Las 29 horas de Donald Trump en el "antro" de Bruselas

El presidente estadunidense, Donald Trump, aparentemente no pasó desapercibido en los encuentros que mantuvo con los líderes de la Unión Europea y la OTAN en Bruselas.

Bruselas

Con un aire solemne un poco sobreactuado, y corbata azul eléctrico, Donald Trump penetra el jueves en la nueva sede de la OTAN en Bruselas. A pocos minutos de su primer discurso, muy esperado por sus aliados, pone mala cara.

Hace justo 24 horas que ha aterrizado en Bélgica, él, el hombre que otrora calificó Bruselas de "antro"; la OTAN, de organización "obsoleta" y el Brexit, de "maravilloso".

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Su mujer, Melania, tacones altos y abrigo largo a cuadros vichy, lo precede el miércoles a la salida del imponente Boeing 747 presidencial "Air Force One".

Con una tímida sonrisa y un leve saludo, Trump sale de las sombras para descender sobre la pista del aeropuerto militar de Melsbroek, donde le espera el primer ministro belga, Charles Michel, el primero de una larga lista de interlocutores en esta visita relámpago de 29 horas.

La banda de música interpreta "Barras y estrellas". Donald Trump la escucha con la mano en el corazón antes de introducirse en "The Beast" (la Bestia), el imponente Cadillac negro blindado de los presidentes estadounidenses.

A bordo del vehículo venido directamente de Estados Unidos, el mandatario se dirige al palacio real de Bruselas para una visita obligada con el rey de los Belgas Felipe y su esposa Matilde. Sonrisas educadas.

En la ciudad, cientos de policías vigilan el recorrido de la caravana presidencial de decenas de vehículos sobre una calzada desierta, escoltados por un helicóptero, en un concierto de sirenas.

Los trenes están detenidos, las estaciones de metro cerradas, algunas calles bloqueadas.

Tintín en América

Tras despachar la familia real en 20 minutos, Trump se reúne con Charles Michel para una discusión "cordial, respetuosa, directa", en parte consagrada al terrorismo.

"Respecto a la imagen de Bélgica y de Bruselas, recibí sobre todo cumplidos", dijo el jefe de gobierno belga, quien ofreció un litograbado de "Tintín en América" al presidente estadounidense, según una fuente diplomática.

A algunos pasos de allí, en las calles no bloqueadas, miles de personas participan en una marcha "Trump not welcome". Una muchedumbre heterogénea protesta contra "su sexismo", contra su política exterior...

Un sol anaranjado acaricia las calles de la capital europea cuando Donald Trump llega a la embajada de Estados Unidos, desde donde agradece en un tuit a Bélgica esta "calurosa acogida".

El despertar, el jueves por la mañana, lo marcan cinco activistas de la oenegé Greenpeace subidos a una grúa cerca de la embajada, desplegando una pancarta con el lema "Resist".

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El presidente estadounidense, por su parte, se prepara para reunirse con los dos principales líderes de las instituciones de la Unión Europea, el mandatario del Consejo, Donald Tusk, y del ejecutivo comunitario, Jean-Claude Juncker.

"¡El papa era sensacional!", les dice a su llegada, sobre su estancia de pocas horas la víspera en el Vaticano con Francisco.

El encuentro con ambos es bastante frío, con asuntos espinosos: comercio internacional, clima y sobre todo Rusia. "Algunos asuntos permanecen abiertos", resume Tusk tras la reunión.

World Trade Center

Donald Trump se muestra más caluroso al recibir en la embajada a su homólogo francés Emmanuel Macron, llegado en un Mercedes negro para almorzar. Melania Trump está allí, no así Brigitte Macron.

El inquilino de la Casa Blanca felicita a su huésped, más de 30 años menor, por su "increíble campaña" y su "formidable victoria", antes de un vigoroso apretón de manos.

Durante el almuerzo de tomate y mozzarella, ternera y mousse de chocolate belga, Trump le confiesa que él era su candidato.

"Tuve frente a mí un interlocutor eficaz y pragmático", "muy abierto", dirá a continuación el francés.

Terminado el postre, llega la hora de ir a la OTAN... y de su discurso, su única intervención pública durante su estancia, frente a sus 27 socios de la Alianza Atlántica.

Sus primeras palabras son para pedir "un momento de silencio" por las víctimas del atentado de Mánchester, que dejó 22 muertos el lunes.

A continuación provocará sonrisas al evocar el precio del nuevo cuartel general de la OTAN (1.100 millones de euros): "Nunca pregunté cuánto ha costado", pero es "magnífico".

Antes de volverse más ofensivo, como estaba previsto, para reclamar a los aliados más dinero para sus presupuestos de defensa.

Aquí, a dos pasos de un fragmento del muro de Berlín y de los restos del World Trade Center, simbólicamente expuestos, ni una palabra de apoyo al famoso "Artículo 5" de la OTAN que prevé la defensa colectiva entre aliados en caso de ataque exterior.

El incansable Trump rechaza así despejar la incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos en la defensa de Europa.

Algunos empleados de la OTAN tienen la respiración entrecortada. Algunos periodistas están estupefactos.

El interesado abandona el estrado para la tradicional "foto de familia". Ahora, sonríe.


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