Con fuerte seguridad, reabren escuelas y Metro en Bruselas

Las autoridades belgas buscan a sospechosos de preparar un múltiple atentado; los habitantes evitan el transporte público, apuntados como blanco potencial de los yihadistas.
Ejército desplegado en la calles es un recordatorio de que continúa en estado de alerta máxima.
Ejército desplegado en la calles es un recordatorio de que continúa en estado de alerta máxima. (Reuters)

Bruselas

Las escuelas y algunas estaciones del Metro de Bruselas reabrieron hoy con seguridad reforzada, luego de cuatro días de cierre por el estado de alerta máxima decretado en función del riesgo de un atentado terrorista.

"Había decidido no llevar a mis hijos al colegio esta mañana, pero cambié de opinión ayer por la noche durante la cena. La vida continúa", confió un padre de 47 años mientras llevaba a sus dos hijos a la escuela.

"Uno de mis hijos me dijo que no quería que le dispararan, pero le dije que había militares para protegerlo, que no pasaría nada", dijo, un poco intranquilo.

El gobierno movilizó a 200 policías y otros 300 agentes de seguridad para tranquilizar a los ciudadanos.

Aún así, muchos prefirieron evitar los transportes públicos, apuntados como blanco potencial de los yihadistas.

"No estamos para nada tranquilos", dicen Karole y Candice, que acaban de dejar a sus hijos escolarizados en la escuela primaria de este establecimiento.

Como muchos otros, se preguntan: ¿Por qué las escuelas están abiertas este miércoles cuando estuvieron cerradas el lunes y martes, y esto cuando el nivel de amenaza se mantiene en su máximo?

Karol y Candice decidieron en todo caso comprar teléfonos celulares para sus hijos "para permanecer en contacto" durante el día.

Como resultado, las calles de la capital y las principales carreteras de acceso registraron importantes embotellamientos a partir de las 06:00 horas locales (05:00 GMT).

Las autoridades belgas siguen buscando a un grupo de personas sospechosas de preparar un múltiple atentado contra diversos sitios de Bruselas, similiar al que causó 130 muertos en París, Francia, el pasado 13 de noviembre.

Nadia, madre de un niño de 11 años y de una niña de 9, dejó a sus hijos en una pequeña escuela comunal de Haren, un barrio alejado del sur de Bruselas. "Estamos tranquilos, pero miramos alrededor. Todo el mundo es sospechoso. Nosotros, los musulmanes, también somos un objetivo", dijo.

"Puse un dibujo animado esta mañana para poder escuchar las informaciones en la cocina", contó. "Así no tiene miedo, porque francamente, es peligroso", agregó.

Nathalie, que vive en el barrio, lamenta no haber podido entrar en la clase de jardín de infantes para acompañar a su hija: "Reglas oficiales", le dijo el director.

"Tuve pesadillas toda la noche", reconoce Fatima, madre de una niña también escolarizada en el jardín de infantes.

"Había una afluencia normal", constató Muriel, que utilizó el Metro para ir a su trabajo. "Pero la gente parecía más replegada sobre sí", constató.

Desde el domingo se han realizado varias operaciones en Bélgica y cinco personas han sido inculpadas en relación con los ataques.

No obstante, el hombre más buscado del país, Salah Abdeslam, sospechoso de haber participado en los atentados de París, sigue en fuga.

El Organismo de Coordinación del Análisis de Amenazas (OCAM) consideró el lunes que el riesgo de atentado permanece elevado y el gobierno decidió mantener el nivel de alerta máximo por lo menos hasta el 30 de noviembre.