La “batalla puerta por puerta”

Laboristas, tories e independentistas se enfocaron en los distritos más disputados para ganar en estos comicios clave.
Nigel Farage, del anti-Unión Europea UKIP, busca llegar a ser el nuevo jefe de Gobierno británico.
Nigel Farage, del anti-Unión Europea UKIP, busca llegar a ser el nuevo jefe de Gobierno británico. (Suzzane Plunk/Reuters)

Londres

Los turistas que se encuentran estos días en Londres y recorren el Támesis, desde el Tower Bridge hasta el Palacio de Buckingham, no ven nada de la campaña electoral en Reino Unido, que hoy elige un nuevo gobierno. No hay carteles, pósters ni puestos con colores partidarios.

En distritos como Walthamstow, en el norte o Hackney, en el este, las cosas lucen de forma similar. Los locales electorales están cerrados. No se nota que este día se decida la carrera electoral más ajustada en décadas. Algunos carteles llaman a los ciudadanos a ir a votar. El paisaje es bien distinto en otros lugares, como el distrito electoral de South Thanet, en la costa este inglesa.

Allí, el UK Independence Party (UKIP) con su candidato estrella Nigel Farage busca captar el voto de la derecha. En varias ventanas hay colgados carteles del UKIP. Autobuses de campaña pasan a intervalos regulares por la ciudad. De acuerdo con las encuestas, las posibilidades de Farage de quitar escaños a los tories conservadores en el Parlamento no son nada malas.

En esta esquina el reino Farage, populista de derecha y opositor de la Unión Europea (UE), se encuentra en ciudades como Margate y Ramsgate con electores potenciales en pubs y le pregunta a la gente, que llama “real People” (gente de verdad): “¿Me votará?”.

Se trata de una verdadera batalla para Farage, que quiere cambiar su escaño en el Parlamento Europeo por uno en el Palacio parlamentario de Westminster y ocuparse luego de que Reino Unido salga de la UE. Si no gana en su distrito electoral, Farage está dispuesto a renunciar como jefe del UKIP.

Esto se debe al sistema electoral británico, que solo permite el ingreso al Parlamento a políticos que son votados de forma directa en su distrito electoral. Para la candidata laborista en el distrito obrero de Walthamstow, al noreste de Londres, esto significa que puede quedarse tranquila, ya que tradicionalmente se vota socialdemócrata allí. En algunos distritos ganan los mismos partidos desde tiempos de la reina Victoria, que murió en 1901.

Para candidatos como Farage o Simon Marcus, se trata de ir por todo o nada. Marcus representa a los tories conservadores en el distrito electoral de Hampstead and Kilburn, en el rico noroeste de Londres. “Durante semanas fui puerta por puerta”, dice. “Trabajé todos los días”, afirma, y con éxito, según cree, aunque a veces algunos no fueron “demasiado amables”.

El local de campaña de Marcus se encuentra en una calle coqueta en Hampstead Heath, en la que se van alternando seguidores de los laboristas y de los conservadores, al menos de acuerdo con los carteles que se ven en sus jardines. En los distritos más disputados, los vecinos colocan imágenes de sus candidatos en el jardín delantero de sus casas o pegan pequeñas calcomanías en las ventanas de sus cocinas.

En Hampstead and Kilburn, 42 votos le dieron en 2010 la victoria a los laboristas, uno de los resultados más ceñidos. Los partidos concentran sus recursos en las zonas en las que pueden lograr algo. No tienen otra opción: “Todos los partidos están sin dinero”, afirma Tony Travers de la London School of Economics.

Cuando se deciden a dar batalla, los candidatos intentan tocar todas las puertas posibles y convencer personalmente a sus electores, casi como si se tratara de una batalla “cuerpo a cuerpo”. En enero, los laboristas anunciaron que iban a tocar la puerta de 4 millones de casas.

En esas casas los temas decisivos no son necesariamente los impuestos y la UE sino, a veces, los baches o los estacionamientos.

“Eso es mucho más importante que la guerra desde el aire”, asegura el profesor Paul Whiteley de la Universidad de Essex y se refiere con ello a los muy discutidos debates televisivos e incontables entrevistas que dan las principales figuras de los partidos a canales y periódicos. De acuerdo con la tradición británica, los diarios ya tomaron posición: “Es un tory”, anunció el Sun y mostró al primer ministro David Cameron como “royal baby”. ¿Neutralidad? Nadie la pide en tiempos de elecciones.

Las imágenes en los medios son similares: Cameron o su competidor Ed Miliband con look casual, rodeados de grupos de seguidores; o como hombres de Estado brindando discursos en empresas.

Antes de las elecciones, los jefes de partido llevaban adelante una maratón por los “marginals”, los distritos más reñidos, para apoyar a sus candidatos. Sin embargo, no se animaron a los grandes escenarios, donde podían correr el riesgo de ser abucheados por el público.