a cabo oficialmente, y en un caso hipotético que sucediera y el referéndum obtuviera un puntaje favorable, sería una transición demasiado complicada, comenta la investigadora de Doctorado en la Universidad Ulster, Cira Palli–Aspero

"La (situación) de las dos Irlandas, en el marco del Brexit es delicada, y tiene que pensarse con mucho cuidado para no desestabilizar, hay un contexto que es mucho más profundo y complejo de lo ya sumamente complicado que representa la salida del Reino Unido de la Unión Europea y el cual se debe considerar", opinó. 

Los conflictos que llevaron a separar a Irlanda de Norte de la República cobraron muchas vidas e intensificó, en algunos casos, la identificación con sus comunidades, que fue notoria desde la ocupación de Irlanda, donde el gobierno de Bretaña dio prioridad a los grupos que apoyaran los intereses de la Corona, explicó la académica. 

Acciones que escalaron, puntualizó, hasta llegar a la eliminación de la autonomía política en la región, llevando a los nacionalistas irlandeses, miembros del Partido Parlamentario Irlandés (IPP) a solicitar “Home Rule”, que consistía de un autogobierno, obtenido en 1912. 

La acción promovió la creación de “Ulster Volunteer Force” (UVF), una organización armada que quería frenar la devolución de poderes, y como respuesta, los irlandeses nacionalistas formaron “Irish Volunteers” que defendían la instauración del autogobierno, este último se transformó en el Ejército Republicano Irlandés, el IRA (Irish Republican Army), apunta Palli–Aspero. 

Para 1922 se firmó el primer acuerdo “Free State of Ireland”, que marcaba una tregua entre ambas regiones, dejando que 26 condados del país formaran la República de Irlanda, mientras otros seis condados pertenecerían a la Gran Bretaña. 

Esto llevó a que hubiese opiniones divididas entre mantener la batalla o la tregua, sobre todo en la frontera que dividía a estas dos regiones. 

Tanto las protestas contra esta decisión, como las acciones hacia los irlandeses católicos continuaron, y esta tensión fue más fuerte en la década de los 60, cuando también se logró exponer las violaciones a los derechos humanos, acciones que fueron rechazadas de manera mundial, opina Cira. 

​​​Las tensiones escalaron a tal nivel que el gobierno del Reino Unido decidió enviar al Ejército británico para restablecer el orden público, mismo que el IRA, la cual en 1969 ya se había dividido en dos grupos, atacaba para demandar que estas fuesen retiradas y se reunificara el territorio con la República de Irlanda. 

El conflicto encontró un respiro en 1998 con el tratado “Good Friday Agreement” o "Belfast Agreement", y hoy a sus casi 21 años desde su firma, el legado del conflicto sigue latente tanto en el marco político como en el social. 

La frontera que existe no es “dura”, muchos ciudadanos la cruzan a diario por razones laborales o familiares; sin embargo, esto puede cambiar tras las decisiones que se tomen en la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea. 

"Una frontera que suponga el control de aquellos que ahora se mueven libremente por el territorio tendría consecuencias nefastas para la economía tanto de Irlanda del Norte como de la República", agregó la experta.

evl

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