Arrestan a militares por quemar a jóvenes en dictadura chilena

Siete ex militares fueron detenidos por prender fuego a dos manifestantes en contra de la dictadura de Augusto Pinochet, después de la declaración de un oficial tres décadas más tarde.
Carmen Gloria Quintana en el 2003 durante la ceremonia del 30 aniversario del golpe militar liderado por Augusto Pinochet.
Carmen Gloria Quintana en el 2003 durante la ceremonia del 30 aniversario del golpe militar liderado por Augusto Pinochet. (AP)

Santiago, Chile

Siete ex militares de Chile fueron arrestados por las quemaduras letales causadas a dos jóvenes, uno de los cuales murió, durante una protesta en 1986 contra la dictadura militar que gobernaba entonces.

Dos ex oficiales del ejército y cinco ex suboficiales fueron detenidos el martes por la noche después que el juez Mario Carroza emitió la orden.

Este nuevo avance en la investigación ocurrió después de que un oficial declaró ante el juez en noviembre, lo que puso fin a un pacto de silencio de casi tres décadas en torno a uno de los casos más flagrantes de violación de derechos humanos durante los 17 años de la dictadura.

Estas personas van a ser interrogadas para "que se busque algún tipo de información que nos permita decir si ellos son, y si tuvieron algún tipo de participación. Lo que sí sabemos es que todos ellos estuvieron allí en ese momento", indicó Carroza.

Los soldados rociaron con gasolina a Rodrigo Rojas, de 19 años, y a Carmen Quintana, de 18, y les prendieron fuego durante una manifestación el 2 de julio de 1986.

Rojas murió cuatro días después. Era un fotógrafo nacido en Chile pero residía en Estados Unidos con su madre, en exilio político.

Quintana sobrevivió y se sometió a un largo tratamiento de recuperación por quemaduras graves en un hospital de Canadá, donde vive ahora. Durante una visita a Chile en 1987, el papa Juan Pablo II la abrazó y la consoló.

Ella agradeció el martes al ex oficial, identificado como Fernando Guzmán, por aportar nueva información sobre el caso. En entrevista con Radio Cooperativa, dijo que los oficiales que cometieron la agresión eran adolescentes como ella y que también eran víctimas de la dictadura, porque fueron amenazados de muerte si hablaban.

"Hoy se dice finalmente la verdad, se valida lo que yo y tantos testigos sostuvimos y que más vale tarde de nunca", dijo Quintana. "Espero que ahora la justicia enmiende el camino que por tantos años de dictadura fue cómplice por el silencio".

En 1999, un juez ordenó al gobierno pagarle a Quintana 470 mil dólares.

El ataque con gasolina hace casi tres décadas fue condenado por gobiernos extranjeros y grupos defensores de los derechos humanos. El ejército negó toda responsabilidad y el general Augusto Pinochet insinuó que Rojas y Quintana se prendieron fuego accidentalmente porque llevaban material inflamable a las barricadas.

"A lo mejor llevaba algo oculto, se le reventó y se quemó", dijo Pinochet en 1986.

En su testimonio, Guzmán negó que ambos hubieran sido víctimas de su propia bomba incendiaria, calificando dicha afirmación como "totalmente mentira" y "un invento del ejército para poder justificar dicho actuar".

Dijo que él portaba el radio ese día y que pudo ver claramente cómo ocurrió el ataque desde la parte superior de un camión militar donde se encontraba.

Indicó que un hombre yacía sobre el piso mientras que una mujer estaba con el rostro contra la pared. Entonces el comandante de una de las patrullas que había detenido a ambos, el teniente Julio Castañer, le ordenó a un soldado que los rociara con gasolina. Roció a la mujer desde la cabeza hasta los pies y al hombre en la espalda.

Guzmán dijo que Castañer utilizó un encendedor para mofarse del par y luego les prendió fuego. Quintana corrió una distancia corta antes de que los soldados la cubrieran con frazadas para extinguir las llamas, afirmó.

Castañer consideró que era mejor matarlos, pero el teniente Pedro Fernández, de otra patrulla que estaba en el lugar, "dijo que no, porque él era católico".

Rojas y Quintana fueron trasladados en un camión militar y abandonados cerca del aeropuerto de Santiago.

"Ellos todavía humeaban y su piel estaba de un color blanquecino, y tenían un aspecto como baboso, sin pelos", recordó Guzmán en su testimonio.

Dos semanas después del ataque, señaló, los soldados recibieron instrucciones precisas sobre lo que tenían que decir con relación al crimen. Posteriormente recibieron amenazas de oficiales superiores que les dijeron que pensaran en el bienestar de sus familias.

"A cambio de nuestro silencio, la institución nos proveyó de permisos, de dinero, como una manera de continuar con esta mentira y mantenernos callados", afirmó.

El gobierno chileno calcula que 3 mil 95 personas murieron durante la dictadura de 1973 a 1990.