Ataques aéreos de EU, ¿acaso las lecciones se han olvidado?

La operación de Estados Unidos contra los yijadistas debe acompañarse por un mayor apoyo a la formación del gobierno moderado y un claro distanciamiento del saliente Al Maliki.
Según el presidente estadunidense, Barack Obama, su conciencia lo impulsó a intervenir en Irak.
Según el presidente estadunidense, Barack Obama, su conciencia lo impulsó a intervenir en Irak. (Jacquelyn Martin/AP)

Londres

El 7 de agosto pasado, Barack Obama afirmó que su conciencia humanitaria lo había impulsado a intervenir en el norte de Irak para proteger a los civiles. No es difícil detectar la hipocresía o dudar de la sinceridad de los motivos, en especial dadas las atrocidades cometidas recientemente por el principal aliado regional de Washington, con armas y municiones provistas por EU.

De la misma manera, dada la experiencia reciente, uno se podría cuestionar si se puede confiar en que los militares estadunidenses tengan el debido respeto por las vidas civiles. Sin embargo, hay ciertas preguntas que deben formularse. ¿Qué va a suceder con los miles de kurdos yazidíes sitiados en el monte Sinjar por los fanáticos sedientos de sangre del grupo Estado Islámico (EI), o con las antiguas comunidades cristianas que son sistemáticamente forzadas a abandonar sus casas?

¿Qué va a suceder con Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, que está en la mira de las fuerzas yijadistas? ¿Y qué va a pasar con Irak, Siria y la región, ahora que los yijadistas sunitas ultrarradicales del EI han consolidado su poder y demostrado que son más que un asunto transitorio?

Está claro que hacen falta operaciones aéreas humanitarias urgentes en el norte de Irak, y que éstas no serán bien recibidas. No obstante, el prospecto de los ataques aéreos de EU es preocupante por dos razones.

Primero, tal como lo demuestra el programa extrajudicial de ejecuciones con drones (aviones no tripulados) de Obama, seguramente habrá bajas civiles. Segundo, tal como están las cosas, cualquier ataque aéreo de estos días será realizado a nombre del muy despreciado gobierno sectario salienete del chiita Nuri Maliki, antes de que sea reemplazado por el del también chiita moderado Haidar al Abadi.

Por lo tanto, existe un verdadero peligro de que los ataques aéreos inflamen aún más la situación, generando la separación entre los árabes sunitas y arrastrando a más gente a los brazos del EI.

Cualquier llamado creíble a la acción militar tiene que demostrar que ha considerado estos riesgos. Una intervención verdaderamente humanitaria no debe volver la situación aún más peligrosa y letal de lo que ya es.

Es fundamental tratar la crisis cuidadosamente pero, sobre todo, enfocándose en sus raíces. Es urgente que se establezca un gobierno de unidad nacional en Bagdad, basado en los resultados de los comicios legislativos recientes (abril), que pueda incluir a todas las comunidades con una propuesta nueva , aislando así al EI de aquellos que podrían haberlo aceptado debido a su exasperación con Maliki.

Se está acabando el tiempo. Cuesta creer que Irak haya perdido un cuarto de su territorio desde junio y que la clase política en Bagdad aún no se haya organizado. El apoyo externo que tuvo por mucho tiempo el gobierno de Maliki, no solo de EU sino también de Rusia y, en particular, de Irán, redujo las opciones de un cambio político tan necesario hasta que este lunes, finalmente, fue nombrado el moderado Haidar Abadi.

Al final, el EI tendrá que ser derrotado militarmente, pero deben hacerlo los mismos iraquíes, a favor de un gobierno nacional unitario y creíble.

La guerra combatida por fuerzas externas guiadas por intereses propios exacerbarán las mismas dinámicas que crearon esta situación. Esa, después de todo, es una de las principales lecciones que dejó la ocupación de 2003-2001 dirigida por Estados Unidos.